Jueves, 28 de Octubre de 2021

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Historias de la Avenida de Judimendi

En nuestra sección de fotos antiguas de Vitoria recordamos viejas historias de la principal calle del barrio de Judimendi

La Avenida de Judimendi en 1962

La Avenida de Judimendi en 1962 / Santiago Arina / Archivo municipal del Ayuntamiento de Vitoria

Judimendi (monte judio), el término que da nombre a la avenida y al barrio (antes conocido como Judizmendi), tiene su origen en la existencia en el lugar de un cementerio utilizado por los judíos que residieron en Vitoria. Hoy ese espacio es un parque con ese nombre.

En 1492 los hebreos tuvieron que abandonar la península expulsados por los Reyes Católicos, por lo que los aquí residentes tuvieron que emigrar. Cedieron a la ciudad su necrópolis, con la condición de que fuera destinada para usos públicos y no se usara para otros fines, ni se construyeran edificios sobre ella.

Esta limitación fue cancelada en 1952 por un convenio entre el Ayuntamiento de Vitoria y la comunidad israelita de Baiona (Francia).

También es conocido el lugar como Polvorín Viejo, ya que donde ahora existe un colegio de enseñanza junto al parque de Judimendi, hubo unos pabellones en los que se almacenó armamento y explosivos, desde 1853 hasta 1901.

En un plano de 1888, realizado por Dionisio Casañal, vemos el acceso desde la ciudad a Judimendi, a través del paseo de Panticosa (hoy calle Olaguibel) y el Camino de Judizmendi.

Con posterioridad, en el emplazamiento del polvorín militar se establecieron edificaciones con otros usos, entre ellos desde 1947 hasta 1959, el de una escuela perteneciente a la Sección Femenina de la la Obra Social del Movimiento. Nombre este último del partido único del Régimen de Franco. La enseñanza incluía “formación del espíritu nacional”.

En la foto de José María Parra que se muestra a continuación, vemos a las alumnas colocadas en formación, con el brazo derecho en alto.

El 5 de septiembre de 1915 la explanada de Judimendi fue utilizada por los militares para la jura de bandera de los reclutas. De este acontecimiento nos da cuenta el periódico El Heraldo Alavés de la siguiente forma: “Con gran brillantez se celebró ayer a las diez de la mañana el solemne acto de jura de bandera por los excedentes de cupo del reemplazo de 1913, incorporados a filas el 15 de agosto último.

Para antes de la citada hora las tropas que constituyen nuestra querida guarnición salieron de sus cuarteles, dirigiéndose a la explanada del Polvorín Viejo donde tuvo lugar la ceremonia.

Junto al Hospital para infecciosos se instaló el altar portátil del regimiento de infantería de Cuenca, dando principio el acto celebrándose una misa de campaña.

Juraron bandera unos quinientos excedentes. Después de la jura el general Gobernador Militar don Pio Esteban Roa se situó en la calle de la Florida junto a las escuelas municipales de la plaza de toros, presenciando el desfile de los reclutas y tropas que resultó brillantísimo.

El acto de la jura así como el desfile fue presenciado por numeroso público.”

En las fotos que se muestran seguidamente vemos el detalle de esa jura de bandera entonces y el aspecto actual del parque. Al fondo, en la foto antigua, se observan los pabellones que fueron polvorín militar.

En el año 2004 se inauguró en este parque una escultura de la artista israelí Yael Artsi, que sirve para recordar este cementerio judío. Este monumento sustituyó a un monolito de piedra que existió con anterioridad. Se compone de un libro abierto de mármol, un yunque y un anillo metálico en el suelo. Sobre el libro esta escrito en euskera, castellano y hebrero lo siguiente: “ Isaias 2-4 - y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces: no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.”

José Luis Hidalgo que había trabajado de camarero en las cafeterías Acuario y Marinda de la calle Dato y en el bar Deportivo en la calle San Prudencio, se asoció con Manolo Martin y juntos se hicieron con las riendas del Café Niágara, situado en la esquina de la Avenida de Judimendi y la calle Santiago.Para ello tuvieron que llegar a un acuerdo económico con su anterior titular Lorenzo Prestamero, un hostelero originario de Logroño.

Comenzaron en el local en 1963 y hasta 1981 estuvieron juntos en ese bar. En este último año año Manolo marchó a la cafetería Panticosa y posteriormente se trasladó al café El Batán donde se jubiló. José Luis continuaría en solitario en el Niágara hasta 1997 cuando se jubiló.

Ambos, que habían comenzado en bares de prestigio del centro, conservaron la impronta de elegantes y vestían una impecable chaqueta con cuello subido corto, de color blanco.

Su discreción y profesionalidad supuso que los clientes habituales del bar, de todos los colores políticos, se sintieran cómodos en la época difícil de la dictadura.

En este local era muy habitual tomar después de comer un café completo, compuesto de café, copa de licor y un puro de la marca farias. El precio del 'pack' era mas económico que pagando cada cosa por separado. La cercanía del cuartel de Artillería en la calle Santiago y el garaje Paleta, llevaba muchos clientes al local procedentes de ambos sitios.

En la foto de Santiago Arina obtenida en 1962 podemos ver el aspecto de la Avenida Judimendi y la fachada de la cafetería mencionada.

Iñaki K. Gárate, que nació en esta calle y continua viviendo en ella nos recuerda respecto a la vida en este barrio en los años 60 y 70 lo siguiente: “En el parque de Judimendi había mucha presencia de gente. Baste decir que hubo cuatro kioskos, uno denominado La Veleta, otro regentado por un señor llamado Carmelo que también tuvo una panadería en el barrio, otro que lo llevaba la familia que después regento el bar Etxetxoa situado en el parque y que sigue hoy con otro nombre, y por último el denominado La Isla, a cargo de “Poli”.

Era muy habitual tomarse en estos kioskos en verano un porrón de cerveza con gaseosa acompañado de unas aceitunas. Hace 50 años cobraban por 9 aceitunas una peseta. También se jugaba a la rana, que consistía en introducir por la boca del batracio unas chapas metálicas gruesas, lanzadas desde varios metros de distancia.

Hasta 1970 las casas cuya fachada principal dan al parque, no disponían de urbanización, por lo que con mal tiempo había que pasar en ocasiones por un barrizal, para acceder al domicilio. Cuando había estas condiciones climatológicas, las chicas solían llevar dos pares de calzado, uno para utilizarlo traspasando el barrrizal y otro “de vestir” para caminar por la ciudad.

En la entrada a las viviendas existía un fleje de metal, sobre el que se pasaba el calzado para eliminar el barro de las suelas. Alguno queda aun en la zona.”

Eran numerosos los partidos de fútbol que se disputaban en el parque. Aquí hizo sus primeros pinitos con 15 años el futbolista José Luis Baroja Izquierdo, que pertenecería a la plantilla profesional del Deportivo Alavés desde 1967 a 1969.”

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