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El Gobierno dice que el lazo amarillo es "ofensivo" y el caso Cifuentes, "universitario y no político"

Sin Rajoy ni la vicepresidenta en la sesión de control, el Gobierno descarga en la universidad la responsabilidad sobre el polémico master y se enzarza con los independentistas tras la decisión de la justicia alemana de no extraditar a Puigdemont por el delito de rebelión

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno en el Senado / ()

Aunque tanto Mariano Rajoy como la vicepresidenta han hecho "novillos" en el Congreso (ambos con justificante probado, el presidente por su viaje oficial a Argentina y Sáenz de Santamaría por la reunión de subsecretarios en Moncloa), la sesión de control no se ha librado de la sombra alargada de la polémica universitaria sobre el cuestionado máster universitario de la presidenta madrileña, omnipresente tanto en el hemiciclo como en pasillos de la Cámara Baja.

Desde el escaño, el Gobierno ha proclamado sin rubor que el caso Cifuentes no es un asunto político sino universitario. Lo ha dicho el ministro de Educación que ha acusado a la socialista Meritxell Batet de utilizar su turno de pregunta para realizar un ataque político a Cristina Cifuentes. "Usted ha hecho una intervención política para atacar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, nada más", ha dicho Méndez de Vigo ante los murmullos de la bancada socialista. "Sí, sí, claro que lo ha hecho, y oiga tiene usted legitimidad para hacerlo pero no me cuente usted que éste es un tema político y no universitario. Es un tema fundamentalmente universitario y lo que ha hecho el ministerio ha sido dejarlo allí donde debe de hacerlo, que es en la Universidad".

Respondía así el ministro y portavoz del Gobierno a los reproches del PSOE que le pedía actuaciones para defender el prestigio de las universidades públicas en España, gravemente lesionado por este escándalo. "El problema es que cuando la señora Cifuentes se queda un mérito inmerecido se lo está quitando a la Universidad, señor ministro. Por eso lo que esperamos del ministro de Universidades es que haga prevalecer y luche para que no se pierda el prestigio, el respeto y la confianza en nuestro sistema público universitario", ha espetado la socialista Meritxell Batet. Una exigencia en vano porque Méndez de Vigo en su réplica ha vuelto a aludir al principio de autonomía universitaria para dejar en manos de la universidad la resolución de este asunto, apoyando de paso la investigación externa a la Universidad Rey Juan Carlos encargada a la Conferencia de Rectores (CRUE).

Mientras esto ocurría dentro, en los pasillos los diputados del PP se convertían en objetivo preferente de cámaras y micrófonos para preguntar por Cifuentes y su futuro político. Este miércoles sólo Rafael Hernando ha expresado explícitamente su apoyo a la presidenta de la Comunidad de Madrid "la sigo apoyando como la apoyaba ayer", mientras el resto ha preferido refugiarse en un cauto "esperemos a la investigación de la Universidad". El coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo, si desmentía tajantemente que el partido esté buscando candidatos alternativos para relevar a Cifuentes, tal y como apuntó ayer Albert Rivera, mientras desde el PSOE tanto José Luis Ábalos como Margarita Robles apuntaban que las últimas guindas en el pastel Cifuentes sólo pueden conducir a una moción de censura con Ángel Gabilondo de presidente, y para la que piden el apoyo de Ciudadanos si quiere demostrar de verdad que está "por la regeneración democrática".

"Ese lazo amarillo que lleva usted es ofensivo"

El caso Cifuentes ha competido con Cataluña en la sesión de control con un agrio cara a cara entre el diputado del Pdcat, Carles Campuzano y el ministro Rafael Catalá, al hilo de la decisión de la justicia alemana de no atender la petición de entrega a España de Puigdemont por el delito de rebelión. Un lazo amarillo - el que exhibía el parlamentario catalán en la solapa- se convertía en inesperado protagonista del cara a cara, cuando el ministro de Justicia ha calificado ese símbolo de "ofensivo" porque en España no hay presos políticos sino políticos presos. "Usted sin embargo es muy afortunado porque puede venir aquí con ese lazo mientras en Cataluña hay gente que no puede hablar ni pasear, porque se les amenaza. Sí se les amenaza y se escracha a la gente, con pintadas en sus casas, y eso a ustedes no les importa nada, eso es lo que están consiguiendo ustedes, un clima de confrontación y amenazas, están haciendo un gravísimo daño a la democracia", ha señalado Catalá elevando el tono ante los reproches de los escaños independentistas y el aplauso de los populares.

Previamente el diputado del Pdcat le había reprochado el "tremendo varapalo de Alemania". "Europa les está diciendo que no hay violencia, que no hay rebelión, está desmontando su falaz relato de violencia en Cataluña", decía Campuzano que acusaba al Gobierno de poner en marcha una peligrosa e irresponsable estrategia vinculando independentismo y terrorismo y le emplazaba a liberar a los presos, rectificar e iniciar un diálogo político empezando por la restauración de los derechos de Jordi Sánchez para que éste viernes pueda ser investido presidente de la Comunidad.

El episodio del "lazo amarillo" se prolongaba después en pasillos con Rafael Hernando diciendo que para algunos el amarillo es un color gafe mientras Jordi Xuclá, del PdCat, recordaba que Catalá es el ministro que canta sin rubor "soy el novio de la muerte" a la vez que le incomoda la vestimenta de adversarios políticos.

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