Óscar Arroyo, el músico que cambió Madrid por Cantabria para reencontrarse con la creatividad
El fundador de Arrolinton repasa en La Ventana de Cantabria su trayectoria, su manera de componer y la nueva etapa que afronta tras un parón necesario

Óscar Arroyo: "La música me ha regalado muchas más cosas que ser telonero de Metallica"
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Cantabria
Óscar Arroyo, músico madrileño afincado desde hace más de una década en la costa oriental de Cantabria, visitó la sección de música de La Ventana de Cantabria para conversar con Edu Bermúdez y Nacho Varona sobre su trayectoria, su visión de la música y el nuevo ciclo creativo que afronta junto a su banda, Arrolinton. Una charla pausada, cercana y luminosa, que recorrió desde sus inicios en Madrid hasta la búsqueda de sosiego que encontró en la región.
Arroyo llegó a Cantabria hace once años. Como él mismo reconoce, lo hizo casi “sin expectativas”, más allá de descansar del ritmo frenético que durante años mantuvo con Inlogic, la banda madrileña que fundó en 2003 y con la que llegó a telonear nada menos que a Metallica en Rock in Río. Aquel impacto mediático, asegura, nunca le deslumbró tanto como el contacto directo con su público real: “Siempre me hacía más ilusión saber cuánta gente venía a los conciertos que estar unos minutos antes que Metallica”.
Un obrero de la música
Ese espíritu de “obrero de la música”, como él mismo se define, ha guiado su carrera: trabajar, crear, tocar en salas pequeñas, crecer paso a paso y mantener los pies firmes en la tierra. Quizá por eso, cuando la vida le llevó a Cantabria, sintió que comenzaba otra etapa. Un cambio de ritmo que al principio fue incluso desconcertante: “El primer año lo pasé un poco regular porque tenía demasiada tranquilidad. Venía del ritmo estrepitante de Madrid”. Tras vivir en zonas como Puente Arce o Santoña, acabó asentándose en Argoños, donde encontró una conexión natural con el entorno y consigo mismo.
Ese nuevo escenario le abrió la puerta a explorar su yo más creativo. “Me vino muy bien para descubrir mi parte compositiva”, explica. Sin presión, sin prisas, y sobre todo, sin consensos: “En Inlogic componíamos entre todos. Aquí era yo conmigo mismo”. Con algunos equipos básicos montó un pequeño estudio doméstico desde el que fue dando forma a las primeras canciones de Arrolinton.
El grupo, influido por el pop y el folk, ha evolucionado con el tiempo y, tras un parón, lo conforman actualmente Borja Echevarría, Dieguito Fernández, Miguel Santa María y el propio Arroyo. Y aunque no han anunciado nada concreto, se encuentran en el “umbral de una nueva etapa”, abierta a lo que surja y sin presión para volver a los escenarios por inercia: “Quiero tocar donde apetezca, con la energía que toca ahora, no por obligación”.
La democracia creativa
Durante la entrevista, Arroyo abordó uno de los debates más complejos en el funcionamiento interno de las bandas: la democracia creativa. Sin dogmas, reconoce haber pasado por ambos extremos: grupos donde todos opinan y otros donde él marcaba las líneas compositivas.
Su conclusión es clara: cuatro personas opinando sobre la parte creativa “es un follón”. Cree que funciona mejor cuando alguien aporta un punto de partida sólido sobre el que los demás pueden construir. “En toda familia hay un líder. En todo proyecto, también”, reflexiona. Sin embargo, insiste en separar la parte humana de la artística y en la importancia de la comunicación: sin ella, los roles se enquistan y surgen tensiones inevitables.
La charla también dejó espacio para hablar de inspiración y método compositivo. Para Arroyo, la creación musical tiene una parte “mágica” y profundamente intuitiva. No se sienta a componer por disciplina, sino por impulso: “Necesito sentirme creativo por dentro”. Cuando eso ocurre, la melodía aparece casi siempre antes que la letra. Graba pequeñas ideas, las deja reposar y vuelve a ellas semanas después, cuando vuelve a sentir movimiento interior. Y aunque a veces las canciones se atascan, no es de forzar: “Si no fluye, abandono. No me gusta desgarrar la sábana”.
Preguntado por si alguna vez ha llegado a coger tirria a una canción por lo mucho que ha tenido que trabajarla, insiste en que es mejor dejar ir a tiempo que quemar una idea. Un proceso orgánico que encaja con el tono pausado y emocional que caracteriza la música de Arrolinton, marcada por ese sosiego vital que encontró en Cantabria.
Óscar Arroyo afronta ahora un momento de calma creativa, de recomposición y apertura. Sin prisa por volver a la vorágine, sin necesidad de llenar agendas ni escenarios, pero con la certeza de que la composición seguirá siendo su refugio. Y, presumiblemente, también el espacio desde el que nacerán las próximas canciones de Arrolinton.

Eduardo Bermúdez Dapena
Licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Redactor de la Cadena SER en Cantabria....




