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Los secretos de la tumba 214 del cementerio romano de la Vila Joisoa

Antonio Espinosa: “A los muertos se les ponía una moneda en la boca para pagar al barquero que los llevaba al otro mundo”

Entrevista a Antonio Espinosa en Hoy por Hoy Benidorm

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18:08

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La Vila Joiosa

En la sección de ‘ Allon, la perla de la Marna Baixa’ hemos analizado junto a Antonio Espinosa, arqueólogo y director de Vilamuseu, a través del sestercio del emperador Trajano, la tumba 214 del cementerio de Casetes de la Vila Joiosa.

Sestercio del emperador Trajano

Acuñado entre los años 101 y 102 de nuestra Era. En la moneda aparece el busto del emperador de perfil derecho y laureado al estilo militar. Un sestencio equivaldría, más o menos, a un euro hoy en día. Esta moneda fue encontrada en una tumba y por ello sabemos que esta moneda en concreto sirvió para pagar al barquero Caronte para llevar el alma hasta el otro mundo.

“O pagabas la moneda a Caronte o te hacia esperar 100 años”

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La tumba pertenecía a una mujer que habían incinerado para liberar su alma y que pudiera reunirse con sus ancestros. Le habían puesto en la fosa una moneda para pagar al barquero Caronte. Según la tradición romana, Caronte era un viejo flaco y gruñón, vestido de oscuro que transportaba las almas hasta el otro lado del río Aqueronte, donde estaba el mundo de ultratumba. Si no llevabas una moneda para pagarle, te hacía esperar 100 años en la orilla.

Los niños y la antigua maldición de los ‘ahori’

La mujer estaba enterrada junto a su bebé, debajo de la fosa de la mamá había una fosita tapada con un montoncito de piedras. Y dentro los restos de un bebé, enterrado sin quemar. Los larvae no se quemaban. “Un ‘larva’ era un bebé fallecido antes de los ritos de purificación, el dies lustricus, a los ocho días de nacer las niñas y a los 9 los niños”. Sobre ellos pesaba la antigua maldición de los ‘ahori’, todos los niños fallecidos antes de tiempo, condenados a errar por la orilla del Aqueronte hasta el día que el destino había fijado para su muerte.

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