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La histórica reunión entre Donald Trump y Kim Jong-un

La Casa Blanca confía en que ambos líderes sienten las bases para la desnuclearización de Corea del Norte. El objetivo de Pyongyang es que Estados Unidos retire sus tropas de la península de Corea

Varios surcoreanos siguen por televisión informaciones referidas a los líderes norcoreano y estadoundiense / ()

Donald Trump está dispuesto a hacer historia y su momento ha llegado. Atrás quedaron enterrados los insultos entre él y Kim Jong-un, las amenazas de destruir el régimen con “fuego y furia”, al menos hasta el día D (martes, 12 de junio), a las 9 de la mañana hora local, cuando ambos líderes se reúnan en el hotel Capella de la isla de Sentosa, en la costa sureste de Singapur. Será el primer encuentro entre un presidente de Estados Unidos y su homólogo norcoreano.

Trump y Kim Jong-un se reunirán, acompañados únicamente por sus respectivos traductores, durante 45 minutos. A Trump le sobran 44. Como dijo antes de viajar a Singapur, necesita “solo un minuto” para saber si las intenciones de Kim “son positivas” y si tiene voluntad de dar pasos en el corto plazo. Para el presidente Estados Unidos es “una cuestión de actitud, una sensación”.

La reunión bilateral continuará luego con sus respectivos asesores. Por parte de la Casa Blanca estarán el Secretario de Estado, Mike Pompeo, el jefe de gabinete, el general John F. Kelly, y el asesor de seguridad nacional, John Bolton.

En las horas previas a la reunión, Kim Jong-un ha hecho un recorrido por los principales lugres turísticos de Singapur, dejándose ver por la prensa y haciéndose selfies con el ministro de exteriores singapurense, como cuenta la Agencia EFE. Donald Trump, más discreto, ha intentado consolidar el apoyo de sus aliados regionales. Además de reunirse con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, ha hablado por teléfono con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, según el Washington Post.

En paralelo, los equipos negociadores se han centrado en acordar un comunicado conjunto tras el encuentro. Según informa el New York Times, el comunicado tendrá tres partes: una relacionada con la desnuclearización, otra con garantías de seguridad y una tercera con los pasos a seguir.

La Casa Blanca dice que lo único que aceptará es la desnuclearización completa, verificable e irreversible “de la península de Corea”, una fórmula cercana al lenguaje que utiliza Pyongyang que incluye una potencial retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur.

Una de las exigencias de Kim Jong-un, según fuentes cercanas a la negociación, es que Washington garantice su seguridad, la de su familia y la del régimen. Mike Pompeo ha asegurado ante la prensa que Estados Unidos está preparado “para tomar acciones que pueden dar la certeza suficiente” a Kim Jong-un para que “se sienta cómodo con la desnuclearización”. Unas medidas que, según el Secretario de Estado, no se habían intentado con los presidentes anteriores, aunque se ha negado a revelar cuáles son.

Aun así, Pompeo insiste en que las exigencias de Estados Unidos “no han cambiado”. Dice que la administración Trump no va a dar pasos hacia la normalización de relaciones hasta que Kim Jong-un tome medidas concretas. Según Pompeo, “las sanciones permanecerán” hasta que se pueda verificar la eliminación del programa nuclear. “Si no van en la buena dirección”, advierte, “las sanciones se incrementarán”.

La delegación estadounidense ha mostrado su confianza en la reunión. Pero el entusiasmo no opaca a la incertidumbre. De momento no está claro si el encuentro va a cerrar un calendario concreto para empezar la desnuclearización, para la retirada de sanciones económicas o de personal militar. Tampoco qué pasará si la cumbre fracasa. Si Trump se siente estafado por Kim. Después de dar la espalda a sus socios del G7, los analistas en Washington aseguran que el presidente de Estados Unidos no va a tolerar un fracaso mientras tiene la atención global puesta en él. Y alertan de la improvisación de esta administración, que no tiene un plan B.

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