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Barco 'Aquarius'

Tratamiento de electroshock para Europa

El ministro de Exteriores, Josep Borrell, considera que con la decisión de traer a España a los 630 inmigrantes que viajan a bordo del Aquarius el gobierno va a provocar un “electroshock político” en la Unión Europea. Sus consecuencias se empezarán a notar en el Consejo Europeo de finales de junio, que supondrá la presentación de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

Josep Borrell durante su toma de posesión como Ministro de Exteriores el pasado 7 de junio / ()

“Sin esta decisión, el tema de la migración se hubiera quedado en una declaración de buenas intenciones en la reunión del 28 y 29 de junio”, ha explicado el ministro en un encuentro informal con periodistas. Para Borrell la llegada de inmigrantes es un problema común a todos los países europeos, y para resolverlo hace falta ser consecuentes: “Si no somos capaces de controlar las fronteras comunes, no se puede sostener que no haya fronteras internas”.

La situación creada no provocará en todo caso un efecto llamada adicional, ya que “Europa es un imán permanente” para los países de origen de la mayoría de los inmigrantes, “el fútbol, por ejemplo, capta mucho más la atención”. La solución elegida debe verse como “algo excepcional, que no va a convertirse en algo permanente y deber ser visto más bien como un gesto político”. Sobre la posibilidad de nuevos episodios que también exijan tratamientos excepcionales, el titular de Exteriores apuesta por la prudencia: “Cada día tiene su afán”.

En cuanto a la posibilidad de la Unión aplique algún tipo de sanción a Italia por no permitir la entrada en su territorio del Aquarius, el ministro considera que “no es su papel meter el dedo en el ojo de Italia” y cree que entrar en ese terreno no es el camino. Además, añade, “Italia lleva mucho tiempo pidiendo ayuda, y el problema puede afectar mañana a Grecia, a España o a cualquiera”

Para afrontar la cuestión de la inmigración a más a largo plazo, Borrell considera que la normativa de Dublín estaba pensada para otras circunstancias y que la Unión deber vigilar cómo se aplican los acuerdos alcanzados con Turquía y Libia, aunque haya que tener en cuenta que el balance de su aplicación puede ser positivo aunque tenga “contraindicaciones”.

El máximo representante de la diplomacia española también ha dicho en su reunión con los periodistas que no es “Ministro de Asuntos Catalanes”, aunque sí lo es de Exteriores, y en ese sentido le corresponde “cuidar la imagen exterior de España, que se ha visto muy perjudicada por el conflicto en Cataluña”. Borrell tiene claro que no se puede prohibir que Cataluña tenga representaciones en el exterior, igual que tienen otras comunidades autónomas porque así lo recoge la Constitución, “aunque habrá que ver cuáles son las actividades de DiploCat y si vuelven a lo mismo, tendremos que ser consecuentes”, advierte.

Personalmente considera lamentable que se le haya convertido en “la bestia negra del independentismo” basándose en afirmaciones que no son ciertas, pero recuerda que “el gobierno de Pedro Sánchez no tiene ni hipotecas ni deudas” en esta cuestión.

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Cadena SER

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