Roger Bernat estrena 'Uti et abuti' a partir de chats escritos por el público en tiempo real

Roger Bernat reflexiona sobre cómo las redes sociales usan y abusan de nuestro placer por comunicarnos en la obra 'Uti et abuti', que construyen los espectadores con sus telefonos móviles

El director teatral Roger Bernat estrena este jueves, en Barcelona, su último espectáculo, Uti et abuti, dentro del ciclo Nuevas escenas en La Pedrera 2018, un ciclo que apuesta por las artes escénicas contemporáneas y que programa piezas de creadores emergentes junto a obras de artistas ya consolidados, como Bernat.

Uti et abuti, en latín uso y abuso, es la fórmula con la que el derecho romano se refiere a la propiedad, una idea que el director de escena Roger Bernat usa como punto de partida para hablar de cómo hoy "el placer de comunicarnos es usado y abusado por las redes, que desertizan nuestra propia necesidad de comunicarnos, porque las calles y las plazas son cada vez más inhóspitos".

Es el público quien construye este espectáculo, explica su director: "Nosotros nos aprovechamos de su presencia para construir un objeto escénico, que no deja de ser un chat; el público se conecta a una red inalámbrica desde sus teléfonos móviles para participar en un chat que tiene unos condicionantes ficcionales. Planteamos una escena y el público participa de ella y la construye. Y lo que espero es que se conviertan en escenas muy delirantes unas y más inesperadas otras".

En escena, un actor que asume brevemente funciones de maestro de ceremonias y después desaparece para dejar solo al público con tres pantallas que van subiendo y bajando, en las que se irán desarrollando hasta 16 chat diferentes: "Podemos reproducir un chat de contactos sexuales a las 5 y media de la madrugada, pero también podemos reconstruir los mensajes que un grupo de personas que están a la deriva en una patera en el Mediterráneo envían a sus familiares y sus contactos de la costa para encontrar su localización; es decir, a través de pequeñas escenas reconstruimos diferentes momentos en los que grupos de personas se comunican para saciar sus necesidades".

Bernat tampoco se olvida de la Familia Real. En otro de los chats, "hay una comida en la que están la reina Letizia, las infantas, el rey, la sirvienta guineana y un desconocido que está mirando la televisión justo antes de que el rey grabe el mensaje televisado y damos oportunidad al público de poner voz a esos 5 personajes que están cenando alrededor de la mesa un cocido madrileño con porcelana de Lladró. El público pondrá voz a esos personajes en función de cómo interprete que transcurre una cena de ese tipo, que no hace tanto vimos en televisión".

Se trata, explica el director de escena, de "construir una imagen de una colectividad que viaja a tientas hacia un final incierto del espectáculo". ¿Y qué ocurre si el público no chatea o no lo hace lo suficiente? "Es básico en un espectáculo que esté en el horizonte el fracaso, así que si el público decide no chatear, habremos fracasado".

En un espectáculo tan sujeto a la incertidumbre, ¿dónde se establece el final? "Es que el público, mientras envía mensajes, sin saberlo, está construyendo algo y cuando eso está construido, el dispositivo que hemos usado te devuelve eso que sin saberlo has estado construyendo durante 45 minutos o una hora. El final es muy bonito, porque con tu esfuerzo de participar en ese chat, acabas dándote cuente de que has construido algo que no esperabas y que es terriblemente armónico, cuando el ser humano ha desaparecido".

Bernat reflexiona en este montaje sobre esa frontera difusa entre lo público y lo privado, sobre si las redes sociales son las nuevas plazas públicas. "Es interesante si fueran realmente una plaza pública, pero imagínate que las plazas de nuestras ciudades fueran privadas y en lugar de llamarse Plaza España fuera Plaza Adidas y el acceso a esa plaza estuviera condicionado por los caprichos de quienes las gestionan. Estamos tranquilamente habitando plazas que son privadas e invirtiendo nuestro talento, nuestras inquietudes y nuestra necesidad de construir un espacio político en un espacio que no deja de ser privado, que no es nuestro, que no es de todos. Sustituir la plaza pública por una privada tiende a desertizar las verdaderas plazas públicas y la propia necesidad de comunicarnos".

Es verdad, matiza Bernat, "que los nuevos canales de comunicación cambian nuestras relaciones y no hace falta tener un contacto directo con todo el mundo, y es cierto que las distintas maneras de modular las comunicación nos enriquecen, pero el problema es que no tenemos el control de esas modulaciones, hacemos nuestros unos dispositivos pero sin tener una mirada crítica sobre ellos".

¿Tras su estreno en la Pedrera, se podrá ver Uti et abuti en otros espacios? "Hay que estrenarlo y ver que no fracasemos porque nadie quiere programar algo que fracasa (risas), ya veremos. Pero el año que viene estaremos en los Teatros del Canal, en Madrid, con 4 espectáculos a finales de mayo, y ocuparemos varias salas".

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