Gastro

“Por un feminismo de hermanas de tierra”

8M

Muchos son los espacios a los que es muy costoso que llegue y se escuche la voz de una mujer y más de una hermana de tierra. En la gastronomía es tendencia volver a los orígenes, al producto, a la tradición, a la agricultura incluso empieza a serlo lo rural. Precisamente en Terrenae hablamos de ruralidad, de cómo éste, nuestro entorno, está directamente ligado al sistema agroalimentario, y cómo su desarrollo influye en la creación de la cultura gastronómica. María Sánchez, autora de Tierra de Mujeres, habla de estas ruralidades en su libro y en el manifiesto creado junto a Lucía López para el 8M.

La mujer con perspectiva rural y sensibilidad femenina capta el entorno, se mimetiza con la naturaleza y la respeta, convive con y para ella porque es su fuente, la fuente de vida. Establece unos diálogos que con el tiempo se han ido perdiendo exiliados a la industria, al sector servicios y abandonando el sector primario porque “nuestros padres que tanto han sufrido la tierra sólo querían que estudiásemos para tener un futuro mejor”, esta cita podría ser de cualquier persona con padres o abuelos agricultores, pero la dijo Teresa Vaya, originaria de Lucena, en Vistabella precisamente por las jornadas dedicadas al 8M por la mañana y a la trufa por la tarde.

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En esa misma jornada Sherezade Bardají relató muchas historias escritas por mujeres, habló de la importancia de la oralidad y de estos espacios que estamos perdiendo que son la antesala de la literatura, de la historia y del apoyo, de libros como el de María Sánchez o del manifiesto: “A pesar de los embalses, del abandono y del exilio forzado, muchas de ellas se mantienen en pie, testigos del ansia de un sistema hiper extractivista que solo piensa en dinero y en producción”.

No solo se mantienen en pie sino que caminan juntas, cada día a las 15.00h durante el invierno y más tarde en verano, una hora de caminata rápida y charla. Ellas lo llaman La volta al Fontanal, hace casi siete u ocho años que empezó esta costumbre de juntarse que se ha quedado para las mujeres, a pesar del intento poco exitoso de adhesión de hombres. Y así, dos días antes de la publicación del manifiesto pudimos ver cómo las mujeres rurales practican cada día el “No queremos formar parte de esa ruralidad solitaria”.

Las Hermanas de tierra que vienen

Alma Nebot, sobrina de Teresa, es una joven emprendedora agraria y rural, no quiere perder el vínculo con su territorio. Ella es enóloga, está recuperando viñedo antiguo y tiene una lucha vocacional para contribuir a la comercialización transparente de la trufa, comenzando con las de su tío, a través de un mercado online, Mercatuber. Alma es de esas jóvenes que saben de temporalidad, de especies, de vino, de caza, de tierra, de recetas, y alza la voz sin miedo ante una sala llena de truficultores. “Aquí hacemos frente, compartimos nuestros temores, dejamos a un lado el silencio” sigue el manifiesto que reivindica la diversidad para habitar el territorio lejos de monocultivos de placas solares, de grandes industrias que hacen un gran negocio de la alimentación y macroproyectos que ponen en riesgo espacios naturales protegidos. “Las amenazas de hoy no dejan de ser, en parte, las mismas de siempre, disfrazadas bajo las palabras «progreso» y «prosperidad»”.

Escapan, no muy lejos, esos tiempos en los que o trabajabas toda la vida o te casabas para toda la vida. Sin término medio. Las mujeres, invisibilizadas, han sido las que han transmitido el conocimiento sobre recetas, sobre las semillas y sobre la reproducción de la vida. Las que ahora luchan por un mundo más equilibrado y por los mismos derechos. En las zonas de interior, con menos servicios y más distancia que recorrer, pagan un coste más elevado para que se les escuche, para poder trabajar, para preservar la cultura y seguir habitando los pueblos que están en peligro de despoblación.

Por mujeres como Alma o Rocío de Agroforestal del Penyagolosa, tenemos trufas y disfrutamos de platos tan sencillos y ricos como huevos camperos y fritos con patatas y trufa en el Rostidor de l’Alforí (Vistabella) o de la miel trufada del Peñagolosa que pronto degustaremos gracias a Mos de Bresca en colaboración con Alma.

“Reivindicamos que existen muchas maneras de habitar el territorio, muchas ruralidades que dialogan, que construyen, que cuidan y acogen. Una de hermanas de tierra: llena de feminismo y diversidad, de agroecología, de memoria, de interdependencia, esperanza y alegría”. Manifiesto:

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