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Edimburgo, entre las torres y los páramos de “Lucia di Lammermoor”

La capital de Escocia es el punto de partida perfecto para sumergirse en los mágicos paisajes en los que se ambienta la ópera de Donizetti

Edimburgo, como tal, no es uno de los escenarios en los que se desarrolla Lucia di Lammermoor; como el título de la obra sugiere, la acción transcurre en los páramos y las colinas de la región de Lammermuir, al sureste de la capital escocesa. Pero la presencia de la “Atenas del Norte” se deja sentir con fuerza en la obra: sin ir más lejos, el rico pretendiente de Lucia viene de la “città regina di Scozia” para casarse con la joven (y morir apuñalado en la noche de su boda, aunque esto él no lo sabe).

La ópera de Donizetti se basa en la obra de Sir Walter Scott “The Bride of Lammermoor”, y el libretto absorbe todo el espíritu del Romanticismo con el que el escritor escocés coloreó su novela: torres en ruinas, tormentas terroríficas sobre páramos ventosos, figuras recortadas sobre colinas escarpadas, un toque sobrenatural… El que quiera vivir una “experiencia Lammermoor” que reúna todos estos ingredientes hará bien en fijarse en Edimburgo como base de operaciones, porque en la propia ciudad y en sus alrededores tiene todo lo que necesita.

Guía edimburguesa para espíritus atormentados

Las colinas de la ciudad

Arthur's Seat / Getty

Edimburgo cuenta con varios cerros escarpados desde los que contemplar vistas magníficas mientras nuestra silueta se proyecta contra la melancólica luna. El pico más popular es Arthur’s Seat, al borde de Edimburgo y desde el que se tiene una panorámica de toda la ciudad, el estuario de Forth y -en los días buenos- una buena perspectiva de todos los alrededores. Ojo, que la subida es dura.

Para los que tengan menos fuelle también está la bonita Calton Hill, una colina más pequeña que hay enfrente. Desde ella se aprecian buenas vistas de la ciudad, y allí encontramos varios monumentos célebres, como el que homenajea a los soldados muertos en las guerras napoleónicas y que remeda al Partenón; alberga también el cementerio en el que están enterradas algunas de las personalidades más destacadas de la historia de Escocia (como el filósofo David Hume), y cuenta hasta con un observatorio astronómico.

Calton Hill / Getty

La puerta a las Highlands

Cerca de Edimburgo podemos visitar Stirling, una ciudad milenaria considerada el nexo de unión entre las undulantes colinas de las Lowlands, la porción sureste de Escocia, y las más escarpadas Highlands, la parte noroeste. Es una urbe pequeña, de casas de piedra, presidida por un castillo. Entre los múltiples episodios históricos que se han desarrollado en ella destaca la batalla en la que el líder escocés William Wallace derrotó al ejército inglés en 1297; en su honor, se alzó en el siglo XIX una torre en la cercana colina de Abbey Craig. Los alrededores de Stirling son muy gratos para el paseo, con bosques y praderas ricos en fauna salvaje.

Monumento a William Wallace en Stirling / Getty

Los páramos

Para tener una idea de cómo es el paisaje de Lammermoor sin necesidad de adentrarse en una zona tan lejana y despoblada, el visitante de Edimburgo puede acercarse a las Pentland Hills, a las que se puede acceder incluso en transporte público; una excursión perfecta para ir y volver en el día. Es un parque natural de tipo de prado de alta montaña, con vegetación baja y poco escarpado, lo que lo hace perfecto para el ganado, así que es habitual encontrar ovejas paciendo en una estampa similar a la que contemplaría desde su torre Lucia (no olvidemos que Lammermoor viene etimológicamente de lamb, cordero).

Pentland Hills, con Edimburgo al fondo / Getty

La torre en ruinas

Para acabar el recorrido del viajero con espíritu del Romanticismo, un castillo semiderruido sobre un acantilado batido por las olas del mar del Norte es exactamente lo que buscamos. Tantallon Castle es una fortaleza del siglo XIV cercana a North Berwick, al norte de Lammermuir. Sus muros sobrevivieron a multitud de asedios, a veces por conflictos territoriales, otras veces políticos, otras religiosos, e incluso familiares, hasta que las fuerzas de Oliver Cromwell lo dejaron en su estado de ruina actual a mediados del siglo XVII.

Tantallon Castle / Getty

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