La razón por la que las cejas han sido fundamentales para la evolución humana

Los científicos descartan dos teorías comúnmente presentadas para explicar estas protuberancias

El estudio muestra la importancia de las cejas entre nuestros antepasados. /

¿Para qué sirven las cejas? Entre otras cosas para proteger al ojo del sudor que fluye por el rostro, de la fuerte irradiación solar o incluso de agresiones exteriores como el polvo y la arena. A pesar de que parezca que las cejas han jugado un papel secundario e incluso terciario a la hora de garantizar la evolución humana, estaparte con pelos en el rostro ha podido ser mucho más importante de lo que creemos.

Un estudio de la Universidad de York (Estados Unidos), publicado en la revista de divulgación científica Nature Ecology & Evolution determina que las cejas jugaron un papel fundamental para garantizar la evolución del ser humano tal y como lo conocemos.

El papel fundamental de las cejas en la evolución humana

Según explica el profesor de anatomía en la Universidad de York, Paul O'Higgins, las cejas altamente móviles, que han sido utilizadas para expresar una amplia gama de emociones a lo largo de la historia, han sido clave para garantizar la cooperación entre humanos: "Mostrar sentimientos más matizados, como el reconocimiento y la simpatía, permite una mayor cooperación entre las personas".

"La presentación sexualmente dimórfica y la señalización social es una explicación convincente para las cejas prominentes de nuestros antepasados. Su conversión a una frente más vertical en los humanos modernos permitió mostrar emociones más amistosas que ayudaron a formar vínculos sociales entre individuos", explica O'Higgins.

Gracias a ello, este tipo de cejas se impuso a las "crestas de cejas gigantescas" de los antepasados más recientes del Homo Sapiens. Para llegar a esta conclusión, los expertos analizaron un cráneo fosilizados conocido como Kabwe 1 a través de un software de ingeniería 3D.

Los expertos descartan las teorías más comunes para explicar las protuberancias de las cejas

A lo largo de este estudio, los científicos también descartan dos teorías comúnmente presentadas para explicar estas protuberancias: que eran necesarias para llenar el espacio donde se encontraban las cajas de cerebro plano y las cuentas de los ojos de nuestros antepasados y que la cresta actuaba para estabilizar sus cráneos a la hora de masticar.

Así lo explica el investigador Ricardo Godinho: "Descubrimos que la frente gruesa no ofrecía ninguna ventaja espacial y que podría reducirse en gran medida sin causar un problema. Luego simulamos las fuerzas de morder y vimos que se aplicaba muy poca tensión en la cresta de la frente. Cuando quitamos la cresta, no hubo efecto en el resto de la cara al morder".

Por esa misma razón, los investigadores se decantaron por el carácter social de las cejas, capaces de expresar emociones complejas y percibir las emociones de los demás: "Un rápido movimiento de cejas es un signo transcultural de reconocimiento y apertura a la interacción social y alzar las cejas es una expresión de simpatía".

Desde la fiabilidad hasta el engaño

La coautora del estudio Penny Spikins explica que un levantamiento de cejas es signo de reconocimiento y apertura a la interacción social, mientras que alzar las cejas a la mitad es una expresión de simpatía. Por otro lado, determina que los pequeños movimientos de las cejas son un componente clave para identificar factores como la fiabilidad y el engaño.

De hecho explica que las personas que se aplican botox, lo que limita el movimiento de las cejas, son menos capaces de empatizar e identificarse con las emociones de terceras: "Las cejas son la parte que falta en el rompecabezas de cómo los humanos modernos lograron llevarse mucho mejor con otros que otros homínidos ahora extintos".

Por lo tanto, las cejas modernas se impusieron a las crestas de nuestros antepasados, cambiando los rostros de la sociedad moderna: "Esas frentes comunicativas comenzaron como un efecto secundario de que nuestras caras se redujeran gradualmente durante los últimos 100.000 años. Este proceso se ha vuelto particularmente rápido en los últimos 20.000 años y más recientemente, cuando pasamos de ser cazadores recolectores a ser agricultores, un estilo de vida que significaba menos variedad tanto en la dieta como en el esfuerzo físico".

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?