Jueves, 29 de Octubre de 2020

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Atentados terroristas

"Entre víctimas y verdugos siempre hay que estar con las víctimas"

José Luis Rodríguez Leal, hermano de uno de los asesinados en el despacho de abogados laboristas de Atocha, en Madrid en 1977, responde a la negativa del Ayuntamiento de su pueblo, Casasimarro (Cuenca), de no poner una placa en recuerdo de los fallecidos

Imágen del entierro de los abogados laboristas.

Imágen del entierro de los abogados laboristas. / A.G. (REUTERS LIVE!)

A las diez y media de la noche del 24 de enero de 1977 un grupo de terroristas de ultraderecha asesinaron a cinco personas e hirieron a otras cuatro en un despacho de abogados laboristas en el número 55 de la calle Atocha de Madrid. Entre los fallecidos estaba Ángel Rodríguez Leal, un joven natural de Casasimarro (Cuenca) que estudiaba por entonces cuarto curso de Económicas y que llevaba poco tiempo trabajando de administrativo en el bufete. En 'Hoy por hoy Cuenca' hemos conversado con su hermano José Luis, compañero aquellos años de lucha sindical, de defensa de los derechos de los trabajadores, entusiasta de la democracia que, en la entrevista que hemos mantenido con él, ha recordado la figura de su hermano, los momentos previos al atentado, las circunstancias políticas de aquel momento y ha analizado la polémica creada en Casasimarro por la negativa del equipo de Gobierno del PP de poner una placa en recuerdo de los asesinados en el parque que, en el pueblo, lleva ya el nombre de su hermano.

Entrevista con José Luis Rodríguez Leal en 'Hoy por Hoy Cuenca'. / Paco Auñón

¿Cómo llegó su hermano Ángel a trabajar en aquel despacho de abogados?

Mi hermano trabajaba en Telefónica y por las tardes iba a la universidad donde estudiaba Económicas. Como resultado de las huelgas del año 76 en Telefónica, hubo una represión brutal. Tras el descabezamiento del movimiento obrero en la empresa fueron despedidos 56 trabajadores, entre ellos mi hermano y yo. Fue entonces cuando el despacho de abogados laboristas nos cedió un cuartito para que los despedidos nos reuniéramos, coordináramos nuestras acciones y aglutinásemos la caja de resistencia para poder mantener los sueldos de los despedidos. En ese tiempo se produjo una vacante en el bufete y le ofrecieron el puesto de administrativo a mi hermano que aceptó el empleo también porque así la caja de resistencia se ahorraba su sueldo.

Calle Atocha de Madrid. / Andrea Ramos

¿Qué ocurrió la noche del atentado?

Ángel, en teoría, salía de trabajar a las ocho de la tarde, pero no era un empleo convencional sino de entrega absoluta y solía salir a las nueve o a las diez de la noche. Ese día estaba tomando unas cervezas con unos compañeros en un bar debajo del despacho y subió un momento a las oficinas porque había olvidado el ejemplar de 'Mundo Obrero'. Estando allí, sobre las diez y media de la noche, fue cuando se produjo el atentado. ¿Fue una fatalidad? No, la fatalidad fue que hubo un fascismo durante 40 años y que muchos cachorros se amamantaron de esa ideología. Lo de recoger el periódico solo fue una anécdota.

¿Cómo era su hermano Ángel?

Era un joven, como muchos de aquella época, idealista, combativo, ilusionado por una democracia que empezaba a apuntar, que todos pensábamos que era inminente y él participaba de esa ilusión. Tenía esa pasión y esa lucha por la democracia y la solidaridad que caracterizaba a los jóvenes de aquel tiempo. Formábamos parte de Comisiones Obreras, éramos también comunistas y teníamos el deseo de una sociedad más justa donde pudiéramos expresarnos después de tanto tiempo de dictaduras.

¿Cómo se veía en aquel momento la situación política de España?

Acto de homenaje en el monumento que recuerda a los abogados de Atocha en Madrid. / Jesús Blanquillo

En el entorno de aquellos días estábamos todos bastante asustados. El que hubiese entusiasmo y conciencia de traer la democracia y las libertades no nos hacía tan insensatos como para no tener miedo. Apenas un mes antes, en diciembre, el GRAPO secuestró a Oriol. Pocos días después al general Villaescusa, que era también de Cuenca. El día 23 unos fascistas asesinaron a Arturo Ruiz en una manifestación en la Gran Vía. En ese ambiente de violencia impune, un policía nacional dispara a bocajarro un bote de humo y le revienta la cara a Mari Luz Nájera. Había responsabilidad pero había miedo. En aquel entorno podía pasar cualquier cosa. Y pasó.

¿Qué le parece a usted que el equipo de Gobierno del PP en el Ayuntamiento de Casasimarro, su pueblo, haya denegado la autorización solicitad por el grupo municipal de Ahora Casasimarro para instalar una placa en recuerdo de los asesinados en aquel despacho de abogados laboristas en el parque que lleva el nombre de su hermano? Dice el alcalde que es "para procurar no herir sensibilidades de ninguna tendencia política en aras de prevenir la convivencia política".

Hasta el rey Juan Carlos tuvo la deferencia de recibir a los familiares de los fallecidos de aquel atentado. Me parece que esa postura es débil e impregnada de tiempos pasados. Es una neutralidad falsa. Entre víctimas y verdugos siempre hay que estar con las víctimas, siempre memoria y gratitud a las víctimas del terrorismo que han apuntalado la democracia en este país. Mi respeto personal a todos los miembros del Ayuntamiento de Casasimarro pero creo que con esto están equivocados.

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