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El Sporting, de rebote, pone fin a su pesadilla

Aunque incapaz de ganarle a un Fuenlabrada descendido (0-0), el equipo gijonés elude definitivamente el riesgo de descenso por los tropiezos del resto de rivales

Los jugadores del Sporting se acercaron a saludar a sus aficionados al final del partido. / La Liga

El Sporting no se ha salvado; al Sporting lo han salvado los demás. La sentencia estuvo acorde al desastre de toda la temporada: un partido pésimo, esta vez ante un Fuenlabrada descendido, en el que el Sporting no fue capaz de ganar, pero logró la permanencia gracias a un pírrico empate a cero y a los resultados de terceros. El desenlace fue terrible: con el corazón en un puño y el partido acabado en el Fernando Torres, cruzando los dedos para que el filial de la Real Sociedad no marcara el 2-3 en Huesca. El gol de los aragoneses se celebró como uno propio, porque suponía que el Sporting no caerá más abajo del fútbol profesional. Qué alivio y, a la vez, qué pena.

Hay poco que celebrar y mucho que reprochar. No es tiempo de fiestas, sino de una profunda reflexión, después del año en el que los que no saben dirigir el Sporting han estado a punto de romper definitivamente el juguete al que siguen maltratando, golpeando contra las paredes. Obviamente es un alivio que el Sporting, aunque haya sido penando hasta el último minuto y pendiente de otros campos, llegue salvado a la última jornada del campeonato. Y hay que valorar el mérito de Abelardo, que no conoce la derrota en los tres partidos que ha dirigido. Por supuesto, también el de una afición que se desplazó en masa a Fuenlabrada a presenciar semejante esperpento. Lo demás, todo un desastre.

El partido de Fuenlabrada, contra un rival ya descendido, fue el fiel reflejo de lo que ha sido durante casi todo el año el Sporting: un equipo desastroso, lamentable, insoportable de ver. Esta vez serían los nervios, la presión o el calor, pero la imagen volvió a ser horrible. Especialmente la primera parte, que compite por ser lo peor que se ha visto en toda la campaña. Y eso que hay dónde elegir. ¿Dónde quedó aquel equipo intenso, presionante y vertical que se vio al inicio del partido frente al Girona? ¿Y ese sobrio y firme en defensa cuando tocaba ceder la posesión al rival? Los dos se quedaron en casa.

Al Sporting le salía todo al revés. Todo es todo. No daba un pase a derechas, era incapaz de construir o llegar al área contraria, no salía de su campo y veía cómo el Fuenlabrada tenía la posesión y generaba más fútbol y llegadas. Para colmo, a los ocho minutos de partido se lesionaba Berrocal, con problemas musculares. La mala noticia no le vino del todo mal al Sporting, ya que sin centrales en el banquillo Abelardo optó por retrasar a Gragera (que cumplió en esa posición) y la entrada al campo de Christian Rivera le dio al equipo gijonés un mínimo criterio a la hora de jugar el balón. No era difícil, pero fue insuficiente.

La mejor (y casi única) aproximación del Sporting en la primera mitad fue un regalo que se encontró Aitor en zona de tres cuartos, yéndose el disparo del onubense cerca del palo. Tampoco sorprendió.

Parecía salir algo mejor en la segunda mitad el Sporting, pero en realidad la mejor ocasión rojiblanca la tuvo un jugador del Fuenlabrada: intentando despejar, Sotillos envió al larguero de su propia portería una falta botada por Pedro Díaz. El propio centrocampista sierense tuvo otra, tras recibir el balón de Djuka, que la había protegido de espaldas casi en el área pequeña. Pedro disparó fuera.

Ya es triste que el mejor del Sporting fuera Cuéllar, el portero, que realizó un par de paradas de mérito. En una Zozulia estaba en fuera de juego; en otra, en el minuto 81, 'Pichu' sacaba con la pierna un balón que se iba para dentro.

Para entonces ya había empatado la Real Sociedad B en Huesca. Abelardo se santiguaba, en el banquillo y en la grada todos los rojiblancos se mordían las uñas y estaban pendientes de la radio. El Sanse, un equipo que sí ha demostrado tener alma, atacaba y atacaba. Pero fue el Huesca el que marcaría el gol que, de rebote, salvaría al Sporting matemáticamente. Los inevitables cánticos de alegría de la afición rojiblanca se mezclaban con algún momento de tensión con futbolistas y familiares de alguno de ellos y cánticos de 'Directiva dimisión'. Porque han jugado con fuego, han hecho el ridículo y no han estado a la altura. La temporada no es para olvidar; es para tomar muchas notas.

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