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Madrid, protagonista entre miles de libros que despiertan entusiasmo popular

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es el mayor evento cultural en español del mundo y se celebra del 25 de noviembre al 3 de diciembre. Madrid es la invitada de honor de esta edición

El pabellón de Madrid, en la Feria del Libro de Guadalajara /

Los datos de los que presume la Feria del Libro de Guadalajara son ciertamente mareantes. Por ejemplo, que con una entrada que alcanza el euro (los 20 pesos) atrae a más de 800.000 visitantes, de los que casi una quinta parte son estudiantes. Y lo bueno es que muchos de esos visitantes compran libros que se llevan a sus casas. De los stands del recinto ferial a sus estanterías o mesas de sus hogares, oficinas o bibliotecas.

Sucede esto en Guadalajara, México, país que, como nos dijo la directora de la FIL, Marisol Schulz, tiene menos librerías que las que hay en la ciudad de Barcelona. Impresiona escuchárselo, porque además, lo repite como si fuera imposible de creer.

Guadalajara atrae estos días a 20.000 profesionales de 41 países que no sólo hablan y leen en español. Hay en esta edición, la número 31, editores que vienen en gran número, por ejemplo, de lugares como Taiwan, que en estas latitudes podrían (y sólo podrían a primera vista) parecer exóticos. Hay editoriales de India. Y autores de Irán. Y representantes de muchos países europeos. Llegan bibliotecarios de unos Estados Unidos donde, a pesar de la amenaza del muro de Trump, hay interés y necesidad por libros escritos en español. La cita anual aquí es imposible de evitar si se quiere estar en el negocio.

Las editoriales que tienen presencia llegan a las 2.000. Entre todas ellas, se exponen 400.000 títulos. De temas diferentes. De estilos hasta opuestos. Con texturas variadas y pesos incomparables. De precios que muchas veces nada tienen que ver con la calidad ofrecida en sus páginas. Es muy posible que verlos todos juntos sea una experiencia única, salvo que se pueda tener acceso a los almacenes robotizados de, por ejemplo, la Biblioteca Nacional.

Los murales pintados por el colectivo artístico español 'Boa Mistura' en una plaza de Guadalajara / .

Tan sólo dos días antes de la apertura de la feria, un interminable hormigueo de carretillas elevadoras transportaban palets repletos con cajas de libros con algunos de esos 400.000 títulos. El número de ejemplares físicos es imposible de calcular.

Como en cualquier otra feria que se precie, se celebran conferencias, debates y encuentros profesionales que se dedican a la compra-venta de derechos de autor que, de manera muy especial y concentrada, ocupan sobre todo tres de los 9 días para esta ardua labor. Hasta algunos editores y agentes acechan para firmar suculentos contratos con futuros premios literarios.

No hay cifras de negocio. Y no parecen los responsables de la FIL muy preocupados por obtenerlos. Como dice Marisol Schulz, el negocio comienza aquí, pero nunca se sabe cuándo va a acabar. Las negociaciones pueden comenzar en el salón de derechos, pero la compra efectiva de catálogos puede cerrarse meses después. "Somos el punto de encuentro", afirma convencida y serena, porque a pesar de que sea diplomática no hay otro mercado como este en toda Latinoamérica.

Sin embargo, lo que diferencia la FIL de cualquier otra feria no es ya sólo el acceso del público general, el acceso al público que tiene posibilidades de rascarse el bolsillo para hacerse con un libro. Como dice su directora, "la presencia de Madrid como ciudad invitada le imprime un sello muy particular a toda el área metropolitana de la segunda ciudad de México porque Guadalajara está esperando la feria todo el año. La ciudadanía la vive de una manera muy sentida e intensa e incluso se interesa por la siguiente edición porque la gente espera la presencia cultural. En este caso, de Madrid".

Madrid, ciudad invitada

Es extraordinario que una ciudad sea invitada a la Feria del Libro de Guadalajara. Madrid lo sabe. Tan sólo antes viajó Los Ángeles. Y por ello ha decidido volcarse no sólo en lo que es estrictamente la celebración profesional.

Su pabellón ha despertado mucho más que interés, a juzgar por los comentarios de quienes durante años han organizado la feria. Un gran cilindro negro construye un ágora interior, una plaza pública en la que 120 personas sentadas y un centenar de pie en la planta superior podrán seguir los debates y las conferencias que allí sucedan. Además, acoge una biblioteca con los libros que el ayuntamiento de Madrid ha seleccionado y que son una muestra de lo que se edita en la capital.

A falta de algunos retoques, Paco de Blas (responsable de la programación), Belén Llera (directora general de Archivos, Bibliotecas y Museos del Ayuntamiento) y Luis Cueto (coordinador general de la Alcaldía) se mostraban satisfechos con la impresionante estructura con la que se topa cualquier visitante nada más entrar en el recinto.

Para abrir boca, y Joaquín Sabina mediante, 'Pongamos que hablo de Madrid' es la muestra que ofrece una selección de fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Esa exposición gira entorno a los Esquizos (movimiento de la figuración madrileña de los años 70) y a la Movida.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en la exposición 'Pongamos que hablo de Madrid' en Guadalajara / Ulises Ruiz Basurto (EFE)

Empieza así la capital con una metáfora del cambio que llega hasta el movimiento M y que, junto a las obras de teatro, las conferencias, los conciertos y el propio programa profesional se acoge al lema Ganarás la Luz.

Proclaman los organizadores de la feria que el pabellón del ayuntamiento que Madrid es "rompeolas de ideas y tendencias y centro de experimentación para el lenguaje". Y son más ambiciosos. Añaden que la capital "se consolida como luz de vanguardias".

En ese "terreno de juego" que delimitan, la indignación toma cuerpo porque "volvió a provocar una notable reacción literaria, igualmente compleja y en la que, otra vez, el sentido de la ficción se encontró en la luz que proyecta sobre la realidad".

No cabe duda de que habrá un Madrid oficial y oficialista pero que también la "insurgencia" tendrá protagonismo (en este caso con "la literatura LGTBI, la inmigración" y la considerada como nueva política, nacida de la indignación).

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