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Jueves, 18 de Julio de 2019

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‘El habla como forma de enriquecimiento cultural’

Cuando fuera de la comarca los niños del Campo de Gibraltar decíamos mebli en vez de canica o liquirbá en vez de regaliz, el resto de compañeros se sorprendía de aquella forma de hablar, que no acertaban a comprender

Firma Antonio Pérez Girón, 'El habla como forma de enriquecimiento cultural'

Cuando fuera de la comarca los niños del Campo de Gibraltar decíamos mebli en vez de canica o liquirbá en vez de regaliz, el resto de compañeros se sorprendía de aquella forma de hablar, que no acertaban a comprender. Era el habla peculiar de una zona especial, marcada por el mestizaje idiomático propio de la frontera. La singularidad de esta situación geográfica, acentuada aún más por la cercanía de África, hacía de la zona un punto cosmopolita, una isla de culturas diferentes que no era habitual en la España de entonces.

El andaluz de esta tierra más meridional se veía enriquecido con las aportaciones del habla proveniente del cruce de los idiomas inglés y del propio de esta parte de la Bética.

El cierre de la frontera, en 1969, produjo en la colonia una situación de rechazo hacia España que llevó a la marginación del español como idioma. El español quedó terminantemente prohibido en las escuelas. Incluso desapareció la prensa escrita en la lengua de Cervantes.

Principalmente se continuó hablando español, o para ser más exacto andaluz, en el ámbito familiar. No hay que olvidar los vínculos familiares existentes entre La Línea y el Peñón.

Restablecidas las relaciones con la apertura de la verja en 1982, aún sin ser un idioma desprestigiado, el español ha seguido siendo el segundo idioma, alejado de los círculos oficiales. Los gibraltareños más radicales encuentran en el rechazo al español un elemento de su identidad, como puede ser la propia existencia de la frontera, levantada por los británicos y tenida en Gibraltar como elemento diferenciador. Sin embargo, la realidad se impone, y el trasiego en ambos sentidos de la denominada verja, hace que el español sea inevitable para un territorio que no puede desgajarse de su vecino inmediato.

En este sentido, el gibraltareño haría bien en reconocer que el mantenimiento del español enriquece su propia cultura, y que en nada perjudica su existencia como pueblo, más aún, la engrandece. El bilingüismo permite ensanchar los niveles de comunicación y es una realidad dentro de la diversidad.

 

 

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