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La 'Little Spain' de Nueva York

La escritora María Dueñas publica ‘Las hijas del Capitán’, una historia sobre la emigración y las mujeres

La escritora María Dueñas, en Nueva York, donde ha presentado su nueva novela 'Las hijas del capitán'. / ()

Max Vázquez, hijo de gallego, explica con orgullo que nació en la calle 14, la que fue, en la década de los años 30, el epicentro de la zona española de Manhattan. Andrea Alonso es nieta de asturianos. Pide perdón por su español y evoca a su abuela, una mujer republicana de la que se siente profundamente orgullosa. Enriqueta Castillo conserva un sutil acento andaluz, aunque nació en Brooklyn. Su padre dejó Andalucía en los años 20. Su madre lo hizo en 1931, en un barco del que bajó "muy mareada", explica. Y añade: "Ella y todos los que se fueron se dejaron el corazón allí". Soñaban con volver. La Guerra Civil truncó muchos de esos planes de futuro, la aspiración de regresar algún día.

Ficha de uno de los españoles que cuelga de las paredes de 'La Nacional'. / EMMA VALLESPINÓS

Max, Andrea y Enriqueta acudieron ayer a La Nacional, en la neoyorkina calle 14, el centro cultural más antiguo de la ciudad -este año cumple 150 años- y que, durante el siglo pasado, ayudaba a los españoles recién llegados a encontrar alojamiento y trabajo, a tener servicio médico o a costear sus entierros. Era lo primero que hacía un español al llegar a Nueva York: ir a 'La Nacional'.

María Dueñas presentó su novela allí, rodeada de los descendientes de los españoles que recrea en ella. Las hijas del Capitán cuenta la historia de tres hermanas veinteañeras que, junto a su madre, dejan, muy a su pesar, su barrio de Málaga para establecerse en Nueva York y sacar adelante el negocio familiar, la casa de comidas El Capitán.

Fotografías de españoles en 'La Nacional'. / EMMA VALLESPINÓS

Tras publicar La templanza, su novela anterior, María Dueñas quería escribir sobre las mujeres emigrantes. "Empecé a plantearme como se movían las mujeres en esa esfera. Raramente emigraban por sí mismas. Lo hacían detrás de un hombre: de un padre, de un marido", explica horas antes sentada en una cafetería de hotel neoyorkino. "Quería ir detrás de eso y de sus emociones, de sus sentimientos".

En aquel entonces todavía le faltaba algo. "No sabía dónde las iba a mandar", asegura. Sopesó destinos. Pudo haber sido Australia o Europa. "Incluso pensé en dejarlas en España, que se trasladaran del medio rural a la gran ciudad". Pero entonces apareció Nueva York. Empezó a saber más de la emigración española allí y le pareció fascinante. "Ya está, me dije. Me las llevo a Nueva York", cuenta con una sonrisa.

Fachada de 'La Nacional', en la calle 14ª. / EMMA VALLESPINÓS

30.000 españoles en la Gran Manzana

Se calcula que en los años 30 residían en la ciudad estadounidense hasta 30.000 españoles. Además de en la calle 14, muchos otros se asentaron en Cherry Street, cerca de los muelles donde muchos trabajaban, y en Brooklyn.

Cuando el lector se sumerja en esta historia descubrirá que allí se vivía como en una España en pequeño: en castellano, entre españoles, con tiendas y negocios regentados por ellos. En sus tiendas podían comprar turrones, mazapán de Cádiz, garrapiñadas, pasas malagueñas o salchichón de Vic.

Anoche los descendientes de aquellos emigrantes estaban abiertamente emocionados. Sienten, de alguna manera, que por fin se conoce su historia. Y que se rinde tributo a sus padres, a sus abuelos, que en busca de un sueño, el de una vida mejor, perdieron otro: el de volver a casa.

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