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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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Tradiciones de Navidad en la provincia de Salamanca

La Navidad es, en sí misma, tradición

Se celebra “tradicionalmente” el nacimiento de Cristo, el final del año o la llegada de los Reyes Magos, que tiene que ver, con el nacimiento de Jesús. Pero dentro de esta tradición, a su vez, se dan cita muchas tradiciones con sus correspondientes ritos. Por ejemplo, la gastronomía: turrones, mazapanes, polvorones… forman parte de la comida tradicional. Las doce uvas de final de año son un rito. Como lo son los nacimientos o los árboles adornados, o las cabalgatas de Reyes Magos. Algunos de estos ritos o tradiciones tampoco tienen muchos años. Otros, sin embargo, sí.

Quintos.-

La desaparición del Servicio Militar Obligatorio (la “mili”) desubicó a los quintos y los convirtió en algo ligeramente distinto. Quintos eran los nacidos en un año y que por sorteo u obligatoriamente debían realizar el Servicio Militar. Cuando desapareció este los quintos se quedaron en los que habían nacido en determinado año. En Navidad, vísperas de su marcha al Servicio, los quintos protagonizaban sus fiestas. Celebraban comidas y cenas de despedida, recibían obsequios (aguinaldos) y a cambio de ciertos servicios a la comunidad, se les permitía casi todo, dentro de un orden.

Los aguinaldos se conseguían mediante petitorio: se iba de casa en casa pidiendo, como lo hacían en las ciudades otros gremios, como los serenos o los barrenderos del barrio. La comunidad, a cambio, les reclamaba, por ejemplo, encender la tradicional hoguera purificadora antes de la Misa del Gallo, el 24 de diciembre, Nochebuena.

Los quintos, con sus aguinaldos, celebraban comidas y cenas, y sus disparates y bromas estaban a la orden del día. Los quintos de Linares, por ejemplo, celebran la “Broma” en este tiempo navideño. Bromas, rondas y demás ocurrencias de los mozos animaban el pueblo. Algunas de las comidas de quintos estaban profundamente jerarquizadas, como ocurría en Aldea del Obispo. Las ocurrencias de quintos tienen en Navacarros (28 de diciembre) el rito de La Horca, que consiste en relatar sucesos del pueblo en el último año en verso y plaza pública. Algunas “ocurrencias” han pasado a mejor vida como el sorteo de mozas en Villar de la Yegua o la “novia del año”, en Aldea del Obispo, que no dejaban en muy buen lugar a las mujeres.

La Misa del Gallo.-

Tras la cena de Nochebuena se acude a la parroquia a escuchar la Misa del Gallo. La Nochebuena era la cita más destacada de la Navidad, ya que la Nochevieja no se celebraba y el Día de Reyes Mgos no lo era tan para la mayoría. La Misa del Gallo reunía a todo el pueblo, que entraba en la iglesia tras haber pasado junto a la hoguera purificadora. La hoguera que simboliza la luz, escasa en este tiempo de invierno, y al tiempo la iluminación del que ha nacido. Una hoguera que forma parte del rito de las luminarias protagonista, por ejemplo, de la fiesta de San Sebastián en Ciudad Rodrigo, a la celebración de las Candelas, en otros puntos de la provincia. Dentro, en algunos lugares, los pastores tenían su protagonismo al relatar de memoria –muchos de ellos sin saber leer ni escribir—episodios del nacimiento de Jesús, y a quienes llevaban un pan se les bendecía. Un pan preparado para circunstancias especiales, como enfermedades de hombres o animales. En el encendido de dicha hoguera y otros preparativos tenían su cometido los quintos.

El Perrero.-

El final de año no tenía entonces tanta celebración como en nuestros días. Es, en realidad, una celebración civil y entonces, las realmente importantes eran las religiosas. El “Perrero” no tiene tanto que ver con el final de año como con el tiempo de oscuridad que transcurre. Se viste un personaje del pueblo de Nava de Francia el último día del año con una saya y determinados elementos vegetales colgando, así como cencerros y una correa con la que irá sacudiendo zurriagazos a los vecinos del pueblo, entrando en las casas de estos, si llega el caso, como Pedro por su casa. Hace ruido para despertar a la naturaleza, intentando acercar más la primavera, y sacude por el mismo motivo.

Ruido.-

Si el “Perrero” en Nava de Francia sacude y lleva su ruido a cuestas en el último día del año, en Ledesma, por ejemplo, las campanas suenan para anunciar el nacimiento del niño Jesús y alertar a los pastores del acontecimiento, como hicieron los ángeles en las Sagradas Escrituras. Reunidos en torno a las campanas, los vecinos de convida en esta noche tan especial en una ceremonia que se conoce como “calendas”. También con caracolas, caracolillos, cencerros o matracas se anuncia en Montemayor del Río el Nacimiento haciéndolos sonar por los castañares y peñas que rodean el pueblo. Un paseo al que se acude con roscas y vino.

Las turroneras.-

A principios de diciembre las turroneras de La Alberca se establecen en los portales de San Antonio, frente al Mercado Central, dando visibilidad a uno de nuestros productos artesanos más auténticos y convirtiéndose en un anuncio tradicional de nuestra Navidad. Hubo un tiempo en que más que turroneras eran turroneros y se colocaban en puestos frente a la calle del Pozo Amarillo, pero al reducirse su número decidieron pasar a los soportales, donde se siente algo menos de frío. Entonces, muy cerca de ellos, se colocaban los vendedores de pavos y otras aves.

Con las turroneras albercanas viene el turrón de La Alberca, uno de los dulces más originales de la provincia, de origen árabe o judío, hecho a partir de miel, azúcar, clara de huevo y almendra. Tiene un aspecto rocoso y el más tradicional se ofrece, precisamente, a golpe de martillo, aunque en los últimos tiempos ya se presenta en tabletas o dados.

Es menos conocido, pero también muy rico, el turrón de Alba de Tormes, que se vede en la pastelería “La Madrileña”, donde se hace con miel, almendra, huevo y piñones.

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