Sociedad

Isaías Lafuente: "Es imposible sembrar concordia sobre la desmemoria"

Lafuente estará en Palencia el próximo miércoles para recoger el Premio Luis María Rivas de Periodismo

El periodista palentino Isaías Lafuente, reconocido con el Premio Luis María Rivas de Periodismo, responde a preguntas de la Agencia EFE sobre periodismo, política y la responsabilidad de periodistas, políticos y ciudadanos en tiempos de bulos y cortinas de humo / Carlos Ruiz

EFE / Almudena Álvarez

El periodista palentino Isaías Lafuente destaca la belleza de la palabra concordia y considera "obsceno" el uso político que hacen de ella los gobiernos de PP y Vox en Aragón, Valencia y Castilla y León porque "es imposible sembrar concordia sobre la desmemoria".

En una entrevista con EFE Isaías Lafuente, que acaba de ser distinguido con el Premio Luis María Rivas de Periodismo creado por CLABE (Club Abierto de Editores) y la Asociación de la Prensa de Palencia, hace un reparo de la situación de los medios y la actualidad política del país.

PREMIO PERIODISMO

P- Enhorabuena por este premio que acaba de crearse en su tierra. ¿Conocía a Luis María Rivas?

R.- No lo conocí personalmente, pero toda la gente que me ha hablado de él me ha contado que era una bellísima persona y un periodista excepcional. Me enorgullece recibir un premio que lleve su nombre porque, sin duda, él habría sido merecedor de obtenerlo. Y cuando se olvide quién fue el primer periodista que recibió este premio, el nombre de Rivas seguirá brillando como merece.

P- Usted encabeza su perfil de X con una frase que definiría perfectamente a Luis Rivas: Soy periodista. Pienso, luego insisto. ¿Qué le sugiere hoy en día la palabra periodista?

R- Me sugiere lo mismo que me sugería cuando decidí dedicarme a este oficio que me ha permitido saciar mi curiosidad personal y ponerla al servicio de mis conciudadanos y de la sociedad. Los periodistas somos meros intermediarios de un derecho fundamental en una democracia, la información, que es generador de otros. Para ejercer y reivindicar nuestros derechos debemos tener una opinión formada. Y es imposible que una persona desinformada tenga una sólida opinión formada.

P-Va a recibir el premio en el marco de un Congreso de Editores en el que se van a analizar los retos de los medios de comunicación. ¿En qué momento cree que estamos?

R-Creo que es manifiestamente mejorable. Llevamos tiempo enfrentándonos a un cambio de época en el que la tecnología, lo digital, las redes sociales, han irrumpido como un tsunami, como empieza a asomar la inteligencia artificial. Pero, aparte de mirar a nuestro alrededor, tenemos la obligación de mirarnos a nosotros mismos.

No es posible hacer más cosas con menos medios y con menos personas, es imposible que los buenos periodistas maduren si llegan a las redacciones con fecha de caducidad, no es posible exigirles calidad cuando les estamos ofreciendo precariedad. Los medios deben recordar que la buena información cuesta y los ciudadanos deben saber que la información solvente hay que pagarla. Porque lo gratis, en esta materia, nos puede salir muy caro.

OBLIGACIÓN DE INFORMAR Y COMUNICAR

P- ¿Cree que el periodismo local es necesario?

R- Lo creo firmemente. Si uno repasa la lista de los periódicos que hoy se publican en nuestro país, la inmensa mayoría de los diarios centenarios son locales. Y algunos, como el Diario Palentino o El Norte de Castilla ya han pisado tres siglos. La cadena en la que trabajo, la SER, que este año cumple cien años, se constituyó a partir de emisoras locales. El interés por lo global es compatible con el interés por lo que sucede en tu calle, en tu barrio, en tu ciudad.

P- Si leer es un superpoder. ¿Tenemos los periodistas superpoderes? ¿Sabemos usarlos?

R- Por fortuna, vivimos en una sociedad en la que leer ya no es un privilegio de una élite alfabetizada, como lo era hasta hace muy poco tiempo en términos históricos. Así que leer ya no es un poder, el verdadero poder es poder hacerlo. Y el superpoder es comprender en profundidad lo que se lee o hacer comprender lo que escribimos o lo que decimos.

P- ¿Qué es más importante, lo que se dice o cómo se dice?

R- Lo importante es lo que se dice, si es importante, claro. Pero también es muy importante el cómo se dice. Porque nuestra obligación es informar y comunicar. De nada sirve contar cosas si nadie nos entiende.

P- El lenguaje periodístico ¿se ha empobrecido?

R- Creo que el lenguaje periodístico, como el lenguaje en la sociedad, se ha adaptado a los nuevos tiempos y se ha desprendido del engolamiento propio de otras épocas. Y de la misma manera que si uno bucea en el pasado encuentra engolamientos pobres, hoy puede encontrar riqueza y belleza en el lenguaje llano de muchos periodistas. Sólo hay que saber buscarlo.

RESPONSABILIDAD PARA FILTRAR LOS BULOS

P.- ¿Dónde queda la reflexión en un país que vive a golpe de titular?

R- La reflexión siempre es un buen escudo para afrontar cualquier situación en nuestra vida. Y es imprescindible para saber discernir entre unos titulares y otros.

P- Los bulos están a la orden del día. ¿Qué responsabilidad tenemos los periodistas y los medios de comunicación?

R- Creo que a muchos ciudadanos les importa la verdad y creo que los bulos están presentes en nuestro día a día como lo estuvieron en el pasado, algunos fabricados y sustentados por medios de comunicación aparentemente serios.

Es verdad que en estos momentos hay una auténtica industria dedicada a fabricar bulos con intereses oscuros. Y la responsabilidad que tenemos los medios es detectarlos, no difundirlos o desmentirlos, si es el caso.

Y también existe una responsabilidad ciudadana. Porque los bulos se difunden hoy más rápidamente y de forma más masiva, es verdad, pero también lo es que, en la misma herramienta por la que se filtran estas mentiras, los ciudadanos tenemos instrumentos que nos permiten detectarlas. Sólo se necesita un mínimo esfuerzo.

P.- Pero ¿Cómo podemos los periodistas discernir con tanta cortina de humo?

R- Haciendo nuestro trabajo siguiendo a Machado, parándonos a distinguir el eco de las voces.

CRISPACIÓN POLÍTICA

P- Y la palabra portavoz, ¿qué le sugiere?

R- Es una palabra hermosa y digna porque encierra la condición de quien merece la confianza de un grupo para expresarse ante la sociedad. El problema, a veces, no está en la palabra, sino en el grupo o en el propio portavoz.

P-De todos los portavoces que hay actualmente ¿Quién le da más miedo cada vez que abre la boca?

R- El que pretende tomarnos a los ciudadanos por imbéciles.

P- ¿Qué opina del lenguaje crispado de la política, la agresividad dialéctica que vemos en las sesiones del Congreso?

R- La agresividad dialéctica suele esconder ausencia de argumentos e incapacidad para el diálogo, dos males impropios de un representante político. El grito no convierte el insulto en halago ni la mentira voceada se transforma en verdad.

P- ¿Para manipular hay que saber usar el lenguaje o los ciudadanos nos conformamos con cualquier cosa?

R- Para manipular, en el sentido malo del término, hay que saber usar el lenguaje y tener muy poca vergüenza.

CONCORDIA

P- ¿Qué le sugiere la palabra concordia?

R- Me parece una palabra tan bella que me resulta obsceno oírla en personas que se dedican profesionalmente a sembrar a diario la discordia o que pretenden enarbolarla para no hacer memoria sobre un régimen que se dedicó a dinamitarla en nuestro país durante cuarenta años de dictadura. De la memoria puede brotar o no la concordia, pero es imposible sembrar concordia sobre la desmemoria.

P- ¿Se debería incluir la palabra lawfare en la RAE?

R- En general, creo que, si tenemos una alternativa en español, es preferible usarla. Pero si una palabra se extiende, creo que debería encontrar un hueco en el diccionario, aunque sea en cursiva, como extranjerismo. En cuanto a esta palabra concreta, lo grave no es que esté o no en el diccionario, sino que exista la más mínima duda sobre si la práctica que nombra existe. En una democracia, eso es lo preocupante...

P- En el panorama político actual, ¿a quién destacaría por su elocuencia/inteligencia?

R- Pues me gusta el talante de políticos como Aitor Esteban, que es capaz de ser duro y elegante a la vez con sus adversarios, de hablar de cosas serias sin perder el sentido del humor, de elevar el tono del debate con un lenguaje llano, de acordar o discrepar sin hacer ruido para encontrar un minuto en el Telediario.

P- De la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, dicen que es un verso suelto ¿vale más por lo que dice o por lo que calla?

R- El verdadero problema de personajes como Isabel Díaz Ayuso es que pueden decir lo uno y su contrario, a su conveniencia, con absoluto desparpajo, y que piden responsabilidades a todos sin asumir una sola de las propias. Es de esas personas que pretenden elevar su perfil personal y político a base de manchar el de sus adversarios. Y nunca he entendido qué sentido tiene, porque ser mejor que el peor de los peores no te convierte necesariamente el algo bueno.

P- ¿Qué opina de la dialéctica de nuestro vecino y ministro, el vallisoletano Óscar Puente?

R- Me parece contundente y eficaz. Y me gusta más cuando exprime la ironía sin llegar a pisar el barro, que a veces le pasa, como cuando se dirigió a Feijóo en el debate de investidura de Pedro Sánchez "de ganador a ganador".

P- ¿Tiene esperanza en que haya luz detrás de tanta cortina de humo?

R- No tengo la esperanza, tengo la certeza de que tras cada cortina de humo siempre hay luz. El panorama, en general, tiene tintes preocupantes, pero de peores situaciones hemos salido.

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