Sábado, 08 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

‘Homenaje a Cervantes’

Un recorrido en bicicleta por los paisajes que describe Miguel de Cervantes en su obra.

Firma Mario Ocaña, 'Homenaje a Cervantes'

Desde hace algunos meses me había comprometido a que no faltaría en la conmemoración de su aniversario. He pasado muy buenos momentos leyendo los libros que escribió y he aprendido a conocer la España de su tiempo, en parte, gracias a su literatura, a sus novelas y a sus relatos más cortos. Pero quería que mi compromiso fuera original: nada de sitios cerrados, conferencias o documentales. Quería respirar el aire de las tierras en las que situó su principal novela, conocer los pueblos por los que deambularon algunos de sus personajes y dejarme sorprender por los paisajes desconocidos de un territorio que tantas veces había cruzado de norte a sur pero en el que nunca me había movido al ritmo que marca una bicicleta que es, según mi opinión, el mejor medio de transporte ya que lo convierte a uno en viajero en vez de en turista.

De La Mancha impresionan los horizontes planos, como los del océano; su lejanía siempre inalcanzable y, en mayo, cuando el viaje, la belleza de los campos plagados de amapolas, trigales y viñedos que empiezan a verdear con las primeras hojas. Hay muchos lugares de La Mancha cuyos nombres no quiero olvidar como Almagro, con esa plaza acristalada como para defenderse de las salpicaduras de las olas de un mar muy lejano; o ese corral de comedias magníficamente conservado, tanto como las casas de los Fugger, que se hicieron de oro explotando el mercurio de Almadén allá por el XVI; como Villanueva de los Infantes, en cuya iglesia de san Andrés reposan los huesos de Quevedo y de dónde don Quijote y Sancho partieron a la búsqueda de la Cueva de Montesinos en la que sufrió don Quijote encantamientos fantásticos; cómo las lagunas de Ruidera, ese pequeño mar esmeralda en el fondo de una depresión del terreno que don Quijote consideraba personajes hechizados por el mago Merlín; o Argamasilla de Alba, que algunos piensan fue ese “...lugar de La Mancha...” con se inicia la obra inmortal; o El Toboso, hogar de la sin par Dulcinea, donde una magnifica casa solariega recoge muebles, ajuar, utensilios y refleja las formas de vida contemporáneas de los tiempos de Cervantes. A punto de terminar el viaje subí a uno de los pocos cerros con los que se topa el viajero en tierras tan llanas: Campo de Criptana donde se encuentran un conjunto de molinos de viento, tres de ellos contemporáneos de Cervantes, que puede que inspiraran al autor en una de las aventuras más conocidas de nuestro caballero andante: el combate contra los gigantes-molinos del que salió, como tantas otras veces, bastante mal parado.

Y así se fue acabando la ruta. En La Mancha se rueda muy rápido, no hay montañas, casi ni colinas y las pocas que se ven perfilan molinos. Es una tierra llana, de gente amable y educada, donde se come y se bebe bien y barato; donde ciclistas que no te conocen te llevan a rueda por veredas y carriles por los que no cuesta imaginarse, cuando el sol empieza a esconderse sobre la linea del horizonte, las siluetas negras de Don Quijote y Sancho como las pintó Picasso, entre un fondo de molinos. Es el aniversario del más insigne escritor en lengua española de todos los tiempos, el inventor de la novela moderna. Don Miguel de Cervantes. No hay otro como él. Conozcan su tierra un poco más despacio. Léanlo a él. Se alegrarán de ello.

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