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Martes, 18 de Febrero de 2020

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¿Tiene opciones la 'operación diálogo'?

Un contraste entre la visión en Madrid y Barcelona sobre las salidas al proceso catalán

Soraya Sáenz de Santamaría y Carles Puigdemont, el pasado mes de noviembre /

Más allá de la declaración del juicio por la consulta del 9 de noviembre en Cataluña, en el Gobierno aseguran que seguirán con eso que llaman Operación Diálogo: si no hay acercamiento con la Generalitat, que lo haya al menos con la sociedad catalana. En el PP miran el CIS y concluyen de ahí que la reforma de la Constitución no está entre las prioridades de los españoles, por mucho que la pida la mayoría en el Congreso. Por eso no es extraño escuchar a diputados del PP advirtiendo contra "debates ficticios y estériles". Esa puerta, de momento, no se abre.

En el Palau de la Generalitat, a la Operación Diálogo se la conoce como Operación Maquillaje o, en las últimas horas, como Operación Precinto. No se cree en ella porque, en lo nuclear, que es el referéndum, no hay acercamiento posible. Circulan bromas también sobre el despacho que la vicepresidenta tiene en la delegación del gobierno en Barcelona, en el que solo han entrado Arrimadas, Albiol e Iceta.

Un diputado soberanista en Madrid prefería ser, sin embargo, optimista: "No hay contacto aunque no se ha roto la relación". Dice que en Madrid no son conscientes de "la magnitud" del problema.

Algún independentista incluso sospecha en Barcelona de que tanta alusión al diálogo no sea más que una excusa que el Gobierno del PP pueda esgrimir si algún día tomara medidas más drásticas. Curioso, porque del otro lado intuyen lo mismo, que la mano tendida de Puigdemont sea un intento para cargarse de razones por si alguien mira desde fuera.

El último informe de la Fundación Alternativas concluye que el independentismo ha crecido por tres razones: la gestión del PP, la sentencia del Estatut y la crisis económica. Interpreta este estudio que no está claro que haya una mayoría independentista y por eso señala como cruciales a los ciudadanos que se declaran federalistas, porque decantarían la balanza.

Contaba esta semana un exdirigente del PSC (que hoy reconoce que no sabría qué papeleta coger) que el PSOE debería abrir el camino de la reforma, igual que lideró otras a las que se el PP se oponía pero que el PP, con el tiempo, acabó apoyando. Pero en Madrid recuerdan que el PSOE está en este momento en situación interina.

Lo que sí se ve en la capital son algunos movimientos. Por ejemplo, en el Congreso, conversaciones para crear una comisión dedicada a Cataluña, como promueve En Comú Podem. Sería un gesto, pero mostraría que al menos se buscan salidas políticas, que todavía hay margen. Al tiempo, dirigentes catalanes viajan a Madrid para transmitir la idea de que habrá referéndum sí o sí, pero no concretan de qué manera ni con qué garantías.

Porque, en teoría, la cuenta atrás ya está en marcha. Los comunes piden no poner el calendario como corsé y aseguran que cuando se apueste por la vía unilateral se levantarán de la mesa. Los que tienen más prisa confían en que la ola judicial (con inhabilitaciones que cada vez más gente contempla, empezando por la presidenta del Parlament, Carme Forcadell) ponga muy difícil a Ada Colau y los suyos mirar hacia otro lado.

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