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La última moda entre los 'foodies' de Nueva York: 'procrastihornear'

En España también hay mucha gente que aplaza la obligación de estudiar o trabajar para ponerse a hacer galletas o pasteles

'Procrastiamasando'... /

Era un secreto a voces, pero el artículo publicado en The New York Times lo ha hecho oficial: procrastihornear se ha puesto de moda. Basta con echar un vistazo a Instagram, donde ya hay más de 25.000 fotos con la etiqueta #procrastribaking: pan, galletas, pasteles, bollería... Y en España, aunque aún nadie le había puesto nombre, también es una práctica frecuente. "¡Si esto lo hacía yo hace 25 años, en BUP y en la uni!", explica el gurú del pan casero Iban Yarza. "Estudiaba por la noche y, a eso de las dos de la madrugada, me ponía a hacer bizcochos de limón".

Maite Vilana es una enfermera de Barcelona con mucha experiencia como procrastihorneadora, especialmente, según dice, cuando tenía que estudiar: "Me relaja mucho, pero al mismo tiempo da adrenalina porque nunca sabes si lo del horno va a salir como tú esperas". Su afición por la repostería le ha hecho llegar "muy justa" al trabajo varias veces. Pero su caso no es una excepción.

La escritora Marti Buckley, nacida en Alabama pero afincada en San Sebastián, también reconoce que eso le pasa muy a menudo: "El otro día estaba preparando scone, el bollo más rico del mundo, y tenía que salir a las 8.30 para llevar a mi hija al cole, pero no se acaba de hacer... ¡y al final nos fuimos a las 8.40!".

Kilpatrick, responsable de márketing de Mimo San Sebastián, explica que hacer pasteles es una actividad superrelajante y que amasar pan, en concreto, le sirve como terapia para evadirse. Por eso, como casi todos los procrastihorneadores, al final suele preparar donuts o galletas muy por encima de sus posibilidades, por lo que no le queda otra que llevárselos a vecinos a compañeros de trabajo.

"Suelo hacer piezas muy grandes y, por suerte, las puedo congelar, pero también hay algo que me hace recobrar la fe en la humanidad", explica Iban Yarza. "Cuando le regalo pan a alguien, siempre le brillan los ojos. Y parece mentira, pero la gente que tiene un cochazo y un móvil de 1.000 euros se sigue emocionando cuando les regalas un humilde pan que solo te ha costado un euro y medio en harina".

Un neologismo dulce

Lo palabra procrastibake procede de la unión de los verbos procrastinate [procastinar] y bake [hornear], y Julia Moskin, la autora del artículo del The New York Times, propone esta definición: "Hornear algo completamente innecesario con la intención de eludir el trabajo de verdad".

Isaías Lafuente, el gran experto en palabras de la Cadena SER, se declara a favor de nombrar "nuevas realidades" y, además, prefiere hacerlo "castellanizando", pero sugiere una alternativa más fácil de pronunciar: procrastornear.

Menos entusiasmo muestra Álex Grijelmo, autor de Defensa apasionada del idioma español o El genio del idioma. Ante este neologismo con vocación de trabalenguas, Grijelmo recuerda —a buen entendedor, pocas palabras bastan— que no siempre hace falta dar con palabras que resuman todo: "Para eso están las locuciones".

La duda es si, ahora que se le empieza a poner nombre, aquellos que prefieren aplazar sus responsabilidades para ponerse a hacer pan, pasteles o galletas, acabarán subiendo fotos a Instagram con la etiqueta #procrastihornear.

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