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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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Una víctima relata cómo Mendizabal abusó de él con 13 años en un campamento

El hombre de 36 años que ha denunciado los presuntos abusos sexuales que le infligió el exvicario general de la diócesis en un campamento de "Boy Scouts" en la localidad navarra de Burgui

El hombre de 36 años que acudió ayer al Obispado de Gipuzkoa para denunciar los presuntos abusos sexuales que le infligió el exvicario general de la diócesis Juan Kruz Mendizabal ha relatado que los hechos sucedieron en el verano de 1994, en un campamento de "Boy Scouts" en la localidad navarra de Burgui.

 M.A., la tercera persona que ha denunciado ante la Iglesia los abusos presuntamente cometidos por el sacerdote guipuzcoano, ha contado los hechos con detalle en un testimonio que publica hoy el diario en euskera Berria, en el que explica que Mendizabal era entonces representante de la Iglesia en el grupo de los "scouts" de Gipuzkoa, motivo por el que se encontraba en un campamento en Burgui con chavales de entre 13 y 16 años.

"Era muy amable, cercano y alegre. No era como los demás curas, era un referente para nosotros", recuerda M.A., quien añade que cuando sucedieron los hechos, "Kakux" Mendizabal tenía 32 años y era "un amigo" para él.

El campamento se desarrolló entre los días 13 y 23 de julio y concentró "scouts" procedentes de distintos grupos de España, que se mezclaron en las parcelas y tiendas para favorecer la convivencia.

Una noche, mientras chavales y monitores cantaban y tocaban la guitarra, la víctima se sintió cansada y decidió retirarse a dormir sola a su tienda de campaña.

Tras quedarse dormido, se despertó al sentir dentro del saco de dormir "una mano" que le tocaba "el pene y los testículos".

"No me lo podía creer. Sentí alguien jadeando dentro de la tienda, mientras se masturbaba con la otra mano. En seguida supe que era él. Lo supe, sin más, sin tener que mirarlo a la cara. Lo supe sin ningún margen de duda", relata M.A.

El chaval comenzó a moverse, como si aún siguiera dormido, y su agresor sacó la mano, pero después volvió a abusar de él, hasta que el niño se zafó de pidiendo agua, "cada vez más alto".

Según este testimonio, Mendizabal le dijo que le traería el agua, momento en el que la víctima salió de la tienda "de un salto" y, delante de varios monitores, se abalanzó sobre el sacerdote. "Empecé a insultarlo, gritando, qué cómo podía hacer algo así", recuerda.

Cuando el joven se calmó se lo llevaron a un bar del pueblo, al que acudió el sacerdote responsable del campamento. "Me dijo que lo sentía mucho y que si necesitaba ayuda, que la pidiera".

M.A. explica que cuando le pidieron explicaciones a Mendizabal, el religioso dijo que la víctima había tenido una pesadilla y que se había despertado gritando.

El adolescente fue enviado a casa, donde sus padres decidieron que lo mejor era volver a la normalidad cuanto antes, de manera que, una vez que los monitores les confirmaron que Mendizabal ya no continuaba en el campamento, M.A. volvió a Burgui para participar en una travesía de 10 días a través de los Pirineos.

Una vez finalizado el campamento, los monitores se reunieron con los padres de la víctima en su domicilio, donde les informaron de que Mendizabal seguía negándolo todo. "Era mi palabra contra la suya, porque no había habido testigos", indica M.A.

"Se comentó que si se hacía público traería consecuencias, la prensa y todo eso, y eso podría tener influencia en mí. Yo sólo lloraba, tenía un gran disgusto", recuerda el denunciante, quien explica que sus padres "viendo que había sido algo puntual, decidieron que lo mejor sería no airear el asunto". "Ellos pensaron que esa era la mejor manera de protegerme. Ahí quedó todo", añade.

M.A., ya con 36 años, vio la película "Spotlight", que narra la investigación periodística sobre abusos a menores en la Iglesia en EE.UU. y hace unos meses volvió a ver a Mendizabal en un funeral, donde cruzaron sus miradas por un instante y el sacerdote no se la pudo mantener: "Reviví todo".

"Han pasado los años y como nadie me ha ayudado, he tenido que hacer yo todo: dar forma a lo ocurrido, ponerle nombres y apellidos. Pero no sabía qué sería llevar toda esta basura dentro durante tantos años", comenta.

"No hubo violencia física, no me ató, no me forzó. Pero hizo lo que hizo porque yo era menor de edad, un niño, aprovechando que estaba solo, aprovechando la confianza que tenía con él, con mala fe, preparado de ante mano para que no hubiera nadie a nuestro lado", reflexiona M.A., que concluye que todo eso tiene un nombre: "abuso sexual a un menor, cometido por un miembro de la Iglesia".

La víctima, que también denunciará los hechos en la justicia ordinaria, está convencida de que hay más afectados por los abusos de este sacerdote.

Juan Kruz Mendizabal fue condenado en un juicio canónico el pasado año por los abusos sexuales a dos menores cometidos en 2001 y 2005 y, tras conocerse esta nueva denuncia, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, le ha ordenado recluirse en un monasterio y le ha prohibido ejercer su ministerio y tomar contacto con menores si no está acompañado de un adulto.

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