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¿Por qué se utilizan los tapones de corcho en el vino?

Fue a mediados del siglo XVIII cuando se extendió su uso gracias a la visión de Pierre Pereignon: un monje de la Champagna francesa que supo detectar que el corcho evitaba que el carbónico de la segunda fermentación en botella descorchara las botellas

El corcho es clave para la evolución de los vinos y para el desarrollo de sus cualidades intrínsecas / Tetra Images

Toledo (Toledo)

El preámbulo de disfrutar un buen vino pasa por la liturgia previa de quitar el tapón de la botella, pasa por descorchar. El corcho de una botella de vino es mucho más que un simple cierre. Es un agente secundario que muchas veces pasa desapercibido, pero que juega un papel protagonista.

Como compañero indispensable de una botella, no podemos menospreciarlo. Además, debemos identificar si, en un momento dado, el corcho no está en el estado deseable para mantener correctamente un vino.

De la Bodega a la Mesa (25/02/2024)

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Por su carácter orgánico, el corcho es un cierre incomparable que resulta de vital importancia para la evolución de los vinos y para el desarrollo de sus cualidades intrínsecas. Cada vez que se cierra una botella con un tapón de corcho, empieza un auténtico viaje para el vino.

El corcho es la corteza del alcornoque (Quercus suber L.), un árbol milenario que crece en la cuenca del Mediterráneo. La corteza se extrae cada nueve años sin talar ni dañar el árbol, y constituye uno de los mayores prodigios de la naturaleza.

Durante mucho tiempo, la manera en la que el tapón interactúa con el vino permaneció envuelta en un misterio que dio origen a algunos mitos. Una de las ideas más extendidas era que el corcho "podía respirar". Pero los recientes estudios demuestran que esta idea estaba equivocada. Tras el embotellado, es el oxígeno que hay en el interior del tapón de corcho (y no el aire exterior de la botella) el que circula e interactúa con el vino, contribuyendo así a su evolución.

Por tanto, es la acción del corcho sobre los compuestos del vino lo que lo vuelve más complejo e interesante: los compuestos fenólicos liberados, por ejemplo, actúan sobre el vino a lo largo del tiempo.

¿Cómo empezó a utilizarse el corcho en el vino?

El binomio formado por el vino y el tapón de corcho se originó hace miles de años, y solo se rompió durante la Edad Media. Las investigaciones arqueológicas han demostrado que los egipcios, los griegos y los romanos ya utilizaban cierres de corcho. Pero fue a mediados del siglo XVIII cuando se extendió su uso gracias a la visión de Pierre Pereignon: un monje de la Champagna francesa que supo detectar que el corcho evitaba que el carbónico de la segunda fermentación en botella descorchara las botellas (gracias a su capacidad de contraerse con los cambios de presión y temperatura).

Desde entonces, el uso del corcho para cerrar las botellas de vino se consagró de manera definitiva para todos los vinos pero, especialmente, para los vinos Reserva y Gran Reserva (o, lo que es lo mismo, todos aquellos vinos que permanecen durante largos periodos de crianza en bodega).

Corcho natural o sintético: ¿Qué diferencia hay?

Las principales ventajas de los tapones sintéticos pasan porque, al tratarse de un material inorgánico, evitan las infecciones de hongos. Además, este material permite controlar mejor el vino dentro de la botella así como facilitar el almacenaje en vertical de las botellas (que ya no necesitarán mantener la humedad de los corchos ni facilitar la entrada de oxígeno).

Sin embargo y a pesar de todas las virtudes, es importante tener en cuenta que este tipo de tapones sintéticos no son aptos para todos los vinos. Dada su consistencia y falta de elasticidad, no permiten la entrada de aire por lo que tan solo son aptos para vinos que no necesitan una larga evolución en botella (ya que no podrán contar con la entrada de aire característica del corcho).

Ventajas e inconvenientes que, sin duda, no han desbancado el reinado del tapón de corcho.

¿Se pueden reciclar los tapones de corcho usados?

Sí. Al tratarse de un producto 100 % natural, los tapones son biodegradables y no contaminan el medioambiente si se tiran a la basura. No obstante, son totalmente reciclables y reutilizables. Aunque el corcho reciclado no se vuelve a transformar en tapones, puede utilizarse en materiales de revestimiento, aislamiento, tablones de corcho, kayaks de alta competición, raquetas de bádminton, pelotas de tenis y de críquet, componentes de automóviles y aviones, piezas de diseño y moda, y para muchos otros fines.

 
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