Vivir bajo cero (y sobre nieve)

El temporal de frío y nieve que afecta a la Península complica la viva de los vecinos de muchas localidades, especialmente de aquellas más pequeñas: es el caso de Tresviso, donde el 112 ha tenido que llevar alimentos al quedar aislado por completo

Un vecino del pueblo de Felechosa, perteneciente al Concejo de Aller, retirando nieve de un vehículo. / ()

En Molina de Aragón, cerca de las 11.00 horas del viernes la tempetura todavía sigue bajo cero. "Ahora mismo estamos a -5º. No hay mucha nieve, lo que hace es un frío tremendo. Ahora mismo si salgo a la calle y te saco unas imágenes hace un día tremendo, pero hace un frío que pela", apuntan desde el ayuntamiento a esta emisora. Molina de Aragón es uno de los puntos recurrentes cuando hablamos de frío en España, pero no es el único que se ha visto afectado por el temporal.

España bajo cero (y sobre nieve) / ATLAS

Una temperatura similar se registraba esta semana en Medina del Rioseco. El jueves pasado no pasaban del grado positivo a mediodía. "Tenemos la caldera encendida continuamente", dice una vecina de esta localidad vallisoletana. "Es que este frío te hace lifting", bromea otra. Aquí incluso se han visto estalactitas de hielo en los puentes.

Estalactitas en Medina de Rioseco. / ATLAS

Otra de las temperaturas más extremas de esta semana se ha dado en Das, localidad de 220 habitantes y situada a 1.219 metros de altura. Casi 23º bajo cero (-22.7º, para ser exactos) se han registrado en este pueblo de la provincia de Girona. Jaume, del ayuntamiento de la localidad, quita un poco de hierro al asunto. Dice que, pese al frío, lo más complicado parece haber pasado.

"Es habitual que en febrero haya semanas de frío intenso (...) A excepción del lunes, que con el tema de las nevadas era imposible moverse, el resto de días no te afecta. Más calefacción, más leña para la chimenea y en lugar de dos capas de ropas llevas tres. Al final la gente está acostumbrada al frío. Aquí con un buen plumón se nota el frío pero no se pega al cuerpo", apunta.

Jaume cuenta a la Cadena SER que la situación más crítica se vivió en este pequeño pueblo gerundense el pasado lunes, donde tras 24 horas de nevadas el pueblo quedó totalmente cubierto de blanco. "El lunes nevó mucho y durante mucho rato. Para que te hagas una idea, la brigada estuvo 24 horas ininterrumpidas pasando la quitanieves. Tuvimos casi 80 centímetros de nieve". Una nieve que como ocurre en Molina de Aragón poco a poco comienza a desaparecer, para suerte de los vecinos de estas zonas, especialmente para los ganaderos.

"Aquí hay mucho ganado, pero los ganaderos de aquí están preparados. En estas épocas tienen el ganado cubierto. Les da más trabajo, hay que vigilarlo más, pero ya saben lo que hay. Lo peor para ellos es la nieve y frío pero lo van llevando", desvela Jaume, a la vez que celebra que poco a poco el pueblo de Das vuelva a la normalidad. Las calles no están al 100% de condiciones, pero si al 80% o 90%. Los peor son plazas y parques. Hay que esperar a que se funda un poco la nieve para poder limpiarlos, sino hay riesgo de llevarte bancos, papeleras...", sentencia.

Aislados a 850 metros de altitud

Otros pueblos, como Tresviso, han tenido peor suerte. Suelen tenerla casi todos los años. El silencio en este pueblo de Cantabria es casi sepulcral. Un silencio que impone sobremanera, a 848 metros de altitud, en un municipio abrazado por los Picos de Europa y que camina hacia la semana de aislamiento. La única carretera de acceso se intuye con dificultad. El responsable no es otro que el metro y medio de nieve que sepulta el asfalto. Limpiar el blanco de la calzada es una tarea minuciosa y, hoy por hoy, al menos a corto plazo, se antoja imposible. La única vía de acceso está rodeada de una ladera vertical que, si pierde el punto de apoyo por la ausencia de nieve en la carretera, podría generar avalanchas que complicaría sobremanera la situación.

Por lo tanto, y hasta que las condiciones amainen y la nieve se endurezca, a los veinte habitantes de Tresviso no les queda otra que fabricar grandes dosis de paciencia. Y es que la vida allí es un poco más difícil desde el pasado martes. Vecinos que caminan hacia la semana de aislamiento, únicamente salen de casa para lo justo: limpiar los tejados de las casas, dar de comer al ganado, recoger leña para las chimeneas, revisar las calderas, fumar un cigarrillo... y poco más.

El quitanieves municipal, que suele limpiar las pocas calles de Tresviso a primera hora de la mañana, se estropeó a tres kilómetros de la localidad lebaniega. Faltaba un recambio y la única manera de conseguirlo es atravesar, durante medio día y a lo largo de tres kilómetros hasta el Valle de Urdía. Porque circular con otro aparato que no sea un quitanieves se antoja una utopía allí arriba.

La llegada del helicóptero del gobierno de Cantabria a Tresviso / CADENA SER

Lo mejor de todo es que la situación no es crítica, ni mucho menos. Siete días incomunicados son una anécdota comparado con el largo mes que en 2015 mantuvo aislado a Tresviso. "Estamos muy acostumbrados y aguantamos bien la situación". Lo dice Javier Campo, alcalde de Tresviso, que atiende a la SER desde la cuadra donde da de comer a sus vacas. "Aquí los que peor lo pasan son los animales. A veces tienen que soportar un frio atroz a la intemperie y deben alimentarse mucho y muy bien", relata.

Y es que bajo esa consigna para el ganado acudió este jueves el helicóptero del 112, que actúa en estos casos como una especie de 'supermercado a domicilio'. Los equipos de rescate suministraron desde el aire, sin aterrizar, cientos de kilos de maíz para las gallinas, de pienso para las vacas o de comida para perros y gatos. "Nosotros, los vecinos, ya estamos acostumbrados. Tenemos provisiones desde hace mucho tiempo y al helicóptero solo pedimos artículos perecederos, como fruta, verduras, legumbres... también algún artículo de higiene personal", detalla el edil.

Y la cosa va para largo. La carretera, intransitable, aún debe esperar para que sea limpiada. Y mientas, la gente de Tresviso aguarda con frío, paciencia y una sonrisa. "Lo de todos los años, no os preocupéis, estamos bien", tranquiliza su alcalde.

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