Los sonidos del terror de ETA

Recordamos los atentados más destacados contra las más de 800 víctimas que se cobró la banda terrorista ETA

Más de 820 víctimas mortales y miles de heridos. Ese es el doloroso y terrorífico balance de los más de 40 años de historia de ETA. Una historia en la que los atentados dejaron plagados de días negros un calendario del que hoy recordamos sus fechas más destacadas, aquellos días aciagos que tristemente quedaron en la memoria.

De ese calendario, el día que marcó un antes y un después definitivo fue el del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco. Dos días de angustia y desesperación para su familia y para toda la sociedad que contempló con horror como las peores advertencias de ETA se materializaban el 12 de julio de 1997 cuando dos paseantes encontraron a Miguel Ángel en un paraje de Lasarte con dos tiros en la nuca a los que no pudo sobrevivir.

Diez años antes, el 19 de junio de 1987, ETA ya había cometido el que sería su mayor crimen, el más sangriento, al acabar con la vida de 21 personas en el atentado en el Hipercor de Barcelona, mediante un coche bomba que anunciaron, pero del que no dieron su ubicación exacta. Al no encontrar el vehículo, el edificio no fue desalojado.

Seis meses más tarde, a las 6 de la mañana, ETA volvía a atentar con coche bomba, esta vez, contra las familias que vivían en la casa cuartel de Zaragoza, saldándose con la vida de 11 personas, entre ellas cinco niñas de entre 3 y 12 años y un joven de 17. El horror se repitió tres años más tarde, el 29 de mayo de 1991, en la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic, donde perdieron la vida 10 personas, cinco de ellas menores, tras la explosión de una furgoneta cargada de explosivos colocada por el 'comando Barcelona'.

Los de Hipercor y las casas cuartel de Zaragoza y Vic son de los que más víctimas se cobraron junto al atentado de la Plaza de República Dominicana en Madrid el 14 de julio de 1986, en el que 12 guardias civiles murieron asesinados cuando un coche bomba colocado, entre otros, por De Juana Chaos y Troitiño, estalló al paso del autobús en el que viajaban rumbo a unas prácticas de conducción. Otro de aquellos vehículos bomba, que acabó con la vida de dos trabajadores, fue el que hizo volar por los aires el aparcamiento D de la T-4 del Aeropuerto de Barajas el 30 de diciembre de 2006, poniendo punto y final a la tregua anunciada por ETA el 22 de marzo de ese mismo año, pero también al proceso de paz iniciado por el gobierno de Zapatero.

Pero si aquellos atentados indiscriminados quedaron en la memoria de todos, tampoco podemos olvidar aquellos que persiguieron y acabaron con la vida de objetivos concretos. Es el caso, entre muchos otros, del presidente del PP guipuzcoano Gregorio Ordóñez, asesinado el 23 de enero de 1995 por un encapuchado que le descerrajó un tiro en la nuca mientras comía en un bar de San Sebastián, de donde era teniente alcalde, junto a María San Gil y otros compañeros; o el de expresidente del Constitucional Francisco Tomás y Valiente el 14 de febrero de 1996, que fue acribillado en su despacho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid por un etarra que se hizo pasar por un alumno. Los verdaderos alumnos de Tomás y Valiente fueron los que iniciaron el gesto simbólico que se convertiría en icono de la lucha contra el terrorismo de ETA, las manos blancas. Además, este atentado ocurrió tan solo 9 días después del de Fernando Múgica, militante histórico del PSOE al que ejecutaron de un tiro en la nuca ante la mirada de su hijo.

También cabe recordar el atentado contra el matrimonio conformado por el concejal del PP de Sevilla Alberto Jiménez-Becerril y su mujer Ascensión García Ortiz, asesinados con sendos tiros en la nuca en la madrugada del 30 de enero de 1998; el del exconcejal socialista Isaías Carrasco, también asesinado a balazos a las puertas de su casa en Arrasate-Mondragón; o el del exministro socialista y profesor universitario Ernest Lluch, al que pegaron dos tiros en la cabeza cuando se encontraba en su garaje, el 21 de noviembre de 2000. Uno de los defensores de la paz en Euskadi y un colaborador muy querido de la Cadena SER; el día de antes había estado participando como hacía habitualmente en el programa 'La Ventana' dirigido por Gemma Nierga, en la sección de 'La tertulia de sabios', en la que charló con Santiago Carrillo y Miguel Herrero de Miñón.

Por otro lado, el asesinato más importante a nivel político fue el cometido contra el almirante Luis Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973, cuando la banda terrorista voló el coche de una de las figuras claves del franquismo a su paso por la madrileña calle de Claudio Coello tras asistir a misa. Pero ETA también planificó atentados contra el rey Juan Carlos, siendo el planeado en Palma de Mallorca en agosto de 1995 el que más cerca estuvo de cumplir el objetivo; cuatro meses antes también había intentado acabar con el por entonces líder del PP José María Aznar, que consiguió salir ileso del coche-bomba que ETA hizo estallar al paso del vehículo blindado de Aznar por la calle José Silva de Madrid.

Hubo quienes lograron salvar su vida, pero pagaron un precio muy alto. Son casos como los de Irene Villa, que el 17 de octubre de 1991 y con tan solo 13 años perdió las piernas al estallar un artefacto explosivo colocado en el coche en el que viajaba junto a su madre, María Jesús Gónzalez Gutiérrez, funcionaria de una comisaría madrileña; y Eduardo Madina, por entonces un joven secretario de Política Institucional de las Juventudes Socialistas en Euskadi, al que una bomba lapa adosada a su coche le hizo perder su pierna izquierda.

De entre todos sus asesinatos, recordamos que ETA volvió sus pistolas contra María Dolores González Cataráin, "Yoyes", exdirigente de ETA militar que abandonó la banda en desacuerdo con la línea dura que había tomado, y que recibió un tiro en la sien cuando estaba en la feria de Ordizia en septiembre de 1986 junto a su hijo de tres años.

El balance de muertos reconocido por la banda terrorista se inició el 7 de junio de 1968 con el asesinato del guardia civil José Antonio Pardines, asesinado a tiros en Aduna cuando dio el alto a dos etarras -aunque se señala a la bebé María Begoña Urroz Ibarrola como la primera víctima mortal atribuida a ETA tras la explosión de un bomba en la estación de trenes de San Sebastián, si bien la banda siempre negó su responsabilidad- y finalizó cerca de París con la muerte del policía francés Jean-Serge Nérin, en un tiroteo con varios miembros de ETA el 16 de marzo de 2010. En España, los últimos asesinados serían los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, a los que ETA había colocado una bomba-lapa en los bajos de su coche, cerca de Palma de Mallorca, el 30 de julio de 2009. En Euskadi, la última víctima fue un hombre entregado a la lucha contra el terrorismo de ETA, el inspector de Policía Eduardo Puelles, al que también mataron mediante una bomba-lapa en su coche el 19 de junio de 2009, en Arrigorriaga, Vizcaya.

Capítulo aparte merecen los secuestros que cometió la banda terrorista. El más mediático, por la naturaleza del secuestrado, fue el del ginecólogo Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias, al que la Policía liberó tras veinte días de secuestro en la localidad de Trasmoz, Zaragoza, el 2 de enero de 1982. Pero el día que nunca se olvidará fue el 1 de julio de 1997. En aquella jornada, ETA liberó de madrugada, tras 232 días de secuestro y previo pago de un cuantiosísimo rescate, al empresario vasco Cosme Delclaux; a esa misma hora, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ya habían comenzado la Operación BOL -por el terrorista José Uribetxeberria Bolinaga- que pondría fin al secuestro más largo realizado por la banda terrorista: el del funcionario de prisiones José Ortega Lara, al que rescataron de aquel infame zulo situado bajo el suelo de una nave de Mondragón en la que Lara estuvo encerrado durante 532 días.

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