Montserrat Caballé, más que una diva

  • Inmensa, en todos los sentidos, con una risa aguda, fácil y sorprendente, su contundente imagen cuadraba poco con una voz fina y una sonrisa que siempre acababa por asomar
  • Fallece la soprano Montserrat Caballé en Barcelona a los 85 años

Fotografía de archivo de la soprano Montserrat Caballé que ha fallecido la pasada madrugada a los 85 años de edad en el Hospital de Sant Pau de Barcelona / ()

Era una estrella. Quizás la última verdadera diva la ópera, aunque su comportamiento no parecía demostrarlo. Era Montserrat Caballé. Con nombre y apellido.

En una nota del New York Times de 1965 que recuerda el crítico de El País Pablo L. Fernandez, se aseguraba que ella contenía en su trabajo la expresión dramática de María Callas y la belleza y la sensibilidad vocal de Renata Tebaldi. Y así, la ecuación suponía que Callas más Tebaldi era igual a Caballé. En cualquier caso, tres divas. Tres mujeres del sur de Europa.

Dicen también que era sorprendente su capacidad de respiración, esencial para cualquier cantante, que además le permitía mantener una nota durante un tiempo que Plácido Domingo siempre ha considerado casi imposible. El director Riccardo Muti, por su parte, le ponía como ejemplo al mismo crítico musical el do natural que cantaba durante interminables segundos en la acto tercero durante la romanza O cieli azzurri.

No fue fácil la vida antes de comenzar sus estudios de música porque tuvo que sobrevivir a una infancia de escasez. Y tampoco el final de su vida, enturbiada por la enfermedad y sus problemas con las arcas públicas.

Inmensa, en todos los sentidos, con una risa aguda, fácil y sorprendente, su contundente imagen cuadraba poco con una voz fina y una sonrisa que siempre acababa por asomar.

No hay duda de que el Barcelona que entonó con un ya muy enfermo Freddy Mercury no solo hizo mucho por la imagen de un país que apostaba por la modernidad. También ayudó a entender que el SIDA, todo un estigma entonces, era una enfermad a la que perjudicaban los prejuicios. Esa canción, junto a la labor de los tres tenores, cimentó la idea de que la ópera era de todos y para todos porque quien la cantaba podría "desmarcarse" y como hizo ella cantar a Mecano.

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