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MÚSICA

Falsos autónomos y trabajo gratis: la cara B de los festivales de música

El sindicato CNT denuncia la precariedad entorno a los grandes festivales de música que obligan a los artistas a convertirse en falsos autónomos y esconden el trabajo gratis bajo la figura del "voluntario"

Concierto en el FIB 2018 / ()

España es el país con más festivales de música por su territorio, pero uno de los que peores condiciones laborales ofrecen tanto a músicos como a trabajadoras y trabajadores. La precariedad ligada a estos eventos musicales ha existido desde el inicio, denuncian desde la sección de música del sindicato CNT. Sin embargo, fue el año pasado, con la muerte de un trapecista en el Mad Cool cuando se puso el foco en las condiciones de seguridad y de contratación que existían en los festivales.

"Con los técnicos ha mejorado la cosa, pero es todavía hay mucho por hacer", señala David García Arístegui, que descata aquellos ámbitos donde han empeorado las condiciones laborales. Por ejemplo, los artistas nacionales que actúan en festivales españoles están obligados, casi siempre, a emitir factura sin contrato. "Los artistas se ven obligados a convertirse en falsos autónomos o con convenidos injustos", dice Arístegui y pone como ejemplo lo que ha ocurrido en la última edición del Mad Cool, en Madrid, donde a los músicos se les aplicó el convenio de los trabajadores del circo. "Un convenio firmado solo por UGT y que no se actualiza las tablas salariales desde 2015, con Ayuntamiento y Comunidad mirando para otro lado, dándoles facilidades y sin supervisar".

La figura del falso autónomo genera precariedad y más problemas: "No están cubiertos si tienen un accidente in itínere, de camino al trabajo, algo que le ocurrió al grupo jienense Supersubmarina", añade. La ley es clara al respecto desde el año 85: los espectáculos artísticos tienen que contratar laboralmente, sin embargo, tanto las empresas como las instituciones lo permiten.

Además de la precariedad en los artistas, está la explotación en el resto de trabajadores y trabajadoras imprescindibles para que un festival se ponga en pie. "La contratación de camareros se suele hacer por menos horas, con turnos interminables o traídos de otros países, como en el Primavera Sound se trajo a gente de Portugal para que trabajen por menos", añade.

Y luego está la figura del voluntario, muchas veces nombrado con eufemismos como "Ecopatrulla", así se denominaba a los chicos y chicas que pagaban una fianza para limpiar el Festival Download de Madrid, que pertenece al gigante Live Nation -detrás de la gran mayoría de todos los festivales del mundo-, a cambio de una pulsera para poder ver algunos conciertos. "Si no se cumplían una serie de requisitos, la fianza se la quedaba la empresa. Es decir, pagaban por trabajar", explica Arístegui.

Ecopatrullas para camuflar trabajo gratis. Un voluntariado que existe en muchos otros festivales en la península. "El estatuto de los trabajadores es muy estricto en esto, el pago en especie no puede superar un 30 por ciento de la remuneración, cuando se está remunerando por limpiar con una pulsera, evidentemente, eso es el cien por cien de una remuneración, una ilegalidad flagrante, aparte de esconder voluntarios por trabajo gratis", alertan desde el sindicato que pide a las autoridades que pongan fin a estas prácticas.

La mayoría de festivales reciben subvenciones de ayuntamientos y gobiernos autonómicos y, sin embargo, ninguna autoridad exige que la calidad del trabajo sea prioritaria, indican desde el sindicato. Pero no todos los certámenes son iguales. "No es lo mismo el Bam de Barcelona, institucional, donde se contrata laboralmente y las cosas se hacen bien. Ni lo que Marea Atlántica está haciendo en el Festival Noroeste donde también se están mejorando condiciones laborales, o el Primavera que se ha comprometido a dar explicaciones y a mejorar. El resto, demenciales, Viñarock, es del propio ayuntamiento de Villarobledo, que mira para otro lado. El Sonorama, impulsado por el ayuntamiento de Aranda de Duero, sin ánimo de lucro, pero donde es un misterio donde van los beneficios".

Muchos de los certámenes, como el FIB, el Low Cost o el Arenal se celebran en la costa levantina, donde la burbuja inmobiliaria y la especulación estaban a la orden del día, y donde el turismo de británicos y alemanes ha ido en aumento en los últimos veinte años. "Los festivales siempre han sido explotadores, con o sin burbuja inmobiliaria. No hay relación causa efecto, más turístico, más explotador", señala Arístegui.

Al igual que la construcción de aeropuertos, de estaciones de AVE y otras infraestructuras, que se multiplicaron en los años de la burbuja, los festivales, de alguna manera, se han tratado así en algunos lugares. Los ayuntamientos hacen concesiones para evitar que se vayan a otras zonas, como explican desde el sindicato: "En determinadas zonas se plantean qué hacer para que os festivales no se vayan. Hay fortísimos intereses económicos y turísticos en los festivales y eso debería servir para exigir legalidad laboral. No está claro ni siquiera qué convenio aplicar".

El 23 de junio, el grupo Vetusta Morla daba un concierto en Madrid, en la Caja Mágica, mismo recinto donde se celebra el Mad Cool, donde reunieron a 38.000 personas. En ese concierto, el grupo aplicó un modelo diferente del de otros festivales. Para empezar, tras 25 años en la música, no tienen apoyo de una multinacional por decisión propia. 

"El modelo de Vetusta está muy bien , pero le funciona a ellos, no todos los grupos tienen ni la capacidad ni la logística para organizarlo. Creo que a los eslabones más débiles de la cadena, que son las bandas nuevas, hay que ofrecerles condiciones dignas, un circuito de salas y festivales con sensibilidad a las bandas de aquí, sino en unos años solo habrá bandas de los noventa o de fuera. Eso tiene que ver con la pésima situación laboral el que no haya nuevas bandas", piden desde CNT.

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