Opinión

Derecha clásica: ¡se busca!

La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz

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Una alumna me comentó ayer que había oído en los medios de comunicación que estamos amenazados por el comunismo del gobierno actual y quería conocer mi parecer. Otro quería saber si el PSOE es hoy un partido político de izquierdas y si VOX era fascista. Son jóvenes que van a votar en las elecciones del próximo domingo. Forman parte de esa juventud que se nutre de las principales víctimas de la concatenación de crisis que venimos padeciendo y, sobre todo, del deterioro de la democracia que nos asola.

Trabajar permanentemente con personas que siempre tienen esa franja de edad nos da a los docentes una perspectiva muy enriquecedora que permite identificar bien algunos problemas de la sociedad actual. Para completar mi reflexión, voy a echar mano de dos lecturas de sendos politólogos, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, especialmente oportunas: Cómo mueren las democracias, publicado en 2018, y, de este mismo año, La dictadura de la minoría. Aunque basados en el caso de EE.UU. su análisis se puede catalogar de global. Básicamente, hablamos del retroceso democrático y de la degradación institucional en la que estamos sumidos desde hace ya tres lustros al menos.

En la estructura de los gobiernos denominados democráticos se ha colado una nueva generación de políticos y líderes de distintos ámbitos del tejido social, que utilizan los instrumentos propios del sistema para actuar desde el poder de forma autocrática, en ocasiones muy próxima a la instalación de totalitarismos tan dogmáticos como los de las vetustas y anquilosadas ideologías que vieron la luz en el siglo XIX. Los vemos aparecer en diversas latitudes y con orígenes muy heterogéneos, pero tienen en común el ejercicio de liderazgos autoritarios que perturban o incluso destruyen las formas más básicas de participación y autorregulación, y no han necesitado golpes de Estado para alcanzar la cima del poder.

Para entender la gravedad que aflige a la democracia bastaría recordar que hoy falta interés político, que ha disminuido el apoyo a los gobiernos y que se generaliza la pérdida de confianza en ella y en sus principales actores: partidos y líderes. Sin embargo, eso es compatible con las mayores demandas de participación horizontal de cada vez más potenciales votantes. Los principales indicadores del comportamiento autoritario son el rechazo o aceptación a medias de las reglas del juego democrático; la negación de la legitimidad de los oponentes políticos; la intolerancia, con la consiguiente validación de la violencia; y, por último, la predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluyendo todo medio de expresión pública. Los principales responsables de este deterioro son los partidos políticos como garantes de la intermediación política. En la izquierda, donde no existe ni el socialismo ni el comunismo -a pesar del manoseado estribillo que se repite desde Madrid, por ejemplo-, ni mucho menos se atisba una revolución, domina la división y no se alcanza un programa de mínimos en cuestiones básicas como la vivienda, el empleo o la alimentación. Además, se ha perdido la batalla cultural y el dominio de las redes, donde tienen menos youtubers y bots. En la derecha se echa en falta su factor conservador civilizado -recuerdo ahora la aportación de Fraga distanciándose de Fuerza Nueva e integrando a sus fieles en el sistema- y se admite a la ultraderecha “homologable”. Pero han sabido explotar su malestar neurótico con un relato contundente, fácil, que atrapa, aunque no resista la contrastación y esté cargado de mentiras porque resulta más estimulante que las verdades banales que ya nos sabemos y que se antojan rutinarias.

Queda refugiarse en el reformismo y luchar contra este autoritarismo como estrategia desde la que defender la democracia. Porque hay que hacerlo y actuar con medidas concretas. Como dicen Innerarity y Alba Rico, ayudemos a la derecha clásica, “que no se está entendiendo correctamente a sí misma”.

 
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