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Los getafenses que llevaron material humanitario a Ucrania, trasladan ahora a refugiados a Italia y España

Dos jóvenes ucranianos, residentes en Getafe, y un empresario de Boadilla llevaron lo recogido en una parroquia de Getafe, pero lejos de volverse están ayudando a varias familias a llegar a España y a Bolonia

Pavlo Komarnytskyy y Yurii Yuziuk junto a la furgoneta con la que están trasladando a un grupo de refugiados ucranianos hasta Bolonia, en Italia. / Diócesis de Getafe

Pavlo Komarnytskyy y Yurii Yuziuk se han turnado desde esta madruñada para conducir unos 1.560 kilómetros desde el puesto fronterizo de Siret, en Rumanía, en la frontera con Ucrania, hasta Bolonia, en Italia. En la furgoneta, con ellos, seis refugiados ucranianos, dos mujeres, dos niños y dos personas mayores que consiguieron escapar del horror de la guerra en Ucrania y querían llegar hasta la ciudad italiana donde tienen familiares que les acogerán.

Pavlo y Yurii llegaron hace dos días a la frontera de Rumania con Ucrania junto con Enrique Arnao, un empresario de Boadilla del Monte, quien puso su furgoneta a disposición de la Parroquia de Santa Teresa de Jesús de Getafe, centro neurálgico de la comunidad religiosa ucraniana en el Sur de Madrid, para ayudar en lo que se necesitaran. Y esa colaboración fue llevar todo el material humanitario recogido en la Parroquia hacia la zona de Kalush, donde se encuentra el padre Andriy Stefanyshyn, párroco también de esta iglesia getafense, al que la guerra le encontró visitando a sus padres. Pero, recorrer los 3.250 kilómetros que separan Getafe del puesto fronterizo rumano de Siret, no sólo ha quedado en eso.

Pavlo Komarnytskyy, ucraniano vecino de Getafe, traslada junto con otro compatriota a refugiados ucranianos desde Rumanía a Italia.

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Una vez allí no han podido dejar de tender la mano a otras personas y su primera ayuda ha sido para dos familias, doce refugiados ucranianos, a los que han comprado billetes de autobús para que esta misma noche partan hacia España. Y es que llegar a esta zona, donde tantos acuden con la angustia de la guerra gravada en la cara, con el miedo de un futuro incierto y la inmensa pena de dejar a parte de sus seres queridos atrás, combatiendo, ha pesado, y mucho, en el ánimo de estas tres personas que no han dudado en ampliar su viaje.

Esta mañana, Pavlo, que llegó a Getafe con seis años y ahora tiene 28, contaba en ‘Hoy por Hoy, Madrid Sur’ como estaba conduciendo junto con Yurii hacia Bolonia para trasladar allí a seis personas. “Ayer tuvimos una llamada de un voluntario rumano que tenía alojadas a estas personas en su casa y dijimos, pues les vamos a llevar” e inmediatamente lo organizaron todo para ponerse en marcha. El puesto fronterizo de Siret, zona de la que han partido, se encuentra a unos 46 kilómetros de la ciudad de Chernivtsi, de donde llegan la gran mayoría de refugiados a esta parte de Rumanía. Mientras, Enrique se ha quedado en esta frontera esperando a “otra familia que viene de camino”, cuatro niños y tres mujeres

Ni si quiera Pavlo y Yurii saben cuál será su destino una vez que dejen sanos y salvos a sus compatriotas. “Nuestros planes, depende… si Enrique consigue billetes de bus o avión para la familia que está esperando, continuaremos a España, si no, volveremos a por ellos para llevarles a Madrid”. Y así continua su día a día, de momento, llegando a otra frontera cuando hablábamos con ellos. “Oye mira justo estoy en la frontera, os tengo que dejar…”.

Española hija de ucranianos en Ciempozuelos

Y desde el sur de Madrid otros casos como el de María, estudiante de la Escuela de Enfermería de San Juan de Dios de Ciempozuelos, llaman la atención. Esta joven, nacida en España, es hija de ucranianos, peros sus abuelos y tíos viven en Leopolis, una de las más cercanas a la frontera con Polonia, donde acuden muchas de personas para salir del país. “Son días muy duros, llevar una vida normal, mientras sabes que tu familia lo está pasando mal allí, es difícil”, ha contado a SER Madrid Sur.

Cuenta como sus familiares le hablan de supermercado casi desabastecidos y aunque no hay ataques, sí “suenan las sirenas de emergencia” y hay evacuaciones. La guerra hace que no puedan recoger la cosecha, la situación es dramática para todos y María decidió desde el principio de la guerra ayudar como pudo. Ella y unos compañeros contactaron con el Jefe de Estudios de la Escuela y con el Hospital de San Juan de Dios, ambos en Ciempozuelos, para recolectar ayuda humanitaria, que luego trasladan al punto de recogida de Alcalá de Henares, desde donde se lleva al hospital Isabel Zendal para ser transportarlos hasta Ucrania. “Recogemos material sanitario, sobre todo cosas para bebés y alimentos en conservas, arroz, macarrones…” Hay varios puntos de recogida, uno de ellos el ubicado en la Escuela de Enfermería en la que ella estudia.

María y sus padres recogen la solidaridad de los vecinos de este municipio y agradecen sentir el calor de todos, algo que intentan trasladar a sus seres queridos, a miles de kilómetros y en medio de un escenario de guerra devastador.

 
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