Dieta blanda, gafas de sol y aislados de sus familias: así se recuperan los niños rescatados de la cueva de Tailandia

Los trece rescatados de una cueva en Tailandia han perdido una media de dos kilos de peso

Los estudiantes celebran el rescate de sus compañeros de la gruta. / ()

Los doce niños y su entrenador rescatados de la cueva de Tailandia tras 18 días atrapado se recuperan en el hospital provincial de Chiang Rai. La vida ninguno corre peligro pero todos se enfrentan a distintas secuelas que tienen que hacer frente. Durante el tiempo de enclaustramiento han perdido una media de dos kilos

Algunos de los menores sufren síntomas leves de neumonía, pero ninguno de ellos registra problemas graves de salud, según ha explicado en rueda de prensa uno de los facultativos encargados de evaluar el estado de salud del grupo. 

Las operaciones de salvamento se completaron este martes con el rescate de cuatro niños y un adulto, lo que estuvo precedido por la liberación de cuatro menores el lunes y otros cuatro durante la misión del martes.

Ven a sus familiares a través de un cristal 

Otro de los síntomas con los que llegaron es el de hipotermia. Durante estos días han sufrido frío y humedad; además de la fría temperatura de las aguas que tuvieron que atravesar con la ayuda de dos buzos para alcanzar el exterior. 

"Al igual que sus compañeros, ninguno padece de enfermedades infecciosas", indicó uno de los médicos. Aún así, los niños permanecen aislados y en cuarentena por el riesgo de que puedan desarrollar alguna infección o contagiarla. Ven a sus familiares a través de un cristal. Han desarrollado sensibilidad en los ojos, fotofobia, a causa de la oscuridad en la que han vivido cerca de tres semana. Por ahora, tienen que llevar gafas de sol hasta su recuperación total. 

Dieta blanda

El grupo es alimentado a base de una dieta blanda con arroz y pollo, además de la ingesta de varios suplementos vitamínicos. Los chavales y el adulto, todos en buen estado de ánimo, pasarán al menos siete días en el centro médico antes de recibir el alta.

Los doce escolares, de entre 11 y 16 años, y el entrenador, de 26, se internaron en la cavidad durante una excursión tras completar un entrenamiento de fútbol cuando las intensas lluvias de una tormenta inundaron las galerías y les impidieron la salida de la gruta.

Un rescate complicado

La madre de uno de ellos dio la alerta al ver que su hijo no regresaba, pero no los encontraron hasta nueve días más tarde, hambrientos y débiles, a cuatro kilómetros de la entrada de la caverna. El grupo ha tenido que aprender a bucear en cuestión de días, una tarea difícil si se tiene en cuenta que muchos no sabían nadar.

Dos buzos, uno delante y otro detrás, ha acompañado a cada uno de ellos por un laberinto de galerías parcialmente inundadas, con desniveles y visibilidad nula.

La dificultad de la operación quedó patente con la muerte el jueves pasado de un voluntario, antiguo miembro de los grupos de élite de la Marina, al quedarse sin aire durante una inmersión.

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