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MEMORIA DEMOCRÁTICA

El lugar de la espera, la Fosa 702 del cementerio de San Eufrasio de Jaén

Los trabajos de delimitación continúan mientras los más de 1.000 familiares de las víctimas del franquismo esperan poder recoger los restos para darles una sepultura digna

Reportaje - El lugar de la espera, la Fosa 702 (21/11/2022)

Reportaje - El lugar de la espera, la Fosa 702 (21/11/2022)

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Jaén

El cementerio de San Eufrasio fue escenario de algunos de los momentos más crueles del franquismo en nuestra ciudad. La colina que anteriormente fue el osario del camposanto, guarda en sus entrañas los cuerpos de más de mil fusilados por la dictadura, restos que ahora esperan ser desenterrados para recibir, más de 80 años después, una sepultura digna. Hace unas semanas comenzaban los trabajos de delimitación de la Fosa 702, la más grande del recinto en la que los cálculos apuntan a que hay más de 1.000 cadáveres entre hombres, mujeres y niños. A estos enterramientos se unen los de la 483 y 548, fosa esta última todavía no localizada pero que se cree que podría estar en la zona del cementerio civil.

La exhumación de los cuerpos ha sido un tema que la democracia española tiene pendiente desde hace años. En 2013, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las desapariciones forzadas o involuntarias visitó España y realizó una serie de recomendaciones al gobierno. Sin embargo, cuatro años después, en 2017, emitió un duro informe en el que se mostraba preocupado por los escasos avances y aseguraba que las personas que buscaban a sus familiares desaparecidos durante la Guerra Civil y la Dictadura estaban “librados a su propia suerte” y pedía que se llevase a cabo “un plan nacional de búsqueda”.

La provincia de Jaén cuenta con 28 fosas y, según datos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) , hay más de 3.000 personas enterradas en ellas. Sólo en el cementerio de San Eufrasio de la capital hay más de 1.200 cadáveres, principalmente andaluces pero también extranjeros como portugueses, franceses y argentinos. El teléfono del presidente del colectivo, Miguel Ángel Valdivia, recibe numerosas llamadas de familiares de fusliados pidiendo información sobre la marcha del proceso. El padre de Valdivia fue un preso político que "sabía escribir muy bien a máquinia", ahí llegaba el enterado (visto bueno de Franco para fusilar) y se lo decía a sus compañeros".

Los trabajos

El silencio que se oye en el cementerio solo es roto por las azadas que se clavan en la colina que encierra la fosa más grande. José Luis Serrano es el arqueólogo responsable de los trabajos que podrían extenderse sobre una superficie total de unos 1.500 metros cuadrados. Serrano señala que la fosa presenta "una arquitectura topográfica complicada" y adelanta que "tarde o temprano habrá que desmontar el monumento funerario actual de homenaje porque muy probablemente está colocado justo encima de algunas de las fosas que estamos intentando localizar".

Precisamente, bajo ese monumento está la conocida como Cueva de la Bruja, un espacio en el que hay una gran cantidad de huesos que fueron enterrados de nuevo en 1985 después de un deslizamiento de la colina. De hecho, algunos familiares han colocado una serie de lápidas simbólicas en el muro que delimita el recinto, lápidas de recuerdo a la espera de poder recuperar a los suyos.

Una mujer, ante la lápida de un familiar en el cementerio de San Eufrasio. / Radio Jaén

Serrano también ha adelantado la dificultad que plantean los trabajos ya que esa zona también fue osario. Indica que, cuando aparezcan los cuerpos de los fusilados, éstos estarán "en posicionadas determinadas con conexión anatómica, aparecerán evidencias con proyectiles" y que podrían desvelar las causas de la muerte. Sin embargo, prefiere esperar y señala que "tendremos que hacerlo con patología forense y con forenses aquí a pie de corte".

Los familiares

José Manuel Colmenero y Andrea García, de 47 y 84 años respectivamente, son dos familiares que buscan a los suyos sepultados en el Corralillo de los Ahorcados. Colmenero quiere cumplir con una promesa que le hizo a su abuela: recuperar los restos de su bisabuelo, Juan Pedro Castillo, fusilado el 27 de junio de 1939 con 51 años. Era vendedor en el Mercado de San Francisco y fue asesinado "tras un juicio sumarísimo" después de "tener una denuncia falsa, él no había participado en tiempos de guerra, no había hecho ningún delito, simplemente por ser miembro del PSOE y de UGT". Recuerda sus visitas al cementerio y ver a su abuela llorando y diciéndoles "aquí estaba mi padre, lo fusilaron por ser una persona de izquierdas, era una persona honrada, tenéis que luchar para que esto no siga así".

El Jaén de los años 40 era una ciudad pequeña, de poco más de 54.000 vecinos de los que muchos se conocían y esto es lo que pasó al enterrador del abuelo de José Manuel, mi abuela nos contaba que le comentó que había puesto debajo de la cabeza un trozo de mármol blanco", una especie de señuelo para poder identificar los restos, algo que parece que finalmente se va hacer realidad y es que cada vez queda menos para terminar con la espera ya que tanto él como Andrea ya se han hecho las pruebas de ADN para las labores de identificación.

Valdivia apunta la posible localización de la fosa 548. / radio jaén

Andrea nos atiende desde su casa en Beas de Segura. Nació en plena Guerra Civil, en marzo de 1938 y su vida ha estado marcada por el fusilamiento de su padre, Antonio García, cuando ella tenía solo cuatro años y también por el de su tío, Sebastián Fernández, en 1944. Antonio trabajó en el campo hasta que le tocó ir a la Guerra y posteriormente estuvo "en el campo de concentración de Albatera, en Alicante y luego estuvo tres años en la cárcel de Jaén". Ella no pudo ver a su progenitor en la cárcel y era su madre la que hacía los largos viajes en coche de línea desde Beas hasta la capital jienense para ver a su marido... hasta que fue fusilado.

El objetivo que tienen es común, enterrar a los suyos con los suyos. Andrea, entre lágrimas, señala que "estoy deseando poder recuperar los restos y meterlos en la tumba de mi madre, llevarme a mi tío y a mi padre". Por su parte, José Manuel Colmenero confirma que "estará y acabará con su hija, ella quería mucho a su padre, no pudo hacerlo en vida y lógicamente se enterrará junto a los restos de mi abuela, Dolores Castillo".

Cerca de las excavaciones se sitúan los grandes montones de tierra donde los operarios depositan los cubos llenos que sacan de la colina, montones que crecen a la vez que lo hace la esperanza de los familiares por recuperar a los suyos. Por cerrar una idea que todavía que sigue abierta, por terminar con una situación indigna de una democracia, para que descansen en paz.

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