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Un 'sin techo' en Cambridge

Geoff Edwards, de 52 años, ha pasado de vender periódicos y dormir a la intemperie a conseguir plaza en uno de los centros académicos más prestigiosos del mundo

Un sin techo en Cambridge /

Geoff Edwards conoce palmo a palmo las calles de Cambridge. En ellas ha pasado años durmiendo a la intemperie y vendiendo la revista 'Big Issue', el equivalente británico a 'La Farola'. Una vida dura la suya, minada por empleos temporales, el paro, la depresión y la falta de un techo. Una existencia que ahora ha dado un giro insospechado y feliz.

A los 52 años, Edwards ha logrado una plaza en uno de los centros académicos más prestigiosos del mundo, el Hughes Hall de Cambridge, donde ha comenzado la licenciatura de Literatura Inglesa. “No puedo decir que haya cumplido un sueño, porque jamás pensé tan siquiera en ir a la universidad”, ha declarado a los medios británicos que se han hecho eco de su historia.

Hijo de un empleado de correos y de una oficinista, en el barrio de Liverpool donde vivía en los años 70 “nadie iba a la universidad. Ni me lo plantee”. En la casa familiar siempre había libros y aunque dejó la escuela sin prácticamente calificaciones, nunca perdió la afición a lectura.

Edwards se fue ganando la vida trabajando como temporero cuando podía, en granjas en Inglaterra y Escocia. Dormía en tiendas de campaña o a la intemperie, pero siempre con un libro a mano. Cuando llegó a Cambridge los sacaba de las bibliotecas y de las tiendas de caridad. Ya estuviera en algún sitio con ocupas o en la acera, siempre lo hacía en compañía de John Steinbeck, Jack Kerouac o William Burroughs.

La venta del 'Big Issue' le produjo unos ingresos fijos. También logró un alojamiento, pero aislado y deprimido, “me di cuenta que debía cambiar y fui a un centro local para ver si podía reanudar mi educación”. Después de completar un curso de tres años de acceso a la universidad, su tutor le recomendó que intentará una plaza en el Hughes Hall, uno de los centros que admite alumnos adultos.

Las clases ya han comenzado con 40 horas a la semana de lectura y trabajos escritos a la semana. Edwards “aun se está haciendo a la idea”. Reconoce que es “duro”, pero por primera vez, “se siente orgulloso” de haber alcanzado lo que con toda razón considera “un privilegio”.

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