Opinión

Sobre las ventajas e inconvenientes del turismo en Canarias

EL ENFOQUE 2 ABRIL

01:52

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El problema con el turismo –como con casi todo en esta vida- es que el reconocimiento de los daños que provoca, no debería impedir que entendiéramos los beneficios que aporta. El impacto en el suelo es alto, sí, pero en relación con la economía generada, es mucho más alto en la actividad agraria, e infinitamente más contaminante en el sector industrial, que es inviable en las islas, por otro lado. La terciarización de la economía, y su influencia en los sueldos es también un factor negativo, pero sería mucho más incapaz de mejorar la vida de la gente una economía basada en una agricultura subvencionada y en la aportación al PIB de los empleados públicos y las clases pasivas. Un ejemplo de economía sin el motor del turismo lo tuvimos ya en las islas, y algunos aún la recuerdan: es la economía de la autarquía, en la que el reparto desigual de la riqueza se sustituía por un reparto desigual de la miseria y el hambre.

El problema al juzgar el papel del turismo en nuestro desarrollo económico y social es hacer un juicio radical, caer en las certezas absolutas, en los prejuicios y la falta de sentido común. Hay peligros en el camino, pero Canarias has hecho muchísimo en los últimos años por regular y mejorar su oferta, por reducir el impacto sobre el territorio, por aumentar las infraestructuras y la cadena de valor, por retener más recursos del viajero para que queden en las islas, por reducir el consumo energético y de agua, por incorporar productos locales al consumo turístico y por incorporar lo autóctono a la oferta. Es necesario continuar regulando, establecer normas más restrictivas sobre los recursos –suelo, agua, energía-, usar el turismo para tirar de otros sectores, invertir dinero público en vivienda social, defender nuestra mestiza identidad y mejorar los salarios.

Pero convertir el turismo en algo así como un veneno social, como pretende la turismofobia militante, no es sólo peligroso, es puro suicidio. Sería destruir nuestro mayor recurso, nuestra principal fuente de riqueza.

 
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