Vivienda, ¿lujo o derecho?

Hablan quienes no pueden acceder a la compra de un piso y, ahora, tampoco a un alquiler

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Los vecinos del número 11 de la calle Argumosa, en el madrileño barrio de Lavapiés, han recibido un burofax en el que el nuevo propietario del edificio, la empresa Inversión en Proindivisos, les informa de que sus contratos de alquiler han finalizado y deben desocupar las viviendas. La empresa quiere reformar la finca y alquilar los pisos "a precio de mercado". Allí ahora viven vecinos que entraron hace décadas y pagan alquileres reducidos.

Entre ellos, Teresa Sarmiento. Jubilada de 68 años, cobra una pensión no contributiva de 369,90 euros y tiene que pagar un alquiler mensual de 335 euros. Los nuevos propietarios le dan de plazo hasta el 1 de junio para abandonar la vivienda en la que lleva 20 años. Teresa asegura que la empresa no quiere negociar con los actuales inquilinos y que han llegado incluso a ofrecerle 2.000 euros para que se fuera en noviembre de la vivienda.

Inversión en Proindivisos, por su parte, niega que no quieran negociar. Defienden que si los inquilinos pagan un alquiler a "precio de mercado", podrían seguir viviendo allí. Incluso sostienen que soportan a "okupas" en el edificio.

Pero Teresa, resignada, está buscando otro piso en alquiler en Lavapiés, un barrio que era barato para vivir y ya no lo es. Por una habitación le piden 400 euros mensuales, aval bancario y varios meses de fianza. También lo ha intentado por la vía pública, en el Instituto de Vivienda de Madrid (Ivima), pero lamenta que es un proceso muy largo y que, de momento, no ha tenido suerte.

Jóvenes mileuristas

Casos como el de Teresa se repiten en nuestro país, sobre todo en las grandes capitales o en las más turísticas, donde los precios del alquiler se disparan. Pero no hace falta llegar hasta una situación tan dramática como la de Teresa para encontrar problemas en el acceso a la vivienda. Se enfrentan a ellos la mayoría de jóvenes mileuristas que viven de alquiler.

Irma Frigenti tuvo que buscar piso porque su anterior casera quería vender la vivienda. En Madrid, se encontró con colas para ver los pisos en las que llegó a pasar más de una hora y hasta un casting que los posibles inquilinos tenían que superar. Buscó también en las afueras de la ciudad, pero los precios que encontró no eran muy diferentes a los del centro.

Irma pensó en la posibilidad de comprar, pero poco puede ahorrar con un alquiler de 750 euros al mes y hay que pagar la entrada y los gastos hipotecarios iniciales.

A Paula Tarradas su casero quiso subirle el alquiler 250 euros de golpe. Terminó acosándola para que dejase la vivienda si no accedía al incremento del precio, por lo que Paula se puso también a buscar piso. Paula llegó a encontrarse con pujas entre los que veían las viviendas. Se la quedaba el mejor postor.

Tanto Paula, como Irma tienen trabajo y un salario con el que es difícil pagar el alquiler y llegar a fin de mes. Ven la situación insostenible. Si no suben los sueldos, los alquileres tienen que frenar la escalada.

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