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El asesinato de Lorca, revisado

Casi medio siglo después de su primera publicación en Paris, Ian Gibson vuelve a editar su trabajo de investigación sobre la muerte del poeta en el que ofrece nuevas pistas que le permiten asegurar que el general Queipo de Llano fue quien ordenó su ejecución

Cuando Lorca entra en la vida de alguien, se aferra de tal manera que ya es imposible esquivar su memoria. Su presencia es sentida por jóvenes y mayores, poetas y dramaturgos, militantes de la memoria, políticos y ¡cómo no! hasta por historiadores.

Ian Gibson bien que lo sabe. Y aunque siempre diga que pone punto final al "asunto" con cada artículo, entrevista o libro publicado o revisado, su interés no se desvanece porque, como dice Vizconde de Valmont de "Las amistades peligrosas", no lo puede evitar.

Lo vuelve a afirmar una y otra vez, como si quisiera que el exorcismo de la palabra le permitiera avanzar en otras direcciones. "Tengo que escribir obra nueva" añade como si tratara de convencerse de la necesidad de alejarse de la figura y la historia del poeta. Claro que aunque le cueste reconocerlo, su proclama esta dicha con la boca pequeña, como si ya supiera que va a traicionarse acto seguido al desmentirse sin solución de continuidad. "No voy a volver a escribir sobre Lorca. Bueno, lo digo cada vez que termino algo sobre él, pero, claro, esto lo tengo dentro y hasta la tumba estaré con Lorca", afirma. Sus palabras son la "prueba del nueve" de una realidad que no está basada en una simple teoría esotérica.

Porque como dice el historiador dublinés, Lorca es una figura de fama cósmica. Y el cosmos, ya sabemos, tiene unas leyes que solemos desconocer.

Hace 47 años, cuando la dictadura comenzaba a mostrar los corrosivos síntomas de su propia aluminosis y Franco ya no podía ocultar el párkinson galopante que sufría mientras su mano no temblaba al firmar órdenes para reprimir protestas y huelgas, Ian Gibson publicaba en Paris "La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca". No hace falta ser un experto para darse cuenta de que la obra no iba a tener espacio prominente en las estanterías de las librerías de una España en la que se vendían libros prohibidos hasta el las reboticas de algunas ciudades. De hecho, su importación fue prohibida de manera fulminante aunque conviene decir que la maldición del estraperlo siempre burló al "Régimen".

Tuvieron que estar los restos de Franco bajo techo sagrado y una losa que parece imposible levantar para que se publicara en esa España que vivía bajo los efectos de las primeras elecciones democráticas en décadas. Corría el año 1979 y ya habían transcurrido 4 desde que fueran tomadas  las fotos del guiñapo de Franco en una imporvisada mesa de operaciones. 

"El asesinato de Lorca" volvió a ver la luz en 2005, y ahora,, tras ver la luz algunos documentos (como los que la Cadena SER ofrecía tras años de ocultación en los archivos del ministerio del Interior) y tras las búsquedas inútiles (de momento) de los restos del poeta por el barrancio de Víznar, Gibson siente la obligación ética de volver sobre sus pasos, "peinar" su trabajo y aportar nuevas claves que dejen claro, de una vez por todas, las circunstancias de la muerte de Lorca.

"Es una revisión total. He tenido que leer incluso lo mío. Y me alegro de haberlo terminado", dice con voz segura quien también convierte el libro en algo más que un alegato contra el olvido al que se quiere condenar a las más de 100.000 personas que aún siguen enterradas en las cunetas y que demuestran que el manto de la vergüenza cubre a las instituciones que se niegan a recordar, reparar y recordar lo que se llegó a sufrir. Y lo que aún continúa doliendo. "Lorca simboliza todo esto, el horror de la represión franquista y simboliza la tragedia de un país que tenía todo a su favor y lo perdió con una guerra fratricida. Eso y más cosas".

La revisión que ahora ofrece de la mano de Ediciones B añade fundamentos que le permiten constatar que el asesinato de Lorca sucedió un 18 de agosto, tras pasar todo el día anterior en el Gobierno Civil de Granada y tras "una consulta con el General Queipo de LLano, que fue el jefe de la sublevación en Andalucía. Lo que decidía, se hacía. Yo creo que le consultaron desde Granada y que el dio su beneplácito".

Junto a las fotos, la obra reúne una serie de apéndices así como un extenso índice onomástico y de publicaciones que añaden valiosa información de las circunstancias del asesinato de Lorca, objeto de investigación del periodista Eduardo Molina Fajardo a quien Gibson reconoce como providencial por un trabajo que puso sobre la mesa detalles que, de otra forma, se hubieran perdido para siempre.

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Cadena SER

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