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Cadena perpetua para la 'novia neonazi'

  • Histórico veredicto en el caso de los crímenes de carácter racista cometidos durante 14 años por la célula neonazi NSU
  • El juicio, que ha durado cinco años, ha conmocionado a la opinión pública alemana

Condenada a cadena perpetua la única superviviente de una célula neonazi en Alemania / VÍDEO: ATLAS

Máxima pena, cadena perpetua para Beate Zschäpe (43 años), por su participación en los crímenes de carácter racista cometidos durante 14 años por la célula neonazi NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista): diez asesinatos, dos atentados con bomba con docenas de heridos y 15 robos. Según la esperada sentencia del Tribunal Regional de Múnich dada a conocer hoy, "su culpabilidad es especialmente grave", lo que significa que su puesta en libertad anticipada después de 15 años -algo legalmente aceptable en Alemania- se antoja imposible en la práctica.

La conocida como novia neonazi es la única superviviente de la célula de extrema derecha, ya que los otros dos miembros, Uwe Böhnhardt y Uwe Mundlos, se suicidaron en 2011 al ser acorralados por la Policía tras uno de los robos con los que financiaban sus crímenes y su vida en la clandestinidad. Beate Zschäpe pegó fuego al refugio en el que se escondían a fin de ocultar las pruebas de sus actos y fue entonces cuando se conoció el alcance total de unos crímenes que el grupo venía fraguando desde 1998. Además, envió un vídeo en el que la banda admitía sus asesinatos y explicaba la razón de los mismos: quería expulsar a los extranjeros de Alemania.

"Me disculpo por el sufrimiento que causé"

Zschäpe, que está detenida desde entonces, sigue siendo un misterio incluso después de cinco años de juicio. Ha permanecido siempre en silencio y solo alzó la voz en su alegato final para exculparse y afirmar que conoció las acciones de sus amigos posteriormente: "Por favor, no me juzguen en nombre de algo que yo no quería ni hice. Soy una persona compasiva y he podido ver y sentir la angustia y la desesperación de los familiares. Me disculpo por el sufrimiento que causé". Lejos de creerla, el histórico veredicto pone de manifiesto que la mujer, aunque no empuñó el arma homicida, se había encargado de vigilar e informar sobre las víctimas: nueve inmigrantes y una mujer policía.

Junto a ella, cuatro hombres se sentaron en el banquillo acusados de apoyar a la NSU (Nationalsozialistischer Untergrund), bien porque proporcionaron el arma homicida, porque alquilaron autocaravanas para cometer los crímenes o porque prestaron su pasaporte y permiso de conducir a los miembros del grupo para pasar desapercibidos: Ralf Wohlleben, exdirigente del partido neonazi NPD, ha sido sentenciado a 10 años en la cárcel como cómplice de asesinato por proporcionar a la NSU el arma utilizada en los crímenes; Carsten S., condenado a tres años de prisión juvenil; Andre E., a dos años y seis meses de prisión, por apoyo a organización terrorista, y Holger G., a tres años de cárcel.

Errores policiales y de los organismos competentes

El caso, que ha conmocionado a la opinión pública alemana, ha servido también para sacar a la luz una serie de errores en las investigaciones, métodos cuestionables usados por los organismos competentes, tratamiento incorrecto de los familiares de las víctimas, fracaso y subestimación por parte de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, así como errores y omisiones por parte de la clase política. Los asesinatos, por ejemplo, se habían analizado como casos aislados, puesto que al ser la mayoría de víctimas inmigrantes -ocho turcos y uno griego-, se pensó que podría tratarse de ajustes de cuentas o disputas entre clanes. Eran pequeños empresarios o vendedores de Kebab. Ni siquiera se comprobó que todos los asesinatos habían sido cometidos con la misma pistola, e incluso llegaron a desaparecer numerosas actas sobre investigaciones al grupo neonazi. La propia canciller, Angela Merkel, llegó a afirmar que el caso era "una vergüenza para Alemania".

El juicio, que ha durado cinco años, con más de 430 sesiones y 600 testigos, es uno de los procesos más largos de la Alemania de posguerra, junto con los juicios de Nüremberg o el seguido contra el grupo terrorista de extrema de izquierda RAF (Fracción del Ejército Rojo).

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