Sábado, 25 de Septiembre de 2021

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EL BLOG DE LISARDO

Lo que se cuece en cada rincón del Pazo

Así es cada habitáculo de la que fue mi segunda casa durante 15 años

Pazo dos deportes de Lugo

Pazo dos deportes de Lugo / CB Breogán

Estos días mientras almaceno las páginas del especial sobre el Breogán que está publicando el diario El Progreso. Desde aquí, mi agradecimiento y felicitación. Veo muchas fotos tanto del Pabellón Municipal de Lugo como del Pazo que me traen muy buenos recuerdos.

Tuve la suerte de conocer profundamente el interior de ambos pabellones. En el caso del Municipal en mi época de jugador: ese curioso acceso a los vestuarios con unas empinadas escaleras de caracol que conducían a aquellos pequeños y fríos vestuarios. Muchas vivencias tuve allí, pero no pude ser testigo de la mayor que allí se produjo en el infame día del Oximesa. No me quiero ni imaginar la tensión que allí se vivió horas después de acabar el partido y que después acabó como todos sabemos.

Pero si hay algún lugar que puedo considerar mi segunda casa, ese es el Pazo Dos Deportes: muchas horas de entrenamiento tuve como jugador en la pista central o en el anexo, tanto con el Estudiantes o con innumerables entrenamientos con el Breo. Tuve la suerte de poder entrenar a las órdenes de muchos entrenadores del primer equipo y ahí fui aculando conocimientos que me ayudaron en mi futura etapa como entrenador.

Si hablamos de oficinas, puedo presumir de ser uno de los que ha pasado por más oficinas de la instalación, sino el que más. Mi primera oficina fue la del Estudiantes. Después de abandonar mi etapa de jugador, me plantearon entrenar a niños pequeños y coordinar el tema de las escuelas. Recuerdo las horas de trabajo en aquella inmensa oficina que a la vez servía de almacén para guardar todo el material de los diferentes equipos. Calor extremo en verano debido a las grandes cristaleras y un frío tremendo durante el invierno.

Así era mi recorrido cada día cuando llegaba al Pazo antes de un partido / Así era mi recorrido cada día cuando llegaba al Pazo antes de un partido / Cadena SER

Cuando pasé a compaginar mi labor como entrenador del equipo EBA y circuito Sub-20 con la de tercer entrenador del CB Breogán, me trasladé a una pequeña oficina al lado del segundo entrenador y enfrente del entrenador jefe. En ese pequeño habitáculo se almacenaban infinidad de vídeos de partidos antiguos y gran cantidad de documentos. Al tener que preparar dos partidos a la semana y en algunas ocasiones y cuando había competición sub-20, hasta cinco partidos semanales, la acumulación de papeles y vídeos era realmente importante.

Años después cuando pasé a ser segundo entrenador del equipo, me trasladé a la oficina de al lado, enfrente de la del entrenador jefe. Como la anterior, era pequeña, sin ventanas y con gran material almacenado en su interior.

Más adelante cuando me nombraron primer entrenador me trasladé a mí última oficina. Recuerdo la primera vez que entré allí. Siendo entrenador del equipo EBA, recibí una llamada de Paco García para reunirme con él en su despacho.

Cuando llegué allí no tenía ni idea de qué se trataba y para mi sorpresa, me informó de la marcha del entonces segundo entrenador, Chete Pazo, y de si me interesaba el cargo. Mi reacción fue una mezcla de sorpresa, gratitud inmensa y miedo debido a aquella tremenda responsabilidad y también a que el cambio era automático de un día para otro. Después de arreglar unos flecos entre clubes y de clases express con Chete para enseñarme como funcionaba todo aquello, pasé a formar parte del cuerpo técnico del equipo de mi vida y mi ciudad.

Debido a circunstancias, mi labor ése año finalmente fue la de tercer entrenador, cosa que agradecí ya que me permitía compaginar mi trabajo en el equipo con el de entrenador jefe en el EBA y sub-20 y que fue clave para mi formación como entrenador.

Este pasado sábado durante el merecido homenaje a Paco García, se me vino a la cabeza aquella reunión y la eterna gratitud que le tendré por confiar y darme aquella oportunidad. Después de muchos años puedo decir que aparte de maestro es un gran amigo.

Paco García y Lisardo Gómez saludándose durante el homenaje del Pazo al entrenador vallisoletano / CB Breogán

Volvamos a la oficina: después de muchos años, volvía a trabajar en un sitio con ventanas, cosa que se agradecía por la cantidad de horas que pasaba allí. Además de visionado y preparación de vídeos y partidos, recuerdo la cantidad de reuniones y charlas vividas allí tanto con miembros del cuerpo técnico, miembros de oficinas y jugadores.

Las que más disfrutaba sin duda eran las que tenía durante la semana con mi entrenador ayudante para debatir y discutir sobre la preparación del siguiente partido. Horas y horas analizando cuestiones tácticas, la mayoría defensivas, para poder preparar el partido lo mejor posible. También muy interesantes las que tenía con algún director general post partido que se alargaban hasta altas horas comentando el partido.

Pero el Pazo no lo recuerdo sólo por sus oficinas, hay otras salas en las que hemos pasado mucho tiempo: Esos almacenes en los que Fran siempre tenía todo en orden y preparado para las necesidades del equipo. Esa sala de pesas en las que Jose trabajaba todas las mañanas a primera hora preparando físicamente a los jugadores. Esa clínica en la que Belén cuidaba, recuperaba y mimaba a los jugadores cada día. Esa fría sala de prensa que Marcos intentaba calentar con un pequeño radiador desde primera hora los día de rueda de prensa y en la que siempre recibí el respeto y profesionalidad de todos los periodistas allí presentes.

Sala de prensa do Pazo dos Deportes de Lugo / Archivo Lisardo Gómez

Esa sala de vídeo en la cual vimos y expusimos tantos y tantos scoutings. Esas oficinas que fueron testigos de muchas conversaciones con Rosa, Sesé y Marcos y ese hall de entrada al Pazo en el que todos los días a primerísima hora mantenía interesantes conversaciones con los guardias de seguridad.

Como dije antes, durante más de 15 años, esa instalación fue mi segunda casa. Ahora mi sitio está en la grada junto a esos fieles seguidores. Como ellos, ahora tengo que buscar sitio en el aparcamiento el día de partido para aparcar el coche. Hasta ahora siempre me encontraba el aparcamiento del Pazo vacío al llegar dos horas antes del partido y al salir también, ya que era siempre el último en abandonar el Pazo. Ahora me toca aguantar el atasco postpartido para poder salir. Ojalá la próxima temporada los atascos sean más grandes, sería una muy buena señal.

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