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"Al Parlamento Europeo se le van de las manos los temas de acoso sexual"

La denuncia que Ana (nombre ficiticio) presentó ante el Comité contra el Acoso del Parlamento Europeo tardó más de dos años en ser respondida. El organismo consideró que era imposible comprobar nada pero poco depués el alto funcionario acusado por ella fue invitado a prejubilarse.

La miembro del Parlamento Europeo Pina Picierno, del grupo Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, permanece sentada junto a un cartel con la etiqueta "#Me too" (en español: Yo también), durante un debate para discutir sobre medidas contra las agresiones sexuales y los abusos en la Unión Europea el 25 de octubre de 2017 / ()

La semana pasada el Parlamento Europeo debatía sobre la utilidad de su Comité contra el Acoso, una iniciativa que pretendía poner de manifiesto la cultura del silencio que para muchos rige en las instituciones europeas cuando se habla de este tema. Cuando Ana (nombre ficiticio) se enteró, sintió vergüenza por que hayan tardado tanto en reaccionar. Cuando ella denunció su caso, no obtuvo respuesta hasta que pasaron más de dos años. Decidió que era el momento de contarlo.

CRÓNICA SOBRE DENUNCIA ACOSO SEXUAL ANTE EL COMITÉ DEL PARLAMENTO EUROPEO

Con 25 años, Ana consiguió una beca para trabajar en la representación del Parlamento en un Estado miembro. El primer día se ofreció para echar una mano en un asunto puntual a un departamento que no era el suyo, porque conocía el tema, sin esperar la respuesta de su jefe: "Me echó una bronca impresionante delante de todo el mundo. Me dijo que sólo trabajaba para él. Por la tarde a solas en su despacho me pidió perdón y me dijo que tenía que dejarlo claro porque si no me iban a llenar de trabajo. Me recomendó no hablar mucho con mis compañeros porque era muy cotillas y no me iba a venir bien. Primer paso: alienación. Lo consiguió perfectamente, no hablaba con nadie y sólo con él".

Después llegaron las excusas para verse a solas en el despacho, los comentarios del tipo 'que guapa vienes' o las propuestas para ir al mismo hotel en viajes de trabajo. Ella siempre decía 'no' hasta que un día le pidió que volviera a la oficina porque había mucho trabajo. Él la estaba esperando en la puerta. "Me dijo que mejor nos íbamos a tomar algo a otro sitio, que ya no podía aguantar más arriba. Me invitó a subir a su coche y dar una vuelta. Sonaba todo normal, pero entonces dijo que conocía un sitio mucho mejor, pero más alejado. Cogió autopista y tiró", recuerda Ana. Terminaron cenando en un pueblo a 60 kilómetros de su ciudad.

"Durante esa cena, me puso la mano en la pierna y me besó. Eso es lo que denuncié como acoso. Luego amplié la denuncia a los comentarios, las insinuaciones, a lo de despachar a solas conmigo en el despacho a puerta cerrada… Me di cuenta que todo formaba parte de eso, un plan para tenerme con él para poder tocarme". En ese momento le pidió que parara, y le explicó que tenía novio.  Y hasta ahí. En el viaje de vuelta Ana no paró de llorar. No le volvió a ver.

Al día siguiente juntó todas sus vacaciones para no tener que pasar por la oficina. Fue al médico, lo contó y le dieron una baja por estrés. En una de las ocasiones en las que tenía que volver a consulta para renovarla, iba pensando en la posibilida de tener que reincorporarse, cruzó la calle sin mirar, y un coche la atropelló. Fueron meses de hospital y operaciones. "Casi pierdo la vida por eso. Esto es algo que no se dice a diario, este tema casi me quita la vida. También lo conté en mi alegato ante el Parlamento Europeo".

Ese alegato forma parte de la denuncia que interpuso frente al Comité de Acoso del Parlamento Europeo. Entre intercambio de correos, alguna llamada de teléfono, excusas por las dificultades para contactar con ella mientras está ingresada, va pasando el tiempo.  Según sus normas internas, el Comité debe escuchar a cualquier persona que se considere víctima de acoso en el plazo de 10 días laborales. En el caso de Ana, pasaron diez meses hasta que le prometieron una reunión, que finalmente fue cancelada con la excusa de que no había quorum. A ella ni siquiera le avisaron, se enteró cuando llamó tres días antes para preguntar por el lugar exacto donde debían verse.

Tras ese desplante, uno más, Ana decidió pedir ayuda al Defensor del Pueblo Europeo, que pone el caso en conocimiento del presidente del Parlamento.  Poco después, cambia el director del Comité contra el Acoso, y el nuevo equipo incluso le pide disculpas por el retraso. Se reactivó la investigación, se entrevistaron con ella y también con sus compañeros de oficina, que en su momento le habían dicho a Ana que su caso no era el único. "A mí en petit comité me lo contaron todo. A la hora de la verdad cuando vino el Comité contaron un tercio de lo que me contaban a mí. Me dijeron que por miedo. Él podía decidir cambiarles de oficina perfectamente", rememora.

Casi dos años y medio después de que empezara todo, en un informe muy duro, el Defensor del Pueblo Europeo concluye que el Comité no estuvo a la altura y que “la desidia mostrada constituye un caso de mala administración”.  Sin embrago, no puede ir más allá porque decidir si hubo realmente acoso es tarea precisamente de ese Comité, que en sus conclusiones afirma que no se puede confirmar nada, según entendió Ana, porque no había testigos presenciales.

Años después, insisite en que ella nunca pidió dinero, si pidió algo fue poder terminar su beca en otro destino y recibir una disculpa de quien era su responsable jerárquico directo. Este alto funcionario, que nunca se disculpó, tampoco recibió ninguna represalia ni castigo, pero poco después se le ofreció una prejubilación en condiciones muy favorables.

"Al Parlamento Europeo se le va de las manos este asunto, no sé si no tienen material o no tienen interés, pero se les va de las manos. Imagina la cantidad de oficinas que hay, la cantidad de pervertidos como éste que puede haber", reflexiona Ana.

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