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La fantasmagórica Cuenca de Castro Gil y las acuarelas de Muirhead Bone

En Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos va a recordar a este pintor gallego que llevó a París su visión de Cuenca, a través de sus cuadros, en ese primer cuarto del Siglo XX y al acuarelista escocés Muirhead Bone

Hocino de Castro Gil /

“Cuenca en París”. Con este titular, Rodolfo Lopis, que por entonces era profesor de la Escuela de Magisterio de Cuenca y concejal socialista del Ayuntamiento de la ciudad, escribía una crónica literaria de la Exposición que presentaba en la ciudad parisina, en la última quincena de enero y primera de febrero de 1926, el grabador y aguafuertista gallego Manuel Castro Gil, que presentaba obras de Castilla, Galicia, París, Reims, Versalles, Bruselas, Gante y Brujas.

Este Martes, en Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos va a recordar a este pintor gallego que llevó a París su visión fantasmagórica de Cuenca, a través de sus cuadros, en ese primer cuarto del Siglo XX y al acuarelista escocés Muirhead Bone, que por esos años, y acompañado de su esposa Gertrude, visitó España, y de manera concreta Cuenca, para dejar parte de su trabajo pictórico de su cuaderno viajero en el libro “Old Spain” (Viaje a España), editado en Londres en dos volúmenes, en 1936, pasando a un primer gran olvido en nuestro país por el comienzo de la guerra civil.

Manuel Castro Gil había nacido en Lugo en 1890 y murió en Madrid a los 73 años, el 4 de abril de 1963. Trabajó en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y además de profesor de la Escuela de Bellas Artes y catedrático de la Escuela de Artes Gráficas, poseía la Medalla de Oro al Trabajo. Según el “Almanaque Gallego”, y en referencia a su Exposición en París, señalaba que “el año pictórico se inicia para Galicia con el triunfo ruidoso de su aguafuertista Manuel Castro Gil. La crítica francesa le elogió ampliamente y sin reservas, consagrándolo como el más grande de Europa en su difícil género”. Su nombre se extiende pronto, dado que sus grabados son habituales en revistas como «Blanco y Negro» y «La Esfera». En 1922 ganó la segunda medalla de grabado en la Exposición Nacional de Bellas Artes, por una temática que definirá su quehacer durante mucho tiempo: monasterios y viejos rincones olvidados. Repitió en 1924 con la segunda medalla en nacional de Bellas Artes por una pieza magistral, «Ciudad castellana», referida precisamente a Cuenca, y a la tercera ganó el primer premio en concurso nacional de grabado, en 1925, por «Tierras de Santa Teresa».

Cuenca tuvo la suerte de que en la capital parisina estuviese en esas fechas Rodolfo Llopis, que haría las veces de corresponsal espontáneo para la prensa conquense. El profesor de la Escuela de Magisterio, que pocos años después sería director general de Primera Enseñanza durante la República, e impulsor de la Escuela de Magisterio de Cuenca, que fue derribada hace unos años, tras la construcción del nuevo edificio en el Campus Universitario, quedó admirado por la pintura de Castro Gil, y sobre todo por esos cuadros conquenses que tenían mayor relevancia en la Exposición de una ciudad tan ligada con el Arte. “En París, sí, en París. Hace unos días encontré en el Bulevard Saint Michel, frente al Luxemburgo, a un artista español, al aguafuertista Castro-Gil, que me invitó a la inauguración de su exposición. “Si quiere usted ver cosas de Cuenca -me dijo- venga a mi exposición”, escribia Rodolfo Llopis en “El Día de Cuenca” del 9 de febrero de 1926.

Casi siguiendo los pasos del lucense Castro Gil llegó a Cuenca por esos años de finales de los veinte del siglo pasado, con su cuaderno de apuntes al natural, el escocés Muirhed Bone, tras su periplo como dibujante de la Guerra Mundial, acompañado de su esposa Gertrude, que haría las veces de escritora para el libro “Old Spain” (Viaje por España). De Cuenca dejó algunos importantes dibujos que, antes de publicarlos en el famoso libro, sirvieron para una exposición en Londres junto a otros apuntes de España.

Sir Muirhead Bone, también conocido como Hueso (nacido en Glasgow el 23 marzo de 1876 y fallecido el 21 octubre de 1953 en Oxford, con 77 años) era un escocés de pura cepa, grabador, punta seca y acuarelista, y tuvo rango de ser uno de los primeros aguafortistas del Siglo XX. Fue conocido por su pintura de temas industriales y arquitectónicos y de su trabajo como artista de guerra tanto en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Promovió el trabajo de muchos artistas jóvenes y sirvió como administrador de la Gallery, la Galería Nacional y el Museo Imperial de la Guerra. Como hemos dicho antes, entre una y otra guerra mundial recaló en España y la de Cuenca fue una de sus mejores etapas, al decir por parte de su esposa Gertrude. Había cambiado los dibujos de soldados y tanques por los paradisíacos parajes de Cuenca.

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