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Cañada Real, mil días sin luz: "Quieren quitarnos de en medio"

La población más vulnerable de la Cañada lleva casi tres años sin suministro eléctrico mientras se aceleran los derribos en el estigmatizado sector VI. "Hacen esto para poder barrernos", denuncia una representante vecinal señalando al gobierno de Ayuso

Cañada Real, 1.000 días sin luz

Cañada Real, 1.000 días sin luz

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La realidad de la Cañada Real es dispar dependiendo de la latitud. Mientras al norte, en Coslada, las viviendas están plenamente integradas en el entramado de la localidad, en el extremo sur de esta kilométrica cremallera de asentamientos, las familias del denominado sector VI padecen el castigo de la administración, sin suministro eléctrico (este verano se han cumplido los 1.000 días sin luz) y la amenaza permanente de los derribos. Además, allí cargan con el estigma de la droga.

- "¿Venís a consumir, no?", pregunta un agente de la Policía Nacional a la entrada de la zona en la que concentra el menudeo.

Tres kilómetros más adelante reside Elena Martín, madrileña de Cuatro Caminos que hace 30 años se mudó a un lugar bucólico, alejado del mundanal ruido, en el que echó raíces. "Cuando vinimos aquí estaba lleno de huertos, de casitas, y ya no es así", cuenta la mujer, que presidió durante años la asociación vecinal del sector VI, ubicado en los confines de la capital, en el distrito de Villa de Vallecas. Un lugar tan alejado de todo que allí fue a parar el vertedero de la ciudad, el de Valdemingómez. Queda a apenas unos cientos de metros de la vivienda de Elena. Sin embargo, ningún camión ha pasado a recoger los desechos y cascotes de los últimos derribos, que pintan un paisaje de posguerra.

"Hacen esto para poder barrernos. Quieren quitarnos de en medio, diciéndolo claro.", denuncia Elena señalando al gobierno de la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso, a la que atribuye tanto el corte del suministro eléctrico como la voracidad de los derribos. "Como nos quieren barrer, mantienen esta situación porque les viene bien, así nadie se queja ni protesta cuando vienen con el tema de los realojos. Si no tienes luz y tienes que apañarte con estufas, con chimeneas, estás deseando que te den un realojo para marcharte, obviamente", apostilla.

Elena Martín ha podido instalar placas solares en el tejado de su vivienda, aunque otras familias vecinas "siguen sin nada de luz", acaso con un motorcillo de gasolina "que ponen dos horas al mediodía y dos horas por la noche". Ella ha podido esquivar el apagón, pero no la orden de derribo, que llegó a su buzón el pasado mes de julio. "Yo tengo claro que me tendré que ir de aquí", admite Elena, aunque reclama a la Comunidad de Madrid una negociación: "A mi me dejaron construir esta casa, llevo más de treinta años en ella, pagando la contribución, así que lleguemos a un acuerdo. No me quieras echar y meterme en un piso de realojo que mañana, por lo que sea, viene un fondo buitre y acabamos todos en la calle".

Verano sin ventilador

Si el futuro del sector VI pinta negro, el del sector V, ubicado un poco más al norte, colindante con Rivas, también es lúgubre. Allí hay algo de suministro eléctrico, pero tan escaso por los limitadores de potencia instalados por la empresa Naturgy que las familias deben racionar la electricidad. Una precariedad que se agrava en invierno y no da respiro ni en verano, porque enchufar un ventilador puede fundir los plomos. "Somos familias obreras, trabajadoras, tenemos muchos niños, personas mayores, que están en cama, ¿cómo les explicas que no vamos a poner un ventilador porque no tenemos electricidad?", denuncia Glayds, vecina del sector V, que trasmite temor y hartazgo ante el horizonte de un cuarto invierno consecutivo sin suministro suficiente para calentar su hogar. "Los niños tienen traumas por el frío, ¿cómo lo vamos a hacer este año si vamos a seguir en las mismas?". Solo les queda la organización vecinal y el apoyo mutuo para arroparse cuando caigan las temperaturas. O el autoabastecimiento eléctrico colectivo, una alternativa que pretende promover el proyecto Redes por el Clima, que empezará a trabajar en la Cañada el próximo mes de octubre. "Nunca venimos con la solución debajo del brazo, porque antes queremos hablar con el vecindario, pero constituir una comunidad energética podría serlo", apunta la directora del proyecto, Carmen Haro.

 
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