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El relato de una mujer que denunció a una red de explotación: "Me dijo que había pagado y que yo era suya"

Ana, nombre ficticio, acudió a la policía tras pasar dos meses obligada a mantener relaciones sexuales todo el día, incluso con menores de 14 años, y a consumir drogas o transportarlas

Reportaje EP 22 | Ana y su lucha para salir de la prostitución

Reportaje EP 22 | Ana y su lucha para salir de la prostitución

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Madrid

El pasado mes de marzo en los medios de comunicación apareció la noticia de que la policía nacional había desmantelado una red de explotación sexual y había liberado a tres mujeres que eran forzadas a ejercer la prostitución a cualquier hora del día, a veces sin protección e, incluso, con menores de 14 años. Todo había sucedido entre los meses de octubre y diciembre del año pasado (2021) y ahora, la mujer que denunció a la policía los hechos, quiere contarlos también públicamente para evitar que otras mujeres se prostituyan.

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Ana (nombre ficticio) entró en la prostitución porque no tenía trabajo, ni un currículum para encontrarlo y no quería que sus hijos tuvieran ninguna necesidad. "Y empecé a ejercer la prostitución durante el verano pasado. Normalmente me metía en una página, veía a algún chico que necesita una chica y quedábamos en un hotel y acordábamos el precio", explica.

El contacto con la red

Al poco tiempo encontró a una amiga que le habló de un lugar "en el que me dijo que podía ganar mucho dinero". El local se encontraba en el distrito de Usera, de Madrid. Era un bajo con tres puertas de acceso. Allí, Ana pasó desde finales de octubre hasta principios de diciembre, cuando dio el paso de denunciar. Casi todo el tiempo sin poder salir de la vivienda. "Si teníamos que salir una de las encargadas nos acompañaba. Solamente podíamos ir a comprar preservativos, nada más".

En una de las ocasiones suplicó poder ir a su casa para atender a sus hijos. "Le pedí llorando que me dejara salir, porque se lo tenías que pedir así para causarle un poco de pena. Yo le dije que necesitaba dinero porque mis hijos no tenían nada en la nevera". Esa vez consiguió que le diera 50 euros y un par de horas. Cuando Ana consiguió llenar el frigorífico para sus hijos, la sensación de felicidad por ver que no les iba a hacer falta nada le hizo volver al lugar donde la estaban prostituyendo.

Menores de 14 años

En el local había cámaras de vigilancia para saber en todo momento lo que hacían las siete mujeres. Allí iban algunos hombres que, además de obtener sexo por dinero, consumían drogas. "Un cliente que venía muchas veces se tiraba dos días en la habitación y teníamos que hacer un turno cada una. Además teníamos que atender a otros clientes. Aquello era puerta que abrías, puerta que cerrabas. Y no nos podíamos duchar más que con agua fría". Algunas veces había hombres violentos. "A uno se le acabó el tiempo y ya no tenía más dinero. Cuando yo iba a salir de la habitación me agarró de las muñecas y me tiró del pelo. Me dijo que él había pagado y que yo era suya. Se volvió loco y me tuve que encerrar en una habitación porque el chico quería llevarme a su casa", recuerda con tristeza Ana.

La propietaria no solo obligaba a estas mujeres a mantener sexo sin descanso, algunas veces sin protección, también las utilizaba para transportar droga y las obligaba a consumirla. Pero lo peor llegó el día en el que aparecieron menores de 14 años. "Ese día fue lo más grave. Se sabía que era menor. Ella me dijo: 'viene un chico que quiere que le quites la virginidad'. Yo no puedo entender como después podía alegrarse y me decía que me admiraba por haberle quitado la virginidad a ese niño. Yo le dije que a ese niño le había destrozado la vida como ella me la había destrozado a mí", recuerda Ana entre lágrimas y sin poder borrarlo de su cabeza.

El miedo

Ana tenía miedo de escapar de la casa. Pensaba en no poder llenar la nevera para sus hijos, sentía miedo de que la dueña del local la drogase con la comida y dejó de comer. Veía que todas las compañeras callaban. Que el silencio reinaba en esa casa. "Tenía una autoridad sobre nosotras que nos anulaba. Yo sentía que estaba en un trabajo y que tenía que cumplir, quisiera o no quisiera", recuerda.

Hasta que un día se atrevió a dar el paso de irse cuando vio como obligaban a una compañera a llevar droga a un domicilio y al negarse esa mujer, la humillaron. Era una madrugada de diciembre. "Lo primero que dije es que no quería hacer más servicios sexuales. No quería estar sometida. Y ahí es cuando tuve el valor de recoger mis cosas, con mucho miedo. Me acerqué a ella, le dije que me iba y que pensaba denunciarla. No tenía derecho a tenernos sometidas, era una esclavitud".

La denuncia

Ana quiere hacer pública su historia porque quiere evitar que le pase a otras mujeres. Ni quiere que pasen por el infierno que ella vivió. De momento, el próximo día 20 de mayo está citada en un juzgado de instrucción de Plaza de Castilla como perjudicada por un delito de prostitución, pero como investigada por un delito contra la salud pública por haber transportado la droga que les ordenaba mover la dueña del local.

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