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Quico Catalán tiene que decidir si se marcha en 2023 o si prolongará su mandato hasta 2028

La situación del club no está para forofos, ni dentro de un año para depender de los estados emocionales de un presidente eufórico si el Levante regresa a Primera o en estado catatónico y preparando su retirada si no alcanza el objetivo

Quico Catalán campaña de abonos / levanteud.com (levanteud.com)

Valencia

Después de que Quico Catalán se haya autoevaluado ante el Patronato debería comparecer públicamente para explicarle a los 20.000 abonados y a los poseedores de más de 44.000 acciones, que no aglutina la Fundación, cual es el plan estratégico que ha diseñado para sacar al Levante del lodazal en el que lo ha metido.

Venimos de dos ejercicios en los que el presupuesto se ha encajado a martillazos y con piruetas económicas porque el gasto de plantilla es muy superior al establecido por el Fair Play de la LFP, con pérdidas de 23,2 millones de euros por el capricho de no querer vender jugadores y porque el presidente ejecutivo consideró que las ofertas por los futbolistas franquicia eran irrisorias.

Consumado el descenso, Morales se va gratis al Villarreal, Campaña tendrá que salir cedido a coste cero, el estado del ligamento lisfranc del pie derecho de Jorge De Frutos determinará su precio de mercado y Roger Martí será la primera venta obligada por la demanda de delanteros en Primera.

No obstante, la pregunta más trascendente que Quico Catalán debería responder a sus abonados y accionistas es si, con independencia del resultado deportivo y económico de la temporada 2022-23, tiene previsto presentarse a una nueva reelección hasta diciembre de 2028 y así el levantinismo no perderá el tiempo en batallas absurdas o tendrá que empezar a construir un futuro sin él. La cuenta atrás se ha activado.

El Consejo de Administración y el Patronato tienen que elevarse, aparcar los personalismos y hacer un ejercicio de responsabilidad para determinar qué pasos habrá que dar dentro de un año si Quico Catalán decide poner punto final a su etapa como dirigente y si vamos hacia otro modelo de club o se mantiene a la Fundación como máximo accionista, con el dominio del 62% del capital social, repleta de patronos institucionales inocuos o los elegidos por el propio Consejo.

Hoy el levantinismo no tiene herramientas para combatir el poder establecido, para tomar el control de la sociedad y tendrá que saber que piezas se van a mover en el tablero para preparar un posible relevo. Quico, tú decides y tú pilotas hacia dónde va la nave y tu propio futuro.

Del mismo modo que hubiera sido una irresponsabilidad interrumpir en este momento un mandato que expira en 18 meses, sería una temeridad tener al levantinismo pendiente de su futuro en función de si el equipo logra el ascenso.

La situación del club no está ahora para forofos, ni dentro de un año para depender de los estados emocionales de un presidente eufórico si el Levante regresa a Primera o en estado catatónico y preparando su retirada si no alcanza el objetivo.

Nos enfrentamos a un momento crítico de la sociedad, hemos superado momentos de máxima dificultad durante los últimos trece años con una gestión que fue exitosa cuando se hizo desde el rigor y pensando en la sostenibilidad de un club que a Quico Catalán se le ha ido de las manos.

Él es el responsable de estabilizarlo, de darle una viabilidad y al mismo tiempo decidir si él querrá formar parte de ese futuro o dejará paso a otros que lo puedan construir. Cualquier decisión será respetable, mientras no lo conduzca a una venta irresponsable y el Levante termine dirigido desde Arizona o desde Singapur.

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