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"En el campo de Gusen, conocido como 'El matadero', murieron tres de cada cuatro republicanos y no se conoce": Esther Calcerrada, sobrina nieta de un superviviente

Esther Calcerrada se ha asomado a La Ventana para contar la historia de su tío abuelo, superviviente del campo de Gusen, un anexo de Mauthausen

La Ventana a las 16h | "Sobrevivir a Mauthausen-Gusen" Las memorias de un español en los campos de concentración nazi

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Madrid

Enrique Calcerrada Guijarro huyo a Francia en enero de 1941 con el avance de las tropas franquistas en nuestro país. Primero estuvo en Mauthausen y, después, en Gusen, un campo anexo y mucho menos conocido. Consiguió sobrevivir. Falleció en 2004, pero cumplió su promesa de dejar por escrito todo lo que había vivido en los campos.

Este jueves, que se celebra el Día de la liberación del campo de Mauthausen, es su sobrina nieta, Esther Calcerrada, quien se sienta en La Ventana para hablar de la historia de Enrique. Una que conoció después de su fallecimiento, allá por el año 2005. "Sentí verguenza por no saber nada, hasta que me di cuenta de que son historias intencionadamente olvidadas", explica Esther, que hace hincapié en el desconocimiento que existe sobre el campo de concentración del que su tío fue finalmente liberado: "Sabemos muy poco de Gusen. Fue un campo anexo a Mauthausen, no tiene sentido que no se conoce ni se sepa". Al campo, que le llamaban "El matadero", se le conocía también como "el campo de los españoles", pues era el destino final de la mayoría de los republicanos huidos. "Tres de cada cuatro fueron asesinados", señala Calcerrada.

La necesidad de contarlo

Enrique nació en una familia muy humilde. Una que, además tenía, según cuenta Esther, "mucho afán por aprender". Escribió su testimonio en el año 1970 y no fue hasta el 2003 cuando consiguió que lo editasen. En una tirada muy modesta, para familiares y amigos. Años después, es Esther la que, en su objetivo de darle más visibilidad, que nació tras leer en 2015 'Los últimos republicanos españoles' de Carlos Hernández y darse cuenta de que hablaba del libro de Enrique, ha conseguido que lo edite una editorial más importante.

Según cuenta Esther, fue el hecho de "salir para contarlo", la motivación que Enrique encontró para seguir viviendo. "Él era de los que quería hablar", explica. De hecho, dice, la mayoría de los deportados que optan por hacerlo "no tienen odio ni rencor al hablar de ello". Una falta de conciencia, sobre los campos de exterminio y, en general, de la memoria histórica que preocupa y mucho a Esther. También a los profesores. "Es importante que estos temas se incluyan en los programas docentes", refleja Esther Calcerraada, que ya ha visitado varios colegios para contar la historia de su tío abuelo, que es, a su vez, la de miles de personas que pasaron por lo mismo.

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