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Los rascacielos medievales de Cuenca y otros sorprendentes ejemplos en el mundo

Un recorrido por distintas ciudades que conservan aún edificios, algunos de cerca de cien metros de altura, que se construyeron en la Edad Media

Rascacielos medievales de Cuenca, Bolonia, San Gimignano y Shibam. / Visitacuenca.es/Google

El casco antiguo de la ciudad castellana de Cuenca está declarado, junto a sus hoces, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1996. Uno de los elementos más significativos de su arquitectura son sus “rascacielos medievales”, esos edificio de hasta once y doce plantas incrustados en las cornisas rocosas que se asoman al precipicio de los ríos Júcar (barrio de San Juan) y Huécar (barrio de San Martín) que bordean la ciudad.

Los rascacielos son una más de las estampas conquenses, algo de lo que presumir ante los visitantes: “¿Sabe usted que en Cuenca tenemos rascacielos?” Algo tan típico que hasta se vende resolí, el típico licor de la ciudad, en botellas con forma de estas edificaciones tan populares.

Cuenca no es la única ciudad que conserva rascacielos medievales. Y para muestra otros tres ejemplos, dos en Italia, en Bolonia y en San Gimignano, y otro en Yemen, en Saná y Shibam. El recorrido lo hacemos siguiendo el hilo que nos marca la cuenta de Twitter @Albertofm20 detrás de la cual está Alberto Frutos, un joven extremeño de Valverde de Mérida que estudia Medicina y que aprovecha sus más de 27.500 seguidores para divulgar contenido sobre geografía, historia, arte o arquitectura. Con él hemos conversado en Hoy por Hoy Cuenca.

Los rascacielos medievales de Cuenca y otros sorprendentes ejemplos en el mundo

Los rascacielos medievales de Cuenca y otros sorprendentes ejemplos en el mundo

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Bolonia

Bolonia es una ciudad el norte de Italia, capital de la región de Emilia-Romaña, cerca de los Apeninos con uno de los cascos medievales más grande de Europa. Por encima de los tejados de palacios e iglesias sobresalen algunas torres de origen medieval que aún se conservan como testigos de una época de rivalidades entre los partidarios del Pontificado y los del Sacro Imperio Romano Germánico. Corrían los siglos XII y XIII cuando proliferaron aquellos “rascacielos medievales”, entre 80 y 200 podrían haberse alzado al cielo boloñés, que poco a poco fueron sucumbiendo al paso de los años. Apenas unas cuantas sobreviven y dos de ellas se muestras aún esbeltas para atestiguar el pasado glorioso que les precedió: la de Ansinelli (97,6 m) y la de Garisenda (48 m).

Vista de los rascacielos medievales de Bolonia.

Vista de los rascacielos medievales de Bolonia. / Google

San Gimignano

Nos ubicamos ahora en la Toscana italiana, entre las ciudades de Siena y Florencia, donde encontramos la localidad de San Gimignano. Conserva un casco histórico medieval amurallado declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1990. El esplendor comercial de esta comarca entre los siglos XII y XIV llevó a las familias más adineradas a competir en cuál de ellas levantaba la torre más alta. En San Gimignano fueron los Ardinghelli y los Salvucci quienes más rivalizaron. Se llegaron a edificar más de setenta rascacielos, algunos de hasta 70 metros, que fueron fortalezas, prisiones u hospederías en este pueblo ubicado en el camino de las peregrinaciones a Roma. Pero la peste negra se llevó por delante la mitad de sus habitantes en 1348 y el tiempo se encargó de allanar el skyline de San Gimignano. A día de hoy aún perduran 14 torres que mantienen el apelativo de Manhattan medieval para este pueblo italiano.

Vista de la localidad italiana de San Gimignano con sus rascacielos medievales.

Vista de la localidad italiana de San Gimignano con sus rascacielos medievales. / Google

Shibam

En Yemen encontramos la Manhattan del desierto: Shibam, localidad de unos 7.000 habitantes perteneciente a la Gobernación de Hadramaut y declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1982. Destaca en su arquitectura los rascacielos medievales que se asoman, como en Cuenca, al exterior del casco urbano, que sirven de muralla y que forman una fachada de colores ocres y blanquecinos por los que se dispersan decenas de ventanas y balconcitos. Levantados en los siglos XVI y XVII, están construidos en adobe, material que evita el paso del calor al interior, por lo que, a día de hoy, siguen habitados. Los más altos tienen hasta 16 pisos y superan los 40 metros. Más allá de la fachada de rascacielos, en el interior de Shibam, las calles serpentean estrechas y laberínticas evitando que el sol abrasador del desierto llegue a tocar el suelo.

Vista de los rascacielos medievales de Shibam, en Yemen.

Vista de los rascacielos medievales de Shibam, en Yemen. / Wikipedia

Los rascacielos de San Martín en Cuenca

¿Qué sensación debía producir en un habitante del Medievo asomarse a una altura de diez u once pisos todas las mañanas? Desde las primeras décadas del siglo XX comenzaron a construirse los rascacielos en las grandes ciudades y esas figuras estiladas surgieron de repente entre las casas buscando las alturas, ofreciendo una solución al aumento de población en las grandes urbes. Esa fue también la idea que llevó, cinco siglos atrás, a los arquitectos de la vieja ciudad de Cuenca a descolgarse en las hoces haciendo casas suspendidas en el abismo. Durante siglos, los rascacielos de San Martín fueron los edificios más altos de España, hasta el desarrollo de nuevas técnicas constructivas que utilizaban el hormigón. Estos edificios están hechos con piedra, madera, argamasa y yeso. Algunos tienen hasta diez y once plantas. Curiosamente, el edificio más alto de la Cuenca moderna, la Torre Blanca de la plaza de Santa Ana, sólo tiene diez plantas.

Los rascacielos de San Martín tienen su entrada por la calle Alfonso VIII, entre los números 1 y 77 y van a asomarse a la hoz del Huécar. Se construyeron desde el siglo XV al XIX como solución a la escasez de terreno en el promontorio rocoso sobre el que se levantaba a ciudad. Fue la solución buscada por unos arquitectos imaginativos y temerarios que no dudaron en desafiar a la gravedad con tal de que la población aumentante de la Cuenca medieval no tuviera que edificar sus casas fuera del recinto amurallado.

Vista de los rascacielos de Cuenca desde los jardines del Museo Paleontológico (MUPA).

Vista de los rascacielos de Cuenca desde los jardines del Museo Paleontológico (MUPA). / Cadena SER

Si entramos en cualquiera de ellos, por la supuesta planta baja de la calle Alfonso VIII, nos encontraremos con casas estrechas y plagadas de escaleras que suben y que bajan. A pie llano, ese piso, esa planta baja es un quinto o un sexto cuando cruzamos el pasillo y nos asomamos a las ventanas que dan a la hoz. ¡Oh, sorpresa! De repente estamos en un quinto piso. Y otros cinco más hacia arriba. No tiene lógica y explicárselo a alguien que no lo conoce puede ser divertido y casi imposible.

La incomodidad de vivir en estas casas, estrechas y sin ascensor, se supera con las bonitas vistas hacia la hoz, sobre el barrio de San Martín y frente al cerro del Socorro. La arquitectura vertical que predomina en todo el casco viejo de Cuenca cobra en estos edificios aires de grandeza. Apoyadas sobre la roca y, a su vez, en las viviendas laterales, elaboradas con tosca mampostería y vigas de madera, estas casas acogen, aún hoy en día, a vecinos de Cuenca de toda la vida. En ellas encontramos también desde restaurantes hasta alojamientos turísticos, coquetas casas rurales en medio de una ciudad medieval, que se ofertan como hospedaje para aquellos que quieran dormir en un rascacielos del siglo XV, construido cinco siglos antes de que William F. Lamb ideara el Empire State de Nueva York. A los rascacielos de Cuenca les queda mucho por crecer para igualar a ese edificio pero se conservan casi como el primer día y guardan en su interior la esencia de las casas coquetas y acogedoras de la ciudad antigua.

Rascacielos de San Juan en el casco antiguo de Cuenca.

Rascacielos de San Juan en el casco antiguo de Cuenca. / Cadena SER

De fachadas luminosas y coloridas en la calle Alfonso VIII, muestran su cara pálida hacia el río, salpicada de ventanucos que son ojos de madera por los que asomarse a la inmensidad del paisaje conquense. Apiñados en la cornisa como piezas de un ‘tetris’ de piedra, por su fachada de San Martín aparecen estrechos, y por sus ventanas se asoma la vida del interior en forma de ropa tendida o del humo de una cocina donde borbollonea una olla de cocido o de potaje de bacalao.

Si paseamos al pie de estos edificios, por las calles bajas del barrio, pasando ya la iglesia de Santa Cruz, los viejos rascacielos nos acompañan vigilantes allá arriba. No hay vecinos que se asomen a más altura en toda la ciudad de Cuenca, y si en el último piso no se oyen los ruidos de la calle, ni el rumor del río, cierto será que sus moradores gustan más de la compañía de las golondrinas y los gorriones, hasta del buitre leonado de la Serranía, que se asoma curioso a sus tejados preguntándose qué extraña especie animal habrá construido su nido a semejante altura.

Rascacielos de San Martín en el casco antiguo de Cuenca.

Rascacielos de San Martín en el casco antiguo de Cuenca. / Cadena SER

Paco Auñón

Paco Auñón

Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...

 
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