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El calvario de recordar una violación

María es una chica de 24 años. Una joven responsable, estudiosa y con empleo. Una vida que parecería perfecta si no fuera porque hace dos años fue violada. Jamás pensó que le pasaría a ella

Una noche de fin de semana, María salió con sus amigas a tomar algo. En una discoteca del centro de Madrid conoció a un joven atractivo y muy agradable. En pocas horas le arruinó la existencia: le violó. “Reaccioné muy mal al principio, no quería salir de la cama, no salía a la calle sola bajo ningún concepto… y así estuve 3 ó 4 meses. Sientes que la gente te mira y, en cierto modo, te das como asco a ti misma”, recuerda.

Estuve mucho tiempo sin poder dar un abrazo a mi padre

Estaba tan mal que incluso rechazaba a sus padres: “Estuve mucho tiempo sin poder dar un abrazo a mi padre, incluso a mi madre. Al principio tenía una sensación de agobio ante cualquier muestra de cariño que me hacía mal”.

María relata lo que cuentan muchas víctimas. Se sintió culpable: “Si en lugar de haber salido con esta persona, hubiese estado con mis amigas y no le habría dirigido la palabra a esta persona… piensas ¿esto pasó por que yo di pie a ello? Al final el mensaje que más me ha convencido para no estar siempre culpándome es que, en el momento en el que esa persona dice no, es algo que se debe respetar”.

La joven denunció los hechos ante la Policía y esa misma noche su violador fue detenido. También acudió a los servicios sanitarios que emitieron el parte médico, que registró además los hematomas y arañazos en su cuerpo. En ese momento su estado de shock era tan grande que la ayuda de su amiga fue crucial, como lo fue la atención especializada que recibió de Sonia Lamas, la psicóloga del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales: “Es una liberación tan grande el poder contarle a alguien que, aunque no haya pasado por lo mismo, sepa de lo que estás hablando por la cantidad de casos que ha visto y te entiende. Es lo mejor que pude haber hecho porque eso me ayudó a continuar luego con mi ritmo de vida”, explica.

Tengo miedo a que me pueda volver a pasar lo mismo, a encontrarme a esta persona, a que pueda tener alguna repercusión social, a que se entere la gente… te dan miedo muchas cosas

María sigue teniendo pesadillas y recaídas que trata de superar con el antidepresivo que siempre lleva en el bolso y llorando a escondidas. Lamenta el calvario que supone el proceso judicial. Repetir varias veces su declaración y, sobre todo, ver como algunos jueces no la creyeron. Hace un par de meses se celebró en la Audiencia el juicio. El hombre acaba de ser condenado a seis años de cárcel aunque todavía no ha ingresado en prisión y a María nadie le quita el miedo: Tengo miedo a que me pueda volver a pasar lo mismo, a encontrarme a esta persona, a que pueda tener alguna repercusión social, a que se entere la gente… te dan miedo muchas cosas”.

La lucha de María ahora se centra en rebelarse ante una educación machista en pleno siglo XXI: “En la sociedad de hoy en día lo me parece muy injusto es que se siga viendo normal que se enseñe a una chica que no se puede poner una minifalda porque puede sufrir una agresión sexual y no se enseñe a un chico que un no es un no. Que hay que respetar a las personas y que, por muchas ganas que tu tengas y muy fuerte que tú seas, en el momento en el que alguien no está de acuerdo no se hace”. Pese a los bajones, María muestra una gran fortaleza mental y recomienda a todas las víctimas denunciar a su depredador sexual.

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