Historia

Santa Agueda de 1966 en Vitoria

Numerosos coros participaron cantando el "Agate Deuna" por las calles

Iñaki Armentia

En 1966, el 4 de febrero víspera de Santa Águeda, como es tradicional, numerosos coros participaron cantando el “Agate Deuna” por las calles vitorianas. Un grupo de alumnos de formación profesional de las Escuelas Diocesanas de Nieves Cano integraba uno de esos coros.

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Realizaron ensayos en el centro de enseñanza durante un mes a fin de que sus integrantes cogieran adecuadamente la entonación. Fueron eximidos de este requisito los que se consideraban mas 'jetas', ya que a estos se les encomendó exclusivamente la misión de pedir a los ciudadanos una aportación, mediante la entrega de algunas monedas o productos comestibles. Algunos de los dispensados aprendieron la canción aquella noche, de tanto escucharla a sus compañeros.

Previamente a esparcirse por las zonas de la ciudad, tanto en la Plaza de España como en la Plaza de la Provincia se concentraron todos los coros, cantando al unísono el “Agate Deuna”, tras lo cual tanto el Ayuntamiento como la Diputación recibieron a los 'directores' de todos los coros, a los que se entregó una cantidad de dinero.

Los del centro Nieves Cano llenaron dos cestas de mimbre con chorizos, morcillas, salchichones, huevos y jamón, y dieron cuenta de la mayor parte de los “productos recaudados” aquella misma noche en el Bar Morgaola de la calle Francia, local que regentaba el otxandiotarra Juan Uribe Ajuria y que llevaba el nombre del caserío de donde era originario.

No faltó un pequeño incidente, en aquella alegre noche: Pedro Orive, uno de los integrantes del grupo, tuvo que ser asistido en el Cuarto de Socorro del Hospital de Santiago por un corte en una mano producido al romperse un vaso de cristal.

La noche se alargó hasta pasadas las dos de la madrugada, y a las ocho de la mañana hubo que acudir a clase con las consiguientes ojeras y la cabeza afectada por algunos tragos de más.

Uno de los coristas incluso se quedó en casa y no apareció por la escuela y al día siguiente dijo al profesor que su ausencia se debió a que tuvo que ir al médico, dedicándole humorísticamente el maestro esta comentario: “Que malito estás, ¡cuídate!”.

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