La orgía de León Benavente

El grupo cierra por todo alto su gira en La Riviera de Madrid

La orgía de León Benavente /

De vez en cuando, en un concierto, se produce algo único que tiene mucho de orgía sin necesidad de sexo de por medio: se convierte en un festín en el que público satisface todos sus instintos a través de las canciones. El concierto de ayer de León Benavente en sala La Riviera de Madrid, con el que cierran una gira de 150 conciertos, tuvo mucho de esto, de orgía musical, de Celebración, de bacanal, de fin de fiesta redondo.

Para que esto suceda, hacen falta dos aspectos imprescindibles que anoche también se dieron: un grupo ardiente sobre el escenario más un recinto eufórico, entregado, apasionado, volcado en lo que acontece.

El inconfundible sintetizador de Tipo D y Abraham Boba golpeando con sadismo la baqueta contra el cencerro, bastaron para iniciar el ritual con 1.800 personas en busca del orgasmo musical.

El público entró hasta el fondo de las canciones -sonaron todos sus hits-, las desnudaron y recitaron a lo Talking World War III Blues de Dylan, a lo Lou Reed, a lo Abraham Boba.

Las gritaron como si sintieran una necesidad imperiosa de ser sucios, de Ser Brigada. Había ganas de decirse unos a otros que llevamos toda La vida errando, que ya está bien del Todos contra todos, mejor una Revolución con La palabra, a un asfixiante Estado Provisional. Todo desde California a La Ribera, las junglas donde habitan las historias de estos leones. Las de los personajes de doble rostro aptos para varias generaciones: a un lado la ficción más oscura, al otro la realidad más cruda.

El sonido de la banda estuvo a la altura de su gente. Abraham Boba, con el micro o el teclado, Eduardo Baos y su bajo, Luis Rodríguez con su guitarra y César Verdú a la batería. Se nota que controlan individualmente de programación y producción, además de la experiencia sobre el escenario como banda de Nacho Vegas.

El grupo no estuvo solo sobre el escenario. Les acompañó Amaral (en Estado Provisional), Ángel Stanich (Maestros Antiguos) o Cristina Martínez -El Columpio Asesino- en el cierre con su apoteósico Ser Brigada. También subió Antonio Arias de Lagartija Nick para interpretar Nuevo Harlem, tema con el que la banda quiso homenajear su influencia.

La orgía de los leones se hizo algo corta, aún no había salido el sol cuando el grupo dio por concluida la fiesta con tragos a sus dos largos, ("León Benavente", "2") y sus dos cortos ("En la Selva" y "Todos contra Todos").

Cuando apagaron las luces y los sintetizadores, el público se fue directo a bailar a la Habitación 615 de su canción. Allí la rutina se transforma en una placentera intensidad musical que siempre es la Gloria.

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