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Historia

La pobla de les fembres pecadrius o burdel de València en época medieval

En La València Olvidada Pepa Pascual cuenta la historia de este lugar que fue considerado de los mejores de Europa

En 'La València Olvidada', Pepa Pascual cuenta la historia del burdel más importante que tuvo la ciudad de València

En 'La València Olvidada', Pepa Pascual cuenta la historia del burdel más importante que tuvo la ciudad de València

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València

Nos ubicamos en la plaza de Na Jordana, ya hemos venido aquí en alguna ocasión porque aquí se alzaba el Portal Nou y se accedía a uno de los barrios más conocidos y pintorescos a nivel europeo durante la edad media: la llamada pobla de les fembres pecadrius de València, nombre con el que se conocía el burdel más importante que tuvo la ciudad.

Ocupaba este barrio el espacio situado hoy entre la plaza de Na Jordana, calles Salvador Giner, Alta, Ripalda y llegaba hasta Guillem de Castro, alejado del centro de la ciudad, para que las prostitutas no se mezclaran con el resto de la población. La primera referencia documental donde se menciona el burdel data de 1325 y es un Privilegio en el que se nombra los lugares donde pueden vivir las mujeres públicas.

Una única puerta para controlar entradas y salidas

La construcción de la muralla cristiana en el siglo XIV (a partir de 1356), hizo que el burdel quedara integrado dentro de la ciudad, lo que provocaba no pocos escándalos y molestias, por lo que se propuso el aislamiento de la mancebía con la construcción de un muro de tapia, y con una única puerta de acceso para controlar las entradas y salidas por parte de un guardián, el llamado “Rey Arlot”, que se encargaba de quitar las armas y los bastones a los visitantes del burdel para evitar altercados. Además cuidaba de que la mancebía se cerrase y abriese a las horas establecidas, acompañaba a las prostitutas a la Iglesia los días de fiesta para asistir a la misa o a ver las procesiones en días señalados. Sin embargo, los abusos cometidos por este personaje llevaron al rey Pedro IV a sustituirlo en 1338 por otro funcionario, “el Regente del Burdel”, que dependía directamente del Justicia Criminal y era pagado por el municipio.

"La puteria pública de València era la más grande de España"

La mancebía de Valencia estuvo considerada como una de las mejores de Europa. Así lo relataron numerosos viajeros que pasaron por la ciudad y la visitaron. Son conocidos los elogios del médico alemán Jerónimo Münzer quien, en 1494, se admiraba del ambiente nocturno de la ciudad: "hombres y mujeres pasean hasta muy entrada la noche en tal cantidad que parece una feria", o los del canónigo italiano Antonio de Beatis, quien en 1518 afirmaba que “in Valencia he un bordello bellissimo”, por su parte el cortesano holandés Hendrik Cock, en 1585 recogía la siguiente opinión: "según dicen los curiosos en esta materia, la puteria pública de València era la más grande de España”.

El bordell tuvo un gran auge entre los siglos XIV al XVI y así, se considera que entre 1519 y 1522 había más de 200 prostitutas. Éstas vivían en habitaciones de hostales o en pequeñas casas subarrendadas donde se sentaban en sillas al exterior a la espera de los clientes (se las conocía también como “dones de cadira”) y por la noche colgaban una lámpara encima de la entrada para ser vistas con más facilidad.

Las normas del burdel

La mancebía estaba bajo la jurisdicción de la Corona de Aragón, representada por los Jurados de la ciudad y se establecieron una serie de normas:

- las mujeres tenían que tener más de 20 años y era necesaria una licencia concedida por el Justicia Criminal para ejercer en el prostíbulo así como salir del mismo.

- se prohibía ejercer la prostitución durante la Cuaresma, Semana Santa, y otras fechas religiosas señaladas, como la Navidad o el Corpus. En esos días las prostitutas eran llevadas a la Casa de las Arrepentidas donde se aprovechaba para intentar “convencerlas” de que dejaran el oficio. Si alguna efectivamente lo abandonaba, se las dotaba con una cierta cantidad de dinero para que pudieran rehacer su vida y casarse, cosa que raramente ocurría.

- Durante el tiempo de Cuaresma se cerraba el burdel, que por otro lado, estaba abierto todo el año y se consentía el ejercicio de la prostitución también en domingo, aunque respetando los horarios de los oficios religiosos. Durante la celebración de la misa, de obligada asistencia para todos los cristianos, las prostitutas no podían trabajar.

- Estaba totalmente prohibida la entrada a la mancebía a judíos y musulmanes. En caso de saltarse esta norma, los castigos eran muy severos llegando a los azotes públicos e incluso a la quema en la hoguera.

- A las prostitutas no se les permitía ni ejercer, ni vivir fuera de la mancebía, así quedó establecido por Ley en 1488 “las mujeres que vivan de ganancias vergonzosas no puedan permanecer ni habitar en ningún lugar de la ciudad, excepto en el Lupanar”.

- Cuando salían del burdel, las mujeres no podían llevar ropa que las cubriera como capas o prendas por encima de su vestuario habitual para que no se confundieran con las mujeres “honestas”.

- Se regulan tanto los precios que debían pagarse a los hostaleros o propietarios de las casas, como también velar por el control sanitario y así se obliga a las prostitutas a pasar semanalmente un control médico, a fin de detectar posibles enfermedades y poder tratarlas.

El fin del burdel

Fue en el año 1677 cuando el rey Carlos II ordena el cierre del burdel. El terreno que ocupaba es adquirido por el Convento del Carmen y después de la Desamortización de Mendizábal de 1835, parte de los solares son adquiridos por particulares, y poco a poco va cambiando la morfología del barrio con la construcción de viviendas y el trazado de nuevas calles.

La prostitución de Valencia queda entonces dispersa por otros lugares, como el Barrio de Pescadores (actual zona detrás de Correos y Barcas) o la zona de Velluters.

Con todo, la prostitución se extendía más allá del burdel público, en otros hostales y tascas situados por toda la ciudad, de forma que pasaba a ser clandestina, al dejar de estar localizada y vigilada.

También había casas particulares de las llamadas “alcavotes” o "alcahuetas" que servían de lugar para encuentros sexuales, pero en estos casos no siempre se ejercía la prostitución, sino que muchas veces se consumaban relaciones extramatrimoniales. De hecho, las alcahuetas solían ser mujeres mayores, muchas veces viudas, a las cuales acudían tanto los hombres como las mujeres para conseguir relaciones con una determinada persona, habitualmente casada. El adulterio era incluso más perseguido que la prostitución clandestina, puesto que el adulterio era considerado un pecado de primera magnitud que atentaba contra la moral cristiana.

TEXTO: PEPA PASCUAL

 
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