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Drácula: la novela inmortal

Ninguna obra de ficción ha descrito tan detalladamente el horror que envuelve al vampirismo como la novela del irlandés Bram Stoker, exceptuando quizás Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, que dota de afilados colmillos a la bella condesa Mircalla, convirtiéndose en la primera vampiresa literaria de renombre y postín

Bram Stoker

Para aquellos que hayan leído la novela, se darán cuenta que su valor literario es mucho mayor del que se imaginaban y su influencia ha traspasado los confines de Transilvania. Incluso grandes personajes de la política han fomentado su lectura, como Fidel Castro quien, tras leerla, manifestó que le había estremecido más que mil demonios capitalistas.

Drácula ha sido llevada al cine en demasiadas ocasiones, lo que no quiere decir que haya sido adaptada correctamente. Algunas versiones son bastante afortunadas, empezando por Nosferatu (Murnau, 1922) y siguiendo por los Dráculas de Tod Browning (1931), Carl Dreyer (1932), Terence Fisher (1958), Werner Herzog (1979) y terminando por el Drácula de Francis Ford Coppola (1992). Los más fieles al espíritu de la novela fueron Fisher y Coppola.

Su autor, Bram Stoker, no pudo sostenerse en pie ni caminar hasta que cumplió 7 años, algo que espoleó su afán de superación y marcó su personalidad, porque luego se convirtió en un destacado atleta y futbolista de la universidad de Dublín. Eso por no mencionar que la familia vivía junto al cementerio de los no cristianos, de aquellos que se suicidaban, cuyos cuerpos se solían enterrar con una estaca clavada en el pecho para que el alma no pudiese abandonarles. Macabro precedente que hubo de marcar al niño, sin duda alguna. No deja de ser curioso que cuando Stoker publica Drácula en 1897 (tenía entonces 49 años) Julio Verne había escrito cinco años antes El castillo de los Cárpatos que ambienta en lugares próximos a los del conde sanguinario. En ambas obras se busca la inmortalidad. En la novela de Stoker se desgranan ideas como que la sangre es el vehículo portador de vida y que la vida misma es una energía cuya cantidad es siempre constante y se distribuye entre los diferentes organismos, de modo que puede transferirse de unos a otros, base del vampirismo.

Se ha llegado a decir que la figura de Drácula está inspirada en Vlad Tepes y la del profesor Van Helsing en un profesor húngaro, Arminius Vambery, experto en folklore transilvano que le presentó su amigo Henry Irving. Le suministró toda clase de información, entre la que se encontraba dos manuscritos descubiertos en Bucarest en los cuales los turcos daban testimonio de las crueldades del príncipe valaco. Stoker reunió en el mismo personaje el tema del vampirismo, la necromancia y los rituales mágicos aprendidos en los libros ocultistas y en la Golden Dawn.

Por cierto, Dacre Stoker, sobrino bisnieto, se basó en las notas dejadas por su bisabuelo, para escribir “Drácula, el no muerto”, una presunta segunda parte que retoma la narración del original 25 años después de que los protagonistas acabaran con la vida del famoso vampiro. Su éxito no ha sido el mismo.

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