Alejandro, voluntario zaragozano en Ucrania: “La gente está muy cansada, pero tiene muchas ganas de vivir y de que esto termine”
Alejandro González Clavería ha contado desde Leópolis cómo se ha vivido el inicio de 2026 entre su voluntariado, preparando comida para el frente, y el cansancio de la población por la guerra

Entrevista Alejandro González Clavería.
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Zaragoza
La conexión de Año Nuevo ha llevado la radio hasta Leópolis, en el oeste de Ucrania, a apenas 90 kilómetros de Polonia y a cerca de mil del frente más activo. Desde allí ha intervenido Alejandro González Clavería, profesor zaragozano de El Burgo de Ebro, que ha dedicado de nuevo sus vacaciones navideñas a trabajar como voluntario preparando comida para los soldados del frente. Ha sido su sexto viaje a la ciudad, repartido entre tres veranos y tres Navidades, pese al cansancio, el coste económico y la dureza del trayecto.
Alejandro ha explicado que desde su llegada, el pasado día 27, la ciudad se ha cubierto de nieve de forma constante. El frío ha sido intenso, especialmente cuando ha soplado el viento siberiano, y las condiciones de vida se han complicado por los cortes de electricidad programados, que se han ido repartiendo por zonas. Incluso la mañana de Año Nuevo ha comenzado sin luz en su alojamiento, aunque la cocina comunitaria donde trabaja sí ha tenido suministro durante unas horas, lo que ha permitido continuar con la deshidratación de alimentos en función de los tramos de electricidad disponibles.
El voluntario ha relatado también un problema de salud leve tras beber agua del grifo sin saber que no era potable, algo que le ha provocado malestar durante un día. Tras recuperarse con una sopa caliente preparada por otros compañeros, ha asegurado encontrarse de nuevo en condiciones para seguir colaborando. La falta de calefacción en las viviendas y la imposibilidad de ducharse con normalidad han sido parte de una rutina marcada por la adaptación constante.
En la cocina, el trabajo no ha parado. Alejandro ha contado que han recibido varias toneladas de brócoli, que han incorporado a marchas forzadas en las sopas deshidratadas destinadas al frente. Todo ello se ha realizado en un ambiente de cooperación y esfuerzo continuo, con el objetivo de aprovechar al máximo los recursos disponibles.
El ánimo de la población ha aparecido como uno de los elementos más complejos. Alejandro ha descrito un cansancio profundo tras casi cuatro años de guerra, con un enorme desgaste humano y social. Ha hablado de cientos de miles de muertos, de familias destrozadas y de generaciones enteras de hombres que han desaparecido del país por la muerte o el exilio. Aun así, ha señalado que en ciudades como Leópolis la gente ha intentado mantener una vida relativamente normal, saliendo, celebrando encuentros y aferrándose a pequeños momentos de alegría.
También se ha referido al escepticismo con el que se viven las conversaciones internacionales sobre una posible paz. Según ha contado, muchos ucranianos sienten que las grandes decisiones se toman sin contar con ellos y temen que cualquier acuerdo acabe perjudicando de nuevo al pueblo ucraniano, que ya ha pagado un precio altísimo.
Además del trabajo en la cocina, Alejandro ha participado en el voluntariado en la estación de tren, ayudando a desplazados internos, familias enteras y soldados heridos a bajar de los vagones y encontrar alojamiento. Ha descrito escenas durísimas, con personas mayores, heridos graves y vidas enteras reducidas a unas pocas bolsas. Pese a todo, ha asegurado que la solidaridad sigue siendo una de las mayores fortalezas del país.
La entrevista ha concluido con un deseo compartido: que 2026 sea por fin el año de la paz y que Ucrania no tenga que sumar un cuarto aniversario más de guerra.




