Pérez-Reverte intenta sabotear el 'Guernica'

La tercera entrega de las aventuras de Lorenzo Falcó lleva al agente al París de Picasso con la misión de destrozar su cuadro

Arturo Pérez-Reverte en París. / ()

Arturo Pérez-Reverte parece estar convencido de la hipótesis que le ha impulsado a escribir Sabotaje, su nueva novela editada por Alfaguara. "Cuando me di cuenta de lo rápido que había pintado Picasso el Guernica y vi las fotos de Dora Maar, comprendí que podría permitirme ciertas licencias. Todo lo que cuento del cuadro, pudo haber ocurrido", reconoce el creador de Lorenzo Falcó, el agente y mercenario que trabaja para el Movimiento Nacional durante la Guerra Civil española.

París es el escenario principal de esta trama clásica mezcla de novela y cine negro que tanto gusta al académico quien insiste en lo que más le apetecía era reconstruir un París que, entonces, "creía estar a salvo de la ola parda que sigue estando ahí". Y de la ola parda viene una de sus grandes preocupaciones ahora. "Vendrá una nueva crisis más grave. Las señales están ahí aunque no queramos verlas. El zambombazo que viene va a ser espectacular".

Une esta reflexión a otra sobre el papel de los intelectuales a quienes él siempre considera sospechosos porque cree que siempre acaban adueñándose del relato de unas guerras que, muchas veces, han vivido desde la retaguardia con unas pistolas al cinto que nunca desenfundaron en los frentes. Y no parece tener problemas para recitar sin titubeo algunos nombres muy conocidos. Habla de Alberti y de Miguel Hernández. De Carrillo y la Pasionaria. De Sánchez Mazas y Dionisio Ridruejo.

Y aún va más lejos al afirmar que Picasso nunca fue un héroe porque siempre defendió sus propios intereses y también su "afán de dinero". "No pintó el Guernica por la República. Lo hizo porque le pagaron. Y muy bien. Es más, a la República no le gustó el cuadro. Cuando el comisario de la exposición (Internacional de París) lo vio, pensó que Picasso se había cagado en Guernica, en la República y en Euskadi. Lo dijo el comisario que era vasco y republicano. En su momento, el cuadro pasó sin demasiada gloria. Y con poca pena", proclama el académico que tampoco considera que el cuadro sea la obra del pintor malagueño.

Sabotaje devuelve un Lorenzo Falcó elegante, despiadado, seductor pero también mercenario, profundamente amoral que sabe desenvolverse en una ciudad que Pérez-Reverte ha querido reconstruir a su manera porque "era lo que más me apetecía". "Detesto escribir, lo paso mal, 8 horas diarias es como un trabajo. Pero imaginar la novela, caminar con ella, tomar notas es el momento más maravilloso. Yo escribo novelas para tener que vivir esa fase previa de imaginación", añade el autor quien proclama que también en esta nueva entrega intenta "recuperar la naturalidad del horror".

No tiene prisa en dar su venia para la adaptación cinematográfica de las aventuras de su personaje porque prefiere que sean los lectores quienes le den cuerpo en su imaginación. Y tampoco parece sentir urgencia en escribir una nueva entrega. Ahora quiere dejar "en estado de hibernación" aunque dice sentir interés por un "incidente" en el Vaticano, que podría suponer en el futuro una nueva aventura de su amoral Falcó quien, ya eso ya lo ha confesado hace meses, acabará sus aventuras en Buenos Aires.

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